sábado, 9 de agosto de 2014

EL FLASHMOB ES SATANICO: BRASIL UNA PROFANACION



EL FLASHMOB ES SATANICO:
BRASIL UNA PROFANACION
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«Es evidente que muchos pecan gravemente en el baile. No contribuyas, con tu cooperación, a que otros pequen» (P. Jorge Loring).

Los católicos no pueden ser masa, sino personas que imiten a Cristo. Y lo hagan para obrar lo divino, lo santo, en la Iglesia. No se imita a Cristo para hacer obras humanas, profanas, materiales, sociales. Se imita a Cristo para hacer la obra que el Padre quiere siguiendo la Palabra de Su Hijo.

Los católicos ya no son de Cristo porque no creen en la doctrina de Cristo. Sólo creen en sus mentes, en sus ideas, en sus filosofías, en sus teologías, pero nadie cumple con la ley de Dios, nadie cree en el Dios que se Revela a Sí Mismo. Todos creen en lo que ellos entienden de esa Revelación Divina. Y, por tanto, se tiene que dar lo que vemos: algo que ya no tiene vuelta atrás.

Esto es ya irreversible. Lo que pasa en Roma, lo que ha hecho Francisco en el Vaticano. Es un monstruo de maldad que todavía los hombres no saben apreciarlo porque no tienen vida espiritual, no viven de la fe verdadera, sino que se han inventado, cada uno, su fe, su creencia, su forma de dar culto a Dios.

El flashmob es satánico: nace de la idea budista en que todo es mente, es decir, un pensamiento es una cosa y, por tanto, se convierte en un suceso, en una enfermedad, en un premio, en una felicidad, en algo para el hombre, para el mundo.

Todo está en tener pensamientos positivos, bellos, populares, agradables, para encontrar la felicidad en el mundo, para hacer feliz a los demás. Si se tienen pensamientos negativos, entonces la gente te rechaza, te mira mal. Por eso, es necesario ya no hablar del pecado, de la moral, del infierno, de la cruz…porque hay que buscar un bien común, un bien para todos, un bien para hacer un mundo que agrade a todos.

Para esta filosofía, la vida es la encarnación de una creencia, de algo que cada uno tiene en su mente, en su subconsciente. Y, por lo tanto, es necesario manifestar esa creencia y hay que saber manifestarla sin hacer daño al mundo, a los demás.

Todo está en crear un mundo bueno con pensamientos buenos, agradables. Y, por tanto, se trata de manifestar la idea de cada uno en los demás. Y hay que manifestarla de forma que los demás la acepten, no vean en ello nada malo.
Hay que hacer vibrar a los hombres con esa idea. Hay que moverlos hacia esa idea. Porque lo que importa es la idea buena: tengo fe, amo a Dios, amo al prójimo…. Y esto hacerlo que todos lo coreen, todos lo bailen, todos se sientan a gusto con esta idea.

El flashmob es el experimento de idiotización de las masas: cómo hacer que la masa diga las frases que quiero y se muevan a hacer lo que quiero. La idea es lo que importa. La intención sólo la conoce el que promueve ese flashmob. Los demás, como borregos. Y como son cosas que, aparentemente, no son malas, entonces todo el mundo a hacer el idiota.

El flashmob es una superstición, es decir, cuando se realiza con un fin de dar culto a Dios, se convierte en un modo indebido de dar la criatura culto a Dios. Es un pecado hacerlo en una celebración como la de Brasil.

Porque, para adorar a Dios, es suficiente con Su Palabra: no hay que inventarse palabras fijas, repetitivas, nemotécnicas, que sólo señalan el poder de la mente: piensas en algo bueno, dices esa idea y lo tienes al momento. Te sientes con vida, con gozo, con alegría.

El flashmob es llevar este poder mental a la masa, es enfocar la mente de muchos hacia una sola cosa: sentirse bien, agradable, haciendo idioteces.

