EL FLASHMOB ES SATANICO:
BRASIL UNA PROFANACION
BRASIL UNA PROFANACION
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«Es evidente que muchos pecan gravemente en el baile. No contribuyas, con tu cooperación, a que otros pequen» (P. Jorge Loring).
Los
católicos no pueden ser masa, sino personas que imiten a Cristo. Y lo
hagan para obrar lo divino, lo santo, en la Iglesia. No se imita a
Cristo para hacer obras humanas, profanas, materiales, sociales. Se
imita a Cristo para hacer la obra que el Padre quiere siguiendo la
Palabra de Su Hijo.
Los
católicos ya no son de Cristo porque no creen en la doctrina de Cristo.
Sólo creen en sus mentes, en sus ideas, en sus filosofías, en sus
teologías, pero nadie cumple con la ley de Dios, nadie cree en el Dios
que se Revela a Sí Mismo. Todos creen en lo que ellos entienden de esa
Revelación Divina. Y, por tanto, se tiene que dar lo que vemos: algo que
ya no tiene vuelta atrás.
Esto
es ya irreversible. Lo que pasa en Roma, lo que ha hecho Francisco en
el Vaticano. Es un monstruo de maldad que todavía los hombres no saben
apreciarlo porque no tienen vida espiritual, no viven de la fe
verdadera, sino que se han inventado, cada uno, su fe, su creencia, su
forma de dar culto a Dios.
Todo
está en tener pensamientos positivos, bellos, populares, agradables,
para encontrar la felicidad en el mundo, para hacer feliz a los demás.
Si se tienen pensamientos negativos, entonces la gente te rechaza, te
mira mal. Por eso, es necesario ya no hablar del pecado, de la moral,
del infierno, de la cruz…porque hay que buscar un bien común, un bien
para todos, un bien para hacer un mundo que agrade a todos.
Para
esta filosofía, la vida es la encarnación de una creencia, de algo que
cada uno tiene en su mente, en su subconsciente. Y, por lo tanto, es
necesario manifestar esa creencia y hay que saber manifestarla sin hacer
daño al mundo, a los demás.
Todo
está en crear un mundo bueno con pensamientos buenos, agradables. Y,
por tanto, se trata de manifestar la idea de cada uno en los demás. Y
hay que manifestarla de forma que los demás la acepten, no vean en ello
nada malo.
El
flashmob es el experimento de idiotización de las masas: cómo hacer que
la masa diga las frases que quiero y se muevan a hacer lo que quiero.
La idea es lo que importa. La intención sólo la conoce el que promueve
ese flashmob. Los demás, como borregos. Y como son cosas que,
aparentemente, no son malas, entonces todo el mundo a hacer el idiota.
El
flashmob es una superstición, es decir, cuando se realiza con un fin de
dar culto a Dios, se convierte en un modo indebido de dar la criatura
culto a Dios. Es un pecado hacerlo en una celebración como la de Brasil.
Porque,
para adorar a Dios, es suficiente con Su Palabra: no hay que inventarse
palabras fijas, repetitivas, nemotécnicas, que sólo señalan el poder de
la mente: piensas en algo bueno, dices esa idea y lo tienes al momento.
Te sientes con vida, con gozo, con alegría.
El
flashmob es llevar este poder mental a la masa, es enfocar la mente de
muchos hacia una sola cosa: sentirse bien, agradable, haciendo
idioteces.
El
pensamiento no es una cosa. La idea que la razón piensa no es un ser en
lo exterior, no es algo real en lo exterior. Cuando se obra esa idea,
cuando se pone la voluntad para obrar esa idea, cuando la persona la
ejecuta, entonces aparece la cosa. Pero la sola idea en la mente no es
una cosa, no es algo real externo. Es algo real, pero que permanece en
la cabeza del hombre. El hombre no tiene poder en su mente para sacar su
idea de la mente y que se refleje en la realidad sin su voluntad. En
esta filosofía, se enseña cómo hacerlo. Por supuesto, que esa enseñanza
es la propia del demonio.
En
este poder mental, ellos piensan que existe una inteligencia que cuida
el cuerpo, que cuida la vida. Y, por tanto, esa mente subconsciente, ese
poder mental, está trabajando sin cesar para que el hombre busque el
bienestar común. Y lo que obstaculiza este trabajo son las ideas, los
pensamientos negativos, es tener una vida enferma, débil… Por eso, el
trabajo de hombres que ya no viven la fe verdadera, que ya no creen en
la Verdad Absoluta, es ir metiendo esta doctrina del demonio en la
Iglesia. Y es muy fácil introducirla predicando el comunismo y el
protestantismo, que es lo que hace Francisco: dar idea bellas a todo el
mundo, para moverlos hacia esa belleza del lenguaje humano. Así trabaja
siempre la masonería: imponiendo una idea que agrade a todos, que mueva a
todos, que parece inofensiva, pero que trae mucho daño a la vida
espiritual.
No hay un solo mandamiento de la ley de Dios que el baile no quebrante. Los rompe todos, pero las almas no saben discernir esto.
Los
hombres no tienen que fijarse sólo en lo sensual del baile. La cabeza
de San Juan Bautista fue el precio de una danza. La danza no fue sensual
o sexual. La danza fue para matar a un hombre, para someter la
inteligencia de un gobernante. Hay que mirar el baile de esta manera.
El
flashmob de Brasil es para someter a la masa de los católicos a una
idea bonita, agradable, pero que iba en contra de la Voluntad de Dios:
hay que dar culto debido a Dios para no caer en superstición. Primer
mandamiento de la ley de Dios.
