miércoles, 8 de mayo de 2013

LA SALUD DE LA PRESIDENTE

Las últimas decisiones y apariciones públicas de la presidenta del país han creado un clima de incertidumbre y aún de zozobra entre los argentinos. En primer lugar, la Sra. de Kirchner, en sus discursos de los últimos 30 días, ha dado muestras claras de que padece algún problema mental, emotivo o espiritual. Su mirada, sus ademanes, sus extrañas sonrisas, sus evidentes gestos de furia, sus descontroladas palabras y, sobre todo sus claros actos de venganza personal así lo indican. Tales signos se repiten sin solución de continuidad.
Cristina deja la impresión de ser victima de ataques de furia, seguidos sin razón aparente por momentos de euforia. La risa desenfadada y algo nerviosa, la diatriba y el llanto se mezclan continuamente en sus actuaciones televisivas.
La serie  de estas actitudes, que hoy inquieta a propios y extraños, comenzó, al menos en forma notoria, durante la visita a Angola, en la que fue asesorada y “apuntada” por el más extravagante de sus colaboradores, el Sr. Guillermo Moreno. El secretario de comercio se hizo acompañar nada menos que por la presidenta de la Nación para promocionar en el país africano la venta de algunas baratijas, de cosechadoras inexistentes y de productos “made in La Salada” que, como todo el mundo sabe, son clandestinos, no pagan impuesto alguno y están abiertamente al margen de la ley.
La presencia de nuestra presidente en Angola constituye una imprudencia mayúscula, y denota una enorme falta de criterio para elegir colaboradores y actividades oficiales en las cuales jugar el prestigio y la dignidad de la magistratura que ella ejerce en nombre de todos nosotros. Ese desliz fue grave, sin dudas, pero mucho más preocupante fue la forma en que la Sra. de Kirchner se comportó en su insólito papel de promotora de una kermés de barrio. Sus ademanes imitando el vuelo de las gallinas y sus referencias a “la vaquita violeta”, que usa una empresa  multinacional como logo publicitario, nos hicieron pasar del asombro al bochorno.
De ahí en más, la presidenta ha sido protagonista de otros “shows” tanto o más ridículos, hasta culminar con la promoción “marketinera” de su propia muñequita  tipo “Barbie”, fabricada y comercializada por el Museo de la Casa Rosada, en definitiva por ella misma.
 De la risa al llanto
Hasta acá, los hechos cómicos que nos preocupan y nos llenan de vergüenza ajena. El resto del muestrario de excentricidades presidenciales no es cómico sino trágico. Me refiero a las brutales e insensatas medidas que toma la presidenta para vengarse o doblegar a cualquier argentino que emita una opinión distinta a la suya, o que demuestre la menor intención de recorrer un camino distinto a los designios monopólicos del poder que establece la Casa Rosada.
El caso arquetípico de esto último es la conducta de la Sra. Kirchner respecto de la provincia de Buenos Aires.
Es sabido que la llamada “ayuda” del gobierno nacional a las provincias es, en muchos casos, solo la entrega del dinero que por ley les corresponde a éstas, y que la arbitrariedad de la presidente les niega, para luego usarlo como arma de extorsión. Esos fondos los “regalará” Cristina a los gobernadores sumisos, siempre por cuenta gotas, como si fuera un favor nacido de la generosidad presidencial y no su estricta obligación legal.
Lo trágico de esta situación es que la Sra. de Kirchner, en su obcecación por impedir la candidatura presidencial de Scioli, le niega fondos que son de los 14 millones de bonaerenses, a quienes condena a sufrir las consecuencias de sus caprichos monárquicos. De tal forma, sin tener vela en ese entierro, los maestros y el resto de los empleados públicos de la provincia “rebelde” deberán cobrar su aguinaldo en cuotas. Y los argentinos todos presenciaremos una carnicería que nos preocupa y nos hace temer por el futuro del país.
Y éste es el meollo de la cuestión: el futuro de la Argentina tiene un pronóstico reservado, porque su presidente bascula entre el autismo total, el ridículo de Angola, el narcisismo de la muñequita propia, la diatriba airada contra todos sus opositores y el padecimiento y la destrucción de los habitantes de provincias gobernadas por “enemigos” de la Corona. Y si a ello, de por sí preocupante, se le suma la crisis económica que ya sufrimos y que, con toda seguridad, se profundizara en el futuro próximo, llegaremos a la conclusión de que nuestra situación es de final incierto.