El pensamiento no es una cosa. La idea que la razón piensa no es un ser en lo exterior, no es algo real en lo exterior. Cuando se obra esa idea, cuando se pone la voluntad para obrar esa idea, cuando la persona la ejecuta, entonces aparece la cosa. Pero la sola idea en la mente no es una cosa, no es algo real externo. Es algo real, pero que permanece en la cabeza del hombre. El hombre no tiene poder en su mente para sacar su idea de la mente y que se refleje en la realidad sin su voluntad. En esta filosofía, se enseña cómo hacerlo. Por supuesto, que esa enseñanza es la propia del demonio.

En este poder mental, ellos piensan que existe una inteligencia que cuida el cuerpo, que cuida la vida. Y, por tanto, esa mente subconsciente, ese poder mental, está trabajando sin cesar para que el hombre busque el bienestar común. Y lo que obstaculiza este trabajo son las ideas, los pensamientos negativos, es tener una vida enferma, débil… Por eso, el trabajo de hombres que ya no viven la fe verdadera, que ya no creen en la Verdad Absoluta, es ir metiendo esta doctrina del demonio en la Iglesia. Y es muy fácil introducirla predicando el comunismo y el protestantismo, que es lo que hace Francisco: dar idea bellas a todo el mundo, para moverlos hacia esa belleza del lenguaje humano. Así trabaja siempre la masonería: imponiendo una idea que agrade a todos, que mueva a todos, que parece inofensiva, pero que trae mucho daño a la vida espiritual.

No hay un solo mandamiento de la ley de Dios que el baile no quebrante. Los rompe todos, pero las almas no saben discernir esto.

Los hombres no tienen que fijarse sólo en lo sensual del baile. La cabeza de San Juan Bautista fue el precio de una danza. La danza no fue sensual o sexual. La danza fue para matar a un hombre, para someter la inteligencia de un gobernante. Hay que mirar el baile de esta manera.

El flashmob de Brasil es para someter a la masa de los católicos a una idea bonita, agradable, pero que iba en contra de la Voluntad de Dios: hay que dar culto debido a Dios para no caer en superstición. Primer mandamiento de la ley de Dios.

Como no se cumplió este primer mandamiento, entonces se peca con el segundo: se nombra el nombre de Dios en vano: no se puede llamar a Dios en un sacrilegio, en un culto indebido. Es una injuria, porque la piedad con Dios exige una reverencia, un respeto hacia Él. Cuando se adora a Dios hay que hacerlo en Espíritu y en Verdad. No se puede traer a Dios por testigo de una oración injuriosa, sin verdad. Cantar, mover los brazos, decir unas frases bonitas eso es una oración injuriosa a Dios.

profanacion33dNo se puede dar honor a Dios, valiéndonos de su nombre para pedir o mandar lo que deseamos se haga, con frases bonitas, con danzas, con movimientos corporales. Si se hace esto, inmediatamente, los demonios poseen a esas personas: están en el juego de sus ideas. Y, por tanto, lo que obra no santifica, sino que condena al alma y al conjunto de los que participan en esa celebración. Se convierte, no sólo en un pecado del alma, sino en un pecado social de muchas almas: un pecado de la Iglesia como Cuerpo Místico, que trae consecuencias a toda la Iglesia. Un castigo divino.

El culto exterior que se da a Dios en esa fiesta no santifica la fiesta: va en contra del tercer mandamiento. La Misa que celebraron no santificó a nadie. No hubo ninguna devoción en esa Misa. Y, por las obras se conocen: Jesús fue administrado en vasos de papel, de cualquier manera. Luego, la gente que estaba allí, estaba no con piedad, ni con devoción, no buscaron lo sagrado, lo santo. Eran católicos tibios y pervertidos que les daba igual lo que se hiciera allí. Hacían todo según la masa, según otros les indicaban.