Como
no se cumplió este primer mandamiento, entonces se peca con el segundo:
se nombra el nombre de Dios en vano: no se puede llamar a Dios en un
sacrilegio, en un culto indebido. Es una injuria, porque la piedad con
Dios exige una reverencia, un respeto hacia Él. Cuando se adora a Dios
hay que hacerlo en Espíritu y en Verdad. No se puede traer a Dios por
testigo de una oración injuriosa, sin verdad. Cantar, mover los brazos,
decir unas frases bonitas eso es una oración injuriosa a Dios.
El
culto exterior que se da a Dios en esa fiesta no santifica la fiesta:
va en contra del tercer mandamiento. La Misa que celebraron no santificó
a nadie. No hubo ninguna devoción en esa Misa. Y, por las obras se
conocen: Jesús fue administrado en vasos de papel, de cualquier manera.
Luego, la gente que estaba allí, estaba no con piedad, ni con devoción,
no buscaron lo sagrado, lo santo. Eran católicos tibios y pervertidos
que les daba igual lo que se hiciera allí. Hacían todo según la masa,
según otros les indicaban.
La
Jerarquía de la Iglesia no dio muestras de amor a sus súbditos: no
cuidaron sus almas, no les enseñaron cómo comulgar dignamente en esas
circunstancias. No administraron la Eucaristía con el respeto, con la
santidad, que merece el Señor. Y, por tanto, fallaron en el cuarto
mandamiento. Y el rebaño, también falló, porque sólo está obligado a
obedecer a la Jerarquía cuando manda lo que es justo, lo que no es
pecado. Por tanto, había que negarse a recibir a Jesús de manos de
personas no consagradas y con vasos de plástico, en donde estaba Jesús. Y
tampoco se podía recibir la Eucaristía de sacerdotes con canastas
profanas.
En
el baile están todos los pecados y todos los demonios. Allí donde los
sacerdotes matan espiritualmente al Señor, al tratarlo de manera
sacrílega, se mata a las almas. No se puede asistir a una misa que no
sea religiosa, donde haya claramente sacrilegios, profanaciones,
supersticiones. Si se va, entonces se falla en el quinto mandamiento: el
alma y el cuerpo se expone a un peligro. Y no importa que el peligro
para el cuerpo sea remoto. Lo que sufre es el alma en ese lugar. Y es un
peligro próximo, inmediato, para el alma, porque pierde la Gracia.
Si
un alma no va con devoción a una misa, es claro que se encuentra con
facilidad con cosas que ven en contra del sexto y noveno mandamiento. Es
claro que la mentira, el engaño, la falsedad, la hipocresía son el
caldo de cultivo en esas celebraciones. Y es claro que se roba, no sólo
la dignidad de la persona humana, sino su alma. Se utiliza al hombre
como experimento de una estupidez: para hacerlo feliz en su vida, en ese
rato de falsa oración, junto a un usurpador de Papado.
«Los
bailes modernos son peligrosos por sí mismos. Llevan en sí mismos un
germen de desorden y un peligro de pecado. La Teología no los puede
admitir en principio. La Teología los ha de rechazar y ha de suponer su
inmoralidad mientras no se demuestre lo contrario. Los distintos matices
que tienen las diversas clases de estos bailes no alteran su
naturaleza. Unos serán abiertamente escandalosos. Pero todos son
esencialmente peligrosos… Si admitimos que estos bailes modernos son
peligrosos por sí mismos, porque encierran ocasión más o menos próxima
de pecado, nuestra postura ante ellos ha de ser necesariamente
prohibitiva. Y en los casos concretos, se tratará tan sólo de saber si
se dan las razones y las circunstancias que la moral exige para que uno
pueda ponerse en peligro de pecado…Lo más grave, a mi juicio, es que al
baile moderno se le ha dado carta de naturaleza y casi de obligatoriedad
en nuestra sociedad que quiere llamarse cristiana… Se impone, por lo
tanto, una reacción fuerte contra este criterio erróneo tan común entre
católicos. El baile moderno es un mal. Para autorizarlo se habrán de
pesar las razones que justifican la permisión de un mal. En principio,
una sociedad cristiana, no puede aceptarlo como un medio normal de
diversión. La Teología lo condena por el desorden que lleva en sí mismo» (VICENTE ENRIQUE TARANCÓN: Las diversiones a la luz de la Teología, 2, VI. Ed.PYLSA. Mad)
Esta
ya no es nuestra Iglesia Católica, sino el invento de los modernistas
que fabrican una falsa iglesia a base de marketing. Y no de otra cosa.
Porque la fuerza, para ellos, está en la masa, no en el hombre, no en la
idea del hombre.
La
idea de un hombre no mueve al mundo. Pero la idea de la masa es lo que
mueve, lo que tansforma. Y hay que conseguir hombres de masa, que sepan
mover a las masa incultas hacia lo que ellos quieren. Que sepan
adormecerlas en cosas bonitas para que no se pregunten si eso que hace
es agradable a Dios o no. Como todo el mundo lo hace, entonces es una
cosa que gusta a Dios. Como la Jerarquía lo hace, entonces es bueno y
santo.
Es
la trampa de la masa, que reina en el Vaticano. Ya no hay santos en
Roma, sino gente masa que experimenta con la masa para que haga obras
estúpidas y llenas de sin sentido. Y a eso, después lo llaman arte y
demás barbaridades filosóficas y teológicas.