 La máquina ya está en marcha
Es muy sugestivo que, en su nota del lunes 2 de julio del diario La Nación, el Sr. Carlos Pagni haya hecho un prolijo recuentro de los síntomas que presenta la Sra. de Kirchner respecto de su inestabilidad emotiva y mental. También es notable que otro periodista estrella del mismo periódico, el Sr. Carlos Reymundo Roberts, el sábado 7 de julio haya ironizado sobre dichos rasgos de la presidenta.
Para hacer este panorama aún más sugestivo, el mismo periódico, en su edición del domingo 8-7-12, publica una nota de su editorialista estable señor Fernando Laborda, en la que se lo hace hablar a un prestigioso siquiatra sobre la salud mental de Cristina.
En dicha nota, el profesional,  refiriéndose a la presidente, afirma que:
Una de las patologías más proclives a la teatralidad es la histeria… y la tendencia a hacerse la víctima echándole la culpa a los demás.
(Otros rasgos son) los trastornos narcisistas… un sentimiento desproporcionado de la propia importancia, la carencia de empatía, la soberbia, la envidia, la creencia de que se sufre la envidia de los demás… y la (auto) atribución de grandezas inexistentes”.
Y algo que los hace casi impermeables a la psicoterapia, agrega el articulista: “La  incapacidad de aceptar la opinión del médico, derivada de la convicción que les confiere su propia sensación de grandeza.
Finalmente, el siquiatra destaca que
podría diagnosticarse un cuadro más grave, como la bipolaridad.
Sugestivo. Muy sugestivo.
No es aventurado pensar que, en algún  momento, alguien puede solicitar efectuarle un examen psiquiátrico a la Sra. de Kirchner.
Los kirchneristas incondicionales, que ven fantasmas y brujas por todos lados, deberían contemplar esa posibilidad y poner sus barbas en remojo.
 ¿Un  peronismo sin CGT y sin trabajadores?
Otro caso que habla de algún desequilibrio mental y/o emotivo de la presidenta es su conducta frente a Hugo Moyano.
Dicen que su animadversión hacia el camionero se debe a que lo culpa de la muerte de su marido. Delante de Cristina, Moyano y Kirchner habrían mantenido una  agria y violenta discusión poco antes del infarto masivo que le costó vida al ex presidente. Sea cierto o no ese rumor, el hecho de ninguna manera alcanza para justificar el rencor de la presidente de la Nación hacia el secretario general de la CGT. Más aún, tal rencor es una señal alarmante de la confusión mental que tiene Cristina, que la hace confundir sus pasiones personales, viscerales, incluso los más bajos instintos de odio, con los intereses del país y de su pueblo.
Con más razón si se tiene presente que, en su afán de vencer a Moyano, hace pagar los platos rotos de su furia a un amplio sector de trabajadores argentinos, a quienes condena a pagar impuesto a las ganancias cuando apenas ganan para mantener a su familia.
Un presidente popular, nacional y popular, o peronista a secas, jamás antepone sus fobias y sus filias personales, incluso egoístas, ciertamente irracionales, al bienestar de su pueblo. No es a Moyano a quien está perjudicando la señora de Kirchner, sino a los trabajadores que, le guste o no a ella, defiende y representa legítimamente el jefe de la CGT en esta pulseada (al margen de su pasado político y sindical non sancto). Al fin y al cabo, Moyano gana holgadamente más que el mínimo no imponible… y a él no le hace cosquillas pagar ganancias. A los trabajadores, sí.
¿Y a dicha aberración se la llama nacional y popular, o peronista?
Eso, insisto, no es popular, ni nacional y popular, ni peronista, ni siquiera humano y sensato. Es propio de alguien con serios desequilibrios en su personalidad.
En nombre de Perón y Evita están aplicando un ajuste que, por su crueldad e inequidad, hace empalidecer al que pretendió imponer Ricardo Hipólito López Murphy hace 10 años. No por casualidad, aquel gobierno fue un descabellado engendro del  centro izquierda “progre” vernáculo, con el que pretendieron  “superar” y/o reemplazar al peronismo… con Cavallo y López Murphy como ministros de Economía. El sainete terminó su alocada carrera con los disturbios de diciembre de 2001.
Carlos “Chacho” Álvarez, vicepresidente e “inventor” de aquel libresco experimento de laboratorio, es hoy uno de los asesores de Cristina, y la representa en un cargo burocrático internacional.
No es casual.