¡Una presidente autista y corrupta tiene a 40 millones de piolas al borde de un ataque de nervios!
¡Y del borde al Borda o al Moyano! Le digo más: se me hace que cuando menos la mitá
no estamos dentro porque no dan los cupos, ¿me entiende? Y entonces, se
nos puede encontrar por la vía pública conversando con el “nadie” que
llevamos al lado, cruzando la calle de manera que sea lo más parecido a
un intento de suicidio, garrándonos a las trompadas por una
nimiedad. Otros apenas si pueden salir, asistidos por un trípode, bastón
o silla de ruedas, de acuerdo al espacio de cerebro dañado a raíz del
ACV del pensamiento. ¡De finados prefiero no hablar; simplemente piense
en los que se llevó la mano criminal, y en los que se fueron solos
cuando “el bobo” les dijo “hasta aquí llegaste”.
¡Y la Señora va!, como solía decir Víctor Hugo Morales cuando Boquita
atacaba. ¡Va y no se detiene, impulsada por su abominable autismo, y su
no menos abominable ansia de guita y de poder!
¡Y se caga en todos nosotros, así no sea necesario el indecoroso acto de “bajarse la chabomba” ante la mirada cómplice y pajerizada de los plateístas de siempre!
Es como le digo, nomás: una presidente autista y corrupta y… ¡no,
perdone, acá en el título la cagué! Seguramente no debí decir “…y 40
millones de piolas al borde de un ataque de nervios”. Pasa que semejante
peste sólo es capaz de alojarse en cerebros y cerebelos pensantes,
racionales, y genuinamente argentinos, y ni por puta semo 40 millones.
Ricardo Jorge Pareja
