Venimos
de un fin de semana ardiente que descolló en materia mediática. Un par
de días en los que Luis Ventura quiso dar clases de periodismo a los
demás -algo así como que Funés Mori quiera enseñarle a Messi cómo
definir un mano a mano con el arquero- Luis Majul quedó para el sopapeo
y Mónica Gutiérrez hizo que casi nos olvidemos de sus lágrimas de
emoción por Cristina Presidenta.
En el otro extremo de la grilla
televisiva, Lanata mostró una entrevista a Miriam Quiroga, a la que
muchos llaman “la otra viuda”, en un claro gesto de injusticia hacia
Alberto Fernández. Quiroga contó más o menos lo que muchos habíamos
leído por ahí, y otras cosas que dábamos por sentado, pero que siempre
es bueno que nos repitan. Luego de notar que Quiroga no sería ni
arrepentida, ni conocida, ni despechada, si Néstor no hubiera tenido ese
contratiempo con la cipaya madre natura, me pregunté con qué se
despacharía Cristina para hacerse la boluda, hasta que me avisaron que
ya había un acto programado para el día siguiente.
Esta vez la militancia se vio liberada
del compromiso aplaudidor y los muchachos salieron a bancar la calle. La
JP Debita decoró buena parte del conurbano con sus leyendas “No jodan
con la sobrefacturación”, mientras que el coro estable de la corriente
filo camporista “De Fariña a Evita, el Rodete Milita”, practicaba su
pieza “Cristina corazón, acá tené lo’ pibe pa’ cobrar la comisión”. Es
una pintoresca obra, que se suma al repertorio de “Néstor no se murió,
Néstor vive en los fajos que lava Báez en la construcción”. Y así,
mientras Florencia Peña afirmaba en Intrusos que “lo que importa es el
modelo, no los dos o tres casos de corrupción” -como si fueran dos o
tres…como si fueran cometidos por extraterrestres-, Cristina se
preparaba para anunciar un paquete de medidas para el sector agrario.
La arquitecta egipcia, exitosa abogada y
capitana, devino en explicadora profesional agraria, y contó a los
productores que hubo una merma en la cantidad de hectáreras destinadas a
la producción de trigo. De la soja no habló, de los grandes pooles de
siembra, tampoco. Ante un auditorio compuesto por representantes del
sector agrario, a la Presi sólo le faltó mostrar la germinación del
poroto, pero le puso garra y contó en qué consistía el fabuloso sistema
que premiará a los que más producen, o sea, a los de siempre. Para que
no se nos pase, nos hizo la gauchada de nombrar a Cargill y
Grobocopatel, para luego reivindicar en público al hippie pacifista
Guillermo Moreno por haber sido acusado de un montón de las cosas más
terribles de las que pudiera ser acusado alguien. Cosas que, de más está
decir, las vimos todos con nuestros propios ojos.
La Presi también remarcó la presencia de
las grandes productoras que cosechan, producen y exportan, pero que no
son monopólicas, sino meros productos “de los efectos de la
concentración que se dan aquí y en todas partes, debido al capitalismo”.
Genia de la vida. La ídola de la justificación conveniente quiso,
también, llevar tranquilidad al sector respecto de algún que otro
problemita que habría dando vueltas con el tema del dólar. Para calmar
las aguas, y de paso poner paños fríos en las relaciones con nuestros
países limítrofes, dijo que todos ellos mienten, y que ella no piensa
devaluar para no darle el gusto a los que buscan ganar plata especulando
con el tipo cambiario, lo cual marca una notable diferencia con los
gustos personales del difunto expresidente.
Envalentonada al mango, se la agarró con
los que -como ella- aprovecharon las políticas económicas de los últimos
cincuenta años para forrarse en guita, para luego remarcar cómo
mintieron aquellos que decían que después de las elecciones de 2011 se
devaluaría la moneda. Para que no quedaran dudas, remarcó que los
escándalos que vemos hoy en día -no aclaró si se refería a la
liposucción de Victoria Xipolitakis o ese temita del lavado de guita-
son productos del año electoral. Algo así como el dólar blue, que
después de Semana Santa, baja.
A continuación le contó a la audiencia
-evidentemente, compuesta por extranjeros incomunicados y marcianos
recién llegados al planeta- que en 2001 hubo una crisis re fea, que fue
un horror, que Néstor llegó a Presidente a pesar de que nadie daba dos
mangos por él -miren lo que habrá mejorado el asunto que a lo último
daban de a dos kilos-, y que en este país pasaron cosas que nadie puede
explicar, como esos “fondos que llegaron y nadie sabe dónde están”.
Luego de aclarar que no se trataban de los fondos de Santa Cruz, sino
del Blindaje, habló maravillas de lo grosso que era Urquía hace más de
diez años, demostrando que la sobada de lomo al dueño de la Aceitera
General Deheza, no es sólo producto de la década ganada.
