¡QUE ASI SEA! Por Nicolás Marquez
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Por Nicolás Márquez
Mintió toda vez que dijo defender los derechos humanos, siendo que pasó
su kilométrica y aburguesada militancia apañando a las FARC, al dictador
Fidel Castro, a Hugo Chávez, cantando loas a los Montoneros
(organización criminal a la que pertenecieron sus hijas) y por supuesto,
fue y es una emblemática simpatizante de la delincuencia kirchnerista,
banda de facinerosos al calor de la cual Estela Carlotto recibió
ingentes honores y desembolsos dinerarios provistos por el Estado. O sea
que todo este tiempo, la legendaria madre de guerrilleros gozó del
dinero compulsivamente sustraído a los demás del erario público para
disfrute de ella y su camarilla, quienes jamás operaron en aras del bien
común sino al servicio de una parcialidad ideológicamente diminuta,
autoritaria y extremista.
Como es sabido, en los últimos tiempos de militancia a favor de los
millonarios malvivientes que comandan la Casa de Gobierno, Estela
Carlotto se prestó vilmente a su obsequio a fin de martