lunes, 23 de junio de 2014

Y seguirán muriendo Por José L. Milia

Y seguirán muriendo

junio 23, 2014
Por

Jose Luis MiliaA hoy han muerto en prisión doscientos cuarenta y un argentinos que cumpliendo órdenes combatieron a la subversión. No hablemos de genocidio, porque no lo es. Caer en la tentación de hacerlo sería ponernos a la altura de los idiotas que durante años han repetido la falacia de los 30.000 desaparecidos y hoy saben, pero no reconocen, que ese número solo fue verdad para que los pistoleros que hasta hoy han sustentado con su prepotencia a este régimen de ladrones -los mismos que treinta y ocho años atrás no dudaron en vender a la mayoría de los 8.269 perejiles que murieron en la guerra que sus bandas habían iniciado- cobraran una y otra vez indemnizaciones millonarias.
No es genocidio, no exageremos. Exagerar no es de hombres veraces pero digamos de una vez por todas y repitámoslo cuantas veces sea necesario que lo que hoy sucede en la República -organizado por el gobierno y amañado por esa entelequia que algunos aún llaman justicia argentina- es simplemente la venganza más rastrera que un grupo de cobardes -por acción, pero hay otros, muchos, que son culpables por omisión- pueda haber imaginado jamás y que, por su naturaleza, es variada en su infamia pues esperaron que aquellos que los habían derrotados envejecieran, que quienes “administran” las instituciones que los enviaron al combate se vendieran por miserables canonjías y que  finalmente, para que el ultraje fuera mayor, amañaran la Constitución y las leyes para que, fechoría jurídica mediante, le hicieran creer al pueblo, ese mismo pueblo cobarde que en aquel entonces pedía cadalsos en la principales plazas del país y hoy se come cualquier verdura podrida que le vendan, que ellos si se manejan con la “legalidad”.
A hoy -son las 16:22 horas del 20 de junio de 2014- ya han sido ejecutados doscientos cuarenta y uno de estos condenados a muerte; pero dentro de una hora, un día o unos pocos días…, solo Dios lo sabe, esta cantidad sin duda alguna se seguirá incrementando por las mismas causas de siempre: falta de asistencia médica, excesiva distancia a los centros médicos de alta complejidad y carencia de una contención psicológica para detenidos de esta edad y condición.
Pero también se seguirán repitiendo las condiciones en que mueren. Salvo los pocos que han tenido la suerte de acceder a la prisión domiciliaria -tipo de prisión a la que por ley todo argentino mayor de setenta años tiene derecho- la mayoría ha muerto en la más absurda soledad, con medicamentos retaceados, privados de los alimentos que sus enfermedades requerían o como producto de los accidentes -nunca atendidos- que normalmente aquejan a los hombres mayores de edad.
Para mayor vergüenza de la sociedad, si es que la vergüenza ante la iniquidad fuera una virtud argentina, estos condenados a muerte tienen sus “amos”. Son los jueces que los han procesado y que se comportan con ellos como señores de horca y cuchillo, son los que dan las órdenes que restringen la prisión domiciliaria, los desplazamientos a hospitales, los que por principio dudan de las enfermedades de estos presos y los abandonan a su agonía hasta que la evidencia de la muerte los pone en el brete de justificar lo injustificable.
Estos hombres, que por definición de los carcamales de la Corte Suprema son producto de una política de estado que se ha llevado puesta Constitución y leyes, y que saben que morirán en los penales federales son los Presos Políticos de la Argentina. Presos de la revancha montada por logreros y cobardes, son también quienes -y eso y el orgullo que ello conlleva nadie se los podrá quitar jamás- derrotaron a la subversión marxista que pretendía para la Argentina un destino cubano.
Hoy es 20 de junio, un día como hoy moría Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, Soldado y patriota en condiciones de abandono, pobreza y enfermedad tal como mueren hoy nuestros soldados.
Triste es la Nación que les da este destino a los hijos que le ofrecen su vida.