Las últimas decisiones y apariciones públicas de la presidenta del
país han creado un clima de incertidumbre y aún de zozobra entre los
argentinos. En primer lugar, la Sra. de Kirchner, en sus discursos de
los últimos 30 días, ha dado muestras claras de que padece algún
problema mental, emotivo o espiritual. Su mirada, sus ademanes, sus
extrañas sonrisas, sus evidentes gestos de furia, sus descontroladas
palabras y, sobre todo sus claros actos de venganza personal así lo
indican. Tales signos se repiten sin solución de continuidad.
Cristina deja la impresión de ser victima de ataques de furia,
seguidos sin razón aparente por momentos de euforia. La risa desenfadada
y algo nerviosa, la diatriba y el llanto se mezclan continuamente en
sus actuaciones televisivas.
La serie de estas actitudes, que hoy inquieta a propios y extraños,
comenzó, al menos en forma notoria, durante la visita a Angola, en la
que fue asesorada y “apuntada” por el más extravagante de sus
colaboradores, el Sr. Guillermo Moreno. El secretario de comercio se
hizo acompañar nada menos que por la presidenta de la Nación para
promocionar en el país africano la venta de algunas baratijas, de
cosechadoras inexistentes y de productos “made in La Salada” que, como
todo el mundo sabe, son clandestinos, no pagan impuesto alguno y están
abiertamente al margen de la ley.
La presencia de nuestra presidente en Angola constituye una
imprudencia mayúscula, y denota una enorme falta de criterio para elegir
colaboradores y actividades oficiales en las cuales jugar el prestigio y
la dignidad de la magistratura que ella ejerce en nombre de todos
nosotros. Ese desliz fue grave, sin dudas, pero mucho más preocupante
fue la forma en que la Sra. de Kirchner se comportó en su insólito papel
de promotora de una kermés de barrio. Sus ademanes imitando el vuelo de
las gallinas y sus referencias a “la vaquita violeta”, que usa una
empresa multinacional como logo publicitario, nos hicieron pasar del
asombro al bochorno.
De ahí en más, la presidenta ha sido protagonista de otros “shows”
tanto o más ridículos, hasta culminar con la promoción “marketinera” de
su propia muñequita tipo “Barbie”, fabricada y comercializada por el
Museo de la Casa Rosada, en definitiva por ella misma.
De la risa al llanto
Hasta acá, los hechos cómicos que nos preocupan y nos llenan de
vergüenza ajena. El resto del muestrario de excentricidades
presidenciales no es cómico sino trágico. Me refiero a las brutales e
insensatas medidas que toma la presidenta para vengarse o doblegar a
cualquier argentino que emita una opinión distinta a la suya, o que
demuestre la menor intención de recorrer un camino distinto a los
designios monopólicos del poder que establece la Casa Rosada.
El caso arquetípico de esto último es la conducta de la Sra. Kirchner respecto de la provincia de Buenos Aires.
Es sabido que la llamada “ayuda” del gobierno nacional a las
provincias es, en muchos casos, solo la entrega del dinero que por ley
les corresponde a éstas, y que la arbitrariedad de la presidente les
niega, para luego usarlo como arma de extorsión. Esos fondos los
“regalará” Cristina a los gobernadores sumisos, siempre por cuenta
gotas, como si fuera un favor nacido de la generosidad presidencial y no
su estricta obligación legal.
Lo trágico de esta situación es que la Sra. de Kirchner, en su
obcecación por impedir la candidatura presidencial de Scioli, le niega
fondos que son de los 14 millones de bonaerenses, a quienes condena a
sufrir las consecuencias de sus caprichos monárquicos. De tal forma, sin
tener vela en ese entierro, los maestros y el resto de los empleados
públicos de la provincia “rebelde” deberán cobrar su aguinaldo en
cuotas. Y los argentinos todos presenciaremos una carnicería que nos
preocupa y nos hace temer por el futuro del país.
Y éste es el meollo de la cuestión: el futuro de la Argentina tiene
un pronóstico reservado, porque su presidente bascula entre el autismo
total, el ridículo de Angola, el narcisismo de la muñequita propia, la
diatriba airada contra todos sus opositores y el padecimiento y la
destrucción de los habitantes de provincias gobernadas por “enemigos” de
la Corona. Y si a ello, de por sí preocupante, se le suma la crisis
económica que ya sufrimos y que, con toda seguridad, se profundizara en
el futuro próximo, llegaremos a la conclusión de que nuestra situación
es de final incierto.
La máquina ya está en marcha
Es muy sugestivo que, en su nota del lunes 2 de julio del diario La
Nación, el Sr. Carlos Pagni haya hecho un prolijo recuentro de los
síntomas que presenta la Sra. de Kirchner respecto de su inestabilidad
emotiva y mental. También es notable que otro periodista estrella del
mismo periódico, el Sr. Carlos Reymundo Roberts, el sábado 7 de julio
haya ironizado sobre dichos rasgos de la presidenta.
Para hacer este panorama aún más sugestivo, el mismo periódico, en su
edición del domingo 8-7-12, publica una nota de su editorialista
estable señor Fernando Laborda, en la que se lo hace hablar a un
prestigioso siquiatra sobre la salud mental de Cristina.
En dicha nota, el profesional, refiriéndose a la presidente, afirma que:
Una de las patologías más proclives a la teatralidad es la
histeria… y la tendencia a hacerse la víctima echándole la culpa a los
demás.
(Otros rasgos son) los trastornos narcisistas… un sentimiento
desproporcionado de la propia importancia, la carencia de empatía, la
soberbia, la envidia, la creencia de que se sufre la envidia de los
demás… y la (auto) atribución de grandezas inexistentes”.
Y algo que los hace casi impermeables a la psicoterapia, agrega el articulista: “La incapacidad de aceptar la opinión del médico, derivada de la convicción que les confiere su propia sensación de grandeza.
Finalmente, el siquiatra destaca que
podría diagnosticarse un cuadro más grave, como la bipolaridad.
Sugestivo. Muy sugestivo.
No es aventurado pensar que, en algún momento, alguien puede solicitar efectuarle un examen psiquiátrico a la Sra. de Kirchner.
Los kirchneristas incondicionales, que ven fantasmas y brujas por
todos lados, deberían contemplar esa posibilidad y poner sus barbas en
remojo.
¿Un peronismo sin CGT y sin trabajadores?
Otro caso que habla de algún desequilibrio mental y/o emotivo de la presidenta es su conducta frente a Hugo Moyano.
Dicen que su animadversión hacia el camionero se debe a que lo culpa
de la muerte de su marido. Delante de Cristina, Moyano y Kirchner
habrían mantenido una agria y violenta discusión poco antes del infarto
masivo que le costó vida al ex presidente. Sea cierto o no ese rumor,
el hecho de ninguna manera alcanza para justificar el rencor de la
presidente de la Nación hacia el secretario general de la CGT. Más aún,
tal rencor es una señal alarmante de la confusión mental que tiene
Cristina, que la hace confundir sus pasiones personales, viscerales,
incluso los más bajos instintos de odio, con los intereses del país y de
su pueblo.
Con más razón si se tiene presente que, en su afán de vencer a
Moyano, hace pagar los platos rotos de su furia a un amplio sector de
trabajadores argentinos, a quienes condena a pagar impuesto a las
ganancias cuando apenas ganan para mantener a su familia.
Un presidente popular, nacional y popular, o peronista a secas, jamás
antepone sus fobias y sus filias personales, incluso egoístas,
ciertamente irracionales, al bienestar de su pueblo. No es a Moyano a
quien está perjudicando la señora de Kirchner, sino a los trabajadores
que, le guste o no a ella, defiende y representa legítimamente el jefe
de la CGT en esta pulseada (al margen de su pasado político y sindical
non sancto). Al fin y al cabo, Moyano gana holgadamente más que el
mínimo no imponible… y a él no le hace cosquillas pagar ganancias. A los
trabajadores, sí.
¿Y a dicha aberración se la llama nacional y popular, o peronista?
Eso, insisto, no es popular, ni nacional y popular, ni peronista, ni
siquiera humano y sensato. Es propio de alguien con serios
desequilibrios en su personalidad.
En nombre de Perón y Evita están aplicando un ajuste que, por su
crueldad e inequidad, hace empalidecer al que pretendió imponer Ricardo
Hipólito López Murphy hace 10 años. No por casualidad, aquel gobierno
fue un descabellado engendro del centro izquierda “progre” vernáculo,
con el que pretendieron “superar” y/o reemplazar al peronismo… con
Cavallo y López Murphy como ministros de Economía. El sainete terminó su
alocada carrera con los disturbios de diciembre de 2001.
Carlos “Chacho” Álvarez, vicepresidente e “inventor” de aquel
libresco experimento de laboratorio, es hoy uno de los asesores de
Cristina, y la representa en un cargo burocrático internacional.
No es casual.