La Jerarquía de la Iglesia no dio muestras de amor a sus súbditos: no cuidaron sus almas, no les enseñaron cómo comulgar dignamente en esas circunstancias. No administraron la Eucaristía con el respeto, con la santidad, que merece el Señor. Y, por tanto, fallaron en el cuarto mandamiento. Y el rebaño, también falló, porque sólo está obligado a obedecer a la Jerarquía cuando manda lo que es justo, lo que no es pecado. Por tanto, había que negarse a recibir a Jesús de manos de personas no consagradas y con vasos de plástico, en donde estaba Jesús. Y tampoco se podía recibir la Eucaristía de sacerdotes con canastas profanas.

En el baile están todos los pecados y todos los demonios. Allí donde los sacerdotes matan espiritualmente al Señor, al tratarlo de manera sacrílega, se mata a las almas. No se puede asistir a una misa que no sea religiosa, donde haya claramente sacrilegios, profanaciones, supersticiones. Si se va, entonces se falla en el quinto mandamiento: el alma y el cuerpo se expone a un peligro. Y no importa que el peligro para el cuerpo sea remoto. Lo que sufre es el alma en ese lugar. Y es un peligro próximo, inmediato, para el alma, porque pierde la Gracia.

Si un alma no va con devoción a una misa, es claro que se encuentra con facilidad con cosas que ven en contra del sexto y noveno mandamiento. Es claro que la mentira, el engaño, la falsedad, la hipocresía son el caldo de cultivo en esas celebraciones. Y es claro que se roba, no sólo la dignidad de la persona humana, sino su alma. Se utiliza al hombre como experimento de una estupidez: para hacerlo feliz en su vida, en ese rato de falsa oración, junto a un usurpador de Papado.

«Los bailes modernos son peligrosos por sí mismos. Llevan en sí mismos un germen de desorden y un peligro de pecado. La Teología no los puede admitir en principio. La Teología los ha de rechazar y ha de suponer su inmoralidad mientras no se demuestre lo contrario. Los distintos matices que tienen las diversas clases de estos bailes no alteran su naturaleza. Unos serán abiertamente escandalosos. Pero todos son esencialmente peligrosos… Si admitimos que estos bailes modernos son peligrosos por sí mismos, porque encierran ocasión más o menos próxima de pecado, nuestra postura ante ellos ha de ser necesariamente prohibitiva. Y en los casos concretos, se tratará tan sólo de saber si se dan las razones y las circunstancias que la moral exige para que uno pueda ponerse en peligro de pecado…Lo más grave, a mi juicio, es que al baile moderno se le ha dado carta de naturaleza y casi de obligatoriedad en nuestra sociedad que quiere llamarse cristiana… Se impone, por lo tanto, una reacción fuerte contra este criterio erróneo tan común entre católicos. El baile moderno es un mal. Para autorizarlo se habrán de pesar las razones que justifican la permisión de un mal. En principio, una sociedad cristiana, no puede aceptarlo como un medio normal de diversión. La Teología lo condena por el desorden que lleva en sí mismo» (VICENTE ENRIQUE TARANCÓN: Las diversiones a la luz de la Teología, 2, VI. Ed.PYLSA. Mad)


Esta ya no es nuestra Iglesia Católica, sino el invento de los modernistas que fabrican una falsa iglesia a base de marketing. Y no de otra cosa. Porque la fuerza, para ellos, está en la masa, no en el hombre, no en la idea del hombre.

La idea de un hombre no mueve al mundo. Pero la idea de la masa es lo que mueve, lo que tansforma. Y hay que conseguir hombres de masa, que sepan mover a las masa incultas hacia lo que ellos quieren. Que sepan adormecerlas en cosas bonitas para que no se pregunten si eso que hace es agradable a Dios o no. Como todo el mundo lo hace, entonces es una cosa que gusta a Dios. Como la Jerarquía lo hace, entonces es bueno y santo.

Es la trampa de la masa, que reina en el Vaticano. Ya no hay santos en Roma, sino gente masa que experimenta con la masa para que haga obras estúpidas y llenas de sin sentido. Y a eso, después lo llaman arte y demás barbaridades filosóficas y teológicas.