EL DIALOGO DE UNA PAZ QUE TERMINO EN UNA GERRA
PRESIONE "MAS INFORMACION" A SU IZQUIERDA PARA LEER EL ARTICULO
«La Tercera Guerra Mundial está siendo permitida. ¡Cómo correrá la sangre y enrojecerá la tierra! Los llantos de hambre serán escuchados en los cielos. El Vicario de Cristo… Aquellos que buscan signos y maravillas en la falsedad del maligno lo seguirán y volverán la espalda a Dios y a la Vida Eterna. Luego sucederá Mi Triunfo, cuando Dios purifique la Tierra en Su Justicia. Caerá fuego del cielo; muchos caerán en tierra, sus cuerpos serán comidos por los pájaros salvajes -los que no sean consumidos por el fuego. La Iglesia de Dios ha entrado a su purificación, pues la Verdad de Dios está siendo sofocada y negada. Pero Dios dice “¡Ay de aquel que roba de la Verdad!” En Mi Casa estará la Verdad. Será ratificada ante el mundo y toda tribulación, desastre y guerra, nada tocará Mi Casa o esta pequeña isla (Christina entendió que Nuestra Señora se refería a la pequeña isla de Achill) porque la mano de Dios está en ella» (Christina – el 16 de Julio de 2001).
¡Ay de aquel que roba la Verdad!
¡Ay de Francisco que ha usurpado la Verdad de la Silla de Pedro, convirtiéndola en su vómito!
¡Ay
de Francisco que lleva al Rebaño hacia los prados del comunismo y del
protestantismo, para que se alimenten de la mentira, del engaño, de la
falsedad, del error, de la alabanza del mundo!
¡Ay de aquella Jerarquía que lo obedece y lo defiende por encima de la Verdad, que es Cristo!
¡Ay
de aquella Jerarquía que enseña al Rebaño a seguir a un hereje y a
participar de la nueva y falsa iglesia universal, qué él está levantando
en Roma, con un nuevo y falso Cristo, que posee sólo un amor universal,
sin la Verdad, hacia todos los hombres!
La
Iglesia Católica es la Verdad. Y no hay otra Iglesia que posea la
Verdad. Y los hombres pueden quitar el fundamento de la Iglesia, que es
Pedro, pero nunca podrán arrancar la Roca Viva, que es Jesucristo.
Es lo que dice la Palabra de Dios: «y las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella»
(Mt 16, 18). La Iglesia es Cristo. Y Cristo ha vencido a todo el
infierno en la Cruz. Y, en esa derrota del demonio, Cristo levantó Su
Iglesia. Primero había que derrotar al demonio, muriendo como un maldito
en la Cruz. Después, comenzar su Iglesia en Su Sangre y en Su Agua (en
la Gracia y en el Espíritu), que eran derramadas de Su Costado.
Primero,
había que morir: el hombre tiene que desaparecer. Después, había que
abrir el Corazón para inaugurar el Reino de Dios en la tierra.
La
Iglesia es el Corazón abierto de Cristo. Un Corazón divino, traspasado,
que sólo posee el Amor de Dios. Un amor Trinitario: un amor en la
Verdad del Espíritu; un Amor en la Palabra del Hijo; un Amor en la
Voluntad del Padre.
La
Iglesia no es humana, sino divina. Y, por lo tanto, en la Iglesia el
amor humano tiene que ser transformado en amor divino: amor en la
gracia, amor de la gracia. Si los hombres no se dejan guiar por la
Gracia, si no son fieles a la Voluntad de Dios en sus vidas, entonces
están en la Iglesia con sus amores humanos, terrenales, carnales,
materiales,…, que son sólo el fruto de sus ideas humanas, terrenales,
carnales, materiales….
El
hombre piensa, el hombre obra lo que piensa. Y, por tanto, es frecuente
ver en la Iglesia obras humanas, pero no obras divinas, no obras de
Cristo, no obras de la gracia. El hombre, que vive su vida humana, es
porque piensa esa vida desde el hombre, no desde Dios.
La
Iglesia es divina. Y, por lo tanto, todo lo que hay en la Iglesia es
divino. Los Sacramentos son divinos. La oración es divina. El apostolado
es divino. Por eso, cuando los hombres sólo viven para darse culto a
sí mismos, las profanaciones, los sacrilegios, las blasfemias son
constantes en la vida eclesial.
