La malvinización del default
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Por
fin algo de luz para entender la esquizofrénica política que despliega
el kirchnerismo en conflicto con el juez Griesa y los acreedores de los
bonos que no entraron en el canje (“fondos buitre”, según el “Manual del
Progre Ilustrado”). Hacerse el loco y agraviar al juez Griesa ignorando
los elementales consejos del Viejo Vizcacha, más que a una osada manera
de conseguir resultados, se parece a un revolucionario método de
suicidio político. Lo cierto es que desde que se emitió el fallo según
el cual se debía pagar el 100% de la deuda a los litigantes, Cristina,
arriesgando a la Argentina a ser procesada por desacato, aseguró urbi et
orbi que no pagaría. Luego se retractó y dijo que les pagaría lo que se
le pagó al 93% que entró en el canje. Todo ello, aparentemente,
convencida de que el FMI, el presidente Obama, la OEA, el MERCOSUR, la
Cámara de Apelaciones de Nueva York, la Corte Suprema de Justicia de
EEUU, el grupo de países emergentes y la mar en coche presionarían sobre
Griesa en esos términos y, de paso, evitar el default. Acto seguido y
en consecuencia se abrirían las puertas al crédito internacional de
dinero fresco lo que, a su vez, desactivaría la bomba económica hasta
las elecciones de 2015 y que el próximo gobierno se haga cargo del
muerto. En esa misma dirección se había arreglado (a las apuradas y mal)
la deuda con Club de París y Repsol. Ahora todo eso no sirve de nada.
Un error de apreciación desmoronó y deshizo la operación cual castillo
de naipes. El despiste de suponer que todos los jueces del mundo (los
federales de Kirchnerlandia y los de EEUU) son, más o menos, la misma
gente. Abonando al respecto, el Dr. Eugenio Zaffaroni, juez de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación, dijo: “Griesa parece ser un personaje
omnipotente, cuando en realidad es un juez casi municipal, de trocha muy
angosta. No es un juez federal siquiera”. (Y no hay más remedio que
darle la razón porque un “juez” con todas las letras es aquel que sigue
en su cargo después de alquilar seis de sus propiedades a prostíbulos,
negar hábeas corpus a desaparecidos y ocultar ingresos para evadir
impuestos.) El fracaso, por error de apreciación, del
“plan-impresentable A” contra la sociedad “Griesa-Buitres”
automáticamente gatilló “el plan-engendro B”. Este último, sabedor de
que la bomba le explotará en las manos al kirchnerismo por no conseguir
financiación externa, necesita del default para que sobreviva el
gobierno (el argumento de la cláusula RUFO es una falacia). Sin default,
la responsabilidad kirchnerista en la destrucción económica es muy
evidente. Con default, se gana algo pero “a lo Pirro”, porque la
situación general empeorará significativa y aceleradamente. La
“malvinización” del conflicto es un arma de doble filo si consideramos
que viene seguida de la “desmalvinización”. Además, al respecto, hay que
sumar las contradicciones de los voceros K. Desde “decir que estamos en
default es una pavada atómica” y que “nada va a pasar” hasta “nos
quieren tumbar porque somos viables” o, como a Gaza, los “genocidas”
“nos envían misiles financieros”.
El hipotético éxito de la “malvinización” del default ha generado el
temor de quedar en la vereda del frente de uno que otro opositor
oportunista. Es el caso del “presidenciable” De la Sota, quien,
“abriendo el paraguas”, llamó a Griesa “juez pedorro”. Subestimar los
efectos políticos de un default “malvinizándose” es una pésima opción.
El default del 2001, en algunos casos por rebote e injustamente, dejó
una pila de cadáveres políticos (entre ellos Menem, Cavallo, De la Rúa,
Duhalde y Rodríguez Saá.)
La temida malvinización del conflicto es “un tigre de papel”. No hay
que olvidar que la de Galtieri, que llenó las plazas de todo el país y
que recaudó millonarias sumas en joyas y dinero para la causa, duró dos
meses. Luego, con parecida intensidad a, llegó la “desmalvinización”,
que se lo llevó puesto a él y a toda la dictadura (curiosamente, Raúl
Alfonsín, que no se malvinizó, ganó elecciones). El mismo efecto
devastador debería tener con los gobernadores, jueces, intendentes y
legisladores kirchneristas, dada su manifiesta y suicida voluntad de
acompañar a Cristina no sólo hasta la puerta sino hasta bien adentro del
cementerio.