Si
la Iglesia es divina, el hombre está exigido a crucificar todo lo
humano, porque no se puede servir a Cristo con lo humano, con los
pensamientos del hombre, del mundo, con las obras profanas de los
hombres, que son inservibles para dar el culto que Dios se merece.
«La
caridad de Cristo nos constriñe, persuadidos como estamos de que, si
uno murió por todos, para que los que viven no vivan ya para sí mismos,
sino para Aquel que por ellos murió y resucitó» (2 Cor 5, 14).
El hombre no tiene que vivir para su humanidad, para su mente, su
voluntad, sus obras humanas. El hombre no tiene que vivir agradando a
los hombres: no tiene que hablar lo que los demás quieren escuchar, no
tiene que obrar lo que los demás quieren ver. Porque el que está en la
Iglesia vive para Cristo, piensa como Cristo, obra las mismas obras de
Cristo.
La
Iglesia es divina, es un Pensamiento Divino, no es el conjunto de
opiniones de los hombres, no es una maroma de vidas humanas, de obras
sin cuento, de agasajos para la humanidad.
«Que para mí la vida es Cristo, y la muerte, ganancia»
(Flp 1, 21). Si el que está en la Iglesia vive para Cristo, su vida es
Cristo, entonces tiene que oponerse a todos aquellos que, estando en la
Iglesia, su vida es otra cosa diferente a Cristo.
Si
no te opones a Francisco en la Iglesia Católica, entonces tu vida es
Francisco, no es Cristo. Si no te opones a tanta Jerarquía herética y
blasfema como hay en la Iglesia, entonces tu vida es eso que vive esa
Jerarquía, pero no es Cristo.
Es ya público las herejías de Francisco, su cisma en el Vaticano con su gobierno horizontal. «Y vosotros, tan hinchados, ¿no habéis hecho luto para que desapareciera de entre vosotros quien tal hizo?»
(1 Cor 5, 2). ¿Dónde está la Jerarquía que ha hecho penitencia para que
el Señor quite a Francisco de donde está? Nadie se ha movido en la
Jerarquía. Nadie ha visto el pecado de Francisco. A nadie le importa
defender a Cristo en Su Iglesia, sino que todos defienden a un
usurpador.
¿Dónde están los católicos que se opongan a Francisco y le muestren que él se ha equivocado en la Iglesia?
Son
muchos los católicos que claman a Dios por el mal que hay en la Iglesia
y quieren que Dios quite ese mal. Y no han comprendido el Evangelio: «no
os mezcléis con ninguno que, llevando el nombre de hermano, sea
fornicario, avaro, idólatra, maldiciente, borracho o ladrón; con éstos
ni comer; ¿pues qué a mí juzgar a los de fuera? ¿No es a los de dentro a
quienes os toca juzgar? Dios juzgará a los de fuera: vosotros extirpad
el mal de entre vosotros mismos» (1 Cor 5, 11-13).
Los
católicos, ¿están extirpando el mal que hace Francisco en la Iglesia?
No. Al revés, lo están avivando mucho más, por su ignorancia y por su
vida tibia.
Una
muestra de muchas: Los frailes de la diócesis de Boston promovieron la
homosexualidad en el desfile del Orgullo Gay 2014. Seguían el mensaje
que salió de la bocazas de Francisco, “¿Quién soy yo para juzgar?”.
Vendieron camisetas, botones, sombreros, botellas de agua, medallas de
identificación para perros, llaveros, relojes, bolsos, delantales,
calcomanías, los imanes, y stickers para los carros con la frase “Quién soy yo para juzgar”. Y la frase y el crucifijo franciscanos fueron pintados con los colores de la bandera gay.
¿Es esto predicar el Evangelio o darle al hombre lo que quiere en su vida? «Son
éstos fuentes sin agua, nubes empujadas por el huracán, a quienes está
reservado el orco tenebroso. Profiriendo palabras hinchadas de vanidad,
atraen a los deseos carnales a aquellos que apenas se habían apartado de
los que viven en el error, prometiéndoles libertad, cuando ellos son
esclavos de la corrupción, puesto que cada cual es esclavo de quien
triunfó en él» (2 Pe 2, 18-19). A los hombres se les está
ofreciendo la libertad de ser como quieran, de vivir lo que quieran, de
pensar la religión como su mente lo descubre. Y quien ofrece la libertad
al hombre le otorga el camino de condenación segura. Porque todo hombre
es libre para elegir el bien y el mal. No se ofrece una libertad que ya
el hombre tiene. Se ofrece un pensamiento de libertad erróneo, que
lleva a la condenación clara. No hay que predicar que el hombre es
libre. Hay que predicar que el hombre tiene que dejar el camino del
error y de la mentira para que pueda vivir en la verdadera libertad del
Espíritu.
Toda
esta gente está destruyendo la Iglesia, la Verdad, y condena a estas
almas porque no les enseña el error, el pecado, sino que aprueban su
pecado y los dejan viviendo en él como una verdad en sus vidas.
«¿No sabéis que un poco de levadura hace fermentar toda la masa?»
(1 Cor 5, 6). ¿Qué ha hecho Francisco en este año y medio? Fermentar la
masa de los tibios, de los ignorantes, de los herejes, de los
cismáticos, de los pervertidos en la Iglesia. Y, ahora, pululan por
todas partes hombres y mujeres que siguen a Francisco porque les habla
como ellos piensan, les da un gusto en su vida, les habla de la libertad
del pensamiento, dejándolos en la esclavitud del error y del pecado.
El
mal en el mundo es por los pecados de los hombres. Esto es lo que
muchos no ven cuando Francisco hizo esa invocación en el Vaticano en que
se proclamó la guerra. Esa invocación liberó muchos demonios y, por
tanto, los hombres son fieles a lo que creen, obran lo que piensan:
están matando infieles.
Y
un hombre –como Francisco-, que vive en su idealismo kantiano, con la
idea de su diálogo entre los hombres, con la enseñanza de su diabólica
cultura del encuentro, tiene el deber de renunciar a su cargo, en su
nueva iglesia, porque ha quedado como el hombre más loco de todos. Y
esto es lo que muchos no se atreven a decir. Sino que dicen lo
contrario.
Un sacerdote que dice: «Decir
que el Papa es un hombre de profunda fe es casi una obviedad. No podía
ser de otra manera. Pero es que, además, lo demuestra continuamente» (P. Santiago Martín).
Es un sacerdote, a todas luces, ciego para la Verdad. Quien lea los
escritos de Francisco, se dará cuenta que este hombre no tiene ninguna
fe católica. Y, por tanto, alabar a Francisco por su “profunda fe”
es hacer dos pecados: uno: se invita al Rebaño a reconocer la herejía
de Francisco como una verdad, que es necesario obedecer en la Iglesia;
dos: quien alaba a un hereje, se convierte también en hereje.
Y decir: «lo demuestra continuamente»:
es falsificar las obras de la fe verdadera. Si para ir al Cielo hay que
hacer lo que hace Francisco, entonces ninguno se puede salvar, y
estamos en la Iglesia para sólo agradar a los hombres, que esas son las
obras de Francisco.
Estos
dos pecados hacen que esta alma sacerdotal tenga una ceguera en su
mente, con la cual le incapacita para discernir la verdad, y un claro
posicionamiento doctrinal ante Francisco. Y, por lo tanto, su clamor
pasado sobre el cisma que había en la Iglesia es sólo su negocio en la
Iglesia.
Es
lo que hacen muchos sacerdotes, Obispos: hablan de lo mal que está la
Iglesia, pero no dicen nombres. ¿Quién es el culpable? No se sabe.
Todos. Y, como todo anda mal, entonces hagamos nuestra asociación para
defender nuestra verdad: el matrimonio. Hagamos nuestro negocio. Pero
sin decir que Kasper es herético. No, se dice que es un “extraordinario teólogo”,
pero que aquí, en nuestra cuestión sobre el matrimonio, metió la pata.
Y, entonces, se habla de manera general sobre el cisma en la Iglesia,
sobre la Apostasía. Y, claro, como no se dicen nombres, Francisco es un
santo varón y, por tanto ha conseguido «un logro que la ONU, con
sus miles de tentáculos, no ha logrado conseguir, pero que ha sido
posible gracias a este hombre sencillo que ocupa la sede de San Pedro»
(Ibidem). ¿Ven el negocio de este sacerdote? Ya no lucha por la verdad
de la Iglesia, sino por sus verdades. Y, como sabe lo que hay en Roma,
interesa besar el trasero de Francisco. Porque si no lo besa, entonces
se queda sin asociación y sin plato de lentejas.
Así
vive toda la Jerarquía: en la tiniebla del respeto humano, en la falsa
misericordia hacia el prójimo, en la tolerancia con el error y con todos
los pecados, sin mover un dedo para dar luz verdadera al Rebaño, sino
que sólo se dice lo que interesa contar, lo que da negocio, lo que es
popular, lo que ayuda para seguir en esta Iglesia que, como es la casa
de todos, hay que aguantarse callando y viviendo la ilusión de que ya
vendrán mejores tiempos para todos. Y, mientras tanto, hay que seguir
obedeciendo al Papa porque es el Papa.
Y este sacerdote cae en una contradicción: «no se trata de una “oración por la paz”, sino de una “invocación”». Y más abajo dice: «De
hecho, hay una primera parte de auténtica oración, donde uno tras otro
rezan a su respectivo Dios sin que los demás intervengan, pero luego lo
que van a hacer juntos es una “invocación por la paz”. No podía ser más
equilibrado el programa».
Este
sacerdote defiende a su Papa, a Francisco. Pero no defiende la Verdad,
no defiende el primer mandamiento de la ley de Dios, que dice que hay
que dar culto debido a Dios. Y, en esa oración que se hizo, nadie dio
culto debido a Dios. «Todos rezaron a su respectivo Dios».
Como ya no hay un solo Dios, sino muchos, entonces la oración fue
formidable para este sacerdote. Como el Dios de los católicos ya no
existe, entonces esa oración fue majestuosa para este sacerdote. Como
para dar culto al verdadero Dios, donde muchos son ateos o herejes o
cismáticos, se necesita que un hombre de fe dirija esa oración y que,
por lo tanto, los demás callen; entonces, para este sacerdote, lo que se
hizo en esa oración fue extraordinario.
Y
remata diciendo que no era una oración, sino una invocación. Pero,
también hubo una verdadera oración. ¿En qué quedamos sacerdote ciego por
querer estar al lado de un hombre que no tiene ninguna verdad? ¿Hubo o
no hubo oración? Y si la hubo, entonces ¿cuáles fueron las
consecuencias? La guerra que contemplamos, que ha nacido de esa oración.
¿Es
que cree este sacerdote que estrecharse las manos, plantar un olivo,
pedir la paz para todos, iba a conseguir la paz en el mundo? ¿En qué
mundo idílico vive este sacerdote para decir que lo que hizo Francisco
es un logro? Pero, ¿no ve la locura que se ha desatado? Pero, ¿no ve que
clama al cielo tanta soberbia y tanto orgullo de un hombre que ha
perdido el norte de la fe en la Iglesia? ¿No ve, este sacerdote, la
Justicia de Dios en Gaza y en Iraq por el pecado de toda la Jerarquía
que se pliega ante Francisco? Pero, ¿en qué mundo vive este sacerdote?
¿En qué Iglesia está metido? ¿Qué es lo que celebra cada día este
sacerdote en el Altar?
Decir
estas palabras indica la falta de fe en Cristo y en la Iglesia que
posee este sacerdote y que es merecedor de castigo. Porque viendo la
verdad, alaba a un mentiroso.
¿Por
qué siguen buscando los videos de este sacerdote, si no habla claro en
la Iglesia? ¿Por qué viven muchos católicos de lenguajes humanos, que
muchos sacerdotes sólo son capaces de dar, porque no tienen la valentía
de decir las cosas como son?.
¿Por
qué se empeñan en seguir a una Jerarquía que ya no piensa como Cristo,
que ya no realiza las mismas obras de Cristo, y ya les igual lo que
obren en sus ministerios, porque todo está en ser universales y globales
para que el mundo sea un paraíso para todos?. Comiencen la Iglesia
remanente. Y dejen que los lobos destruyan el fundamento de la Iglesia.
Es necesario para que surja el fundamento glorioso: el Gran Papa que
regirá a la Iglesia hacia la Gloria.
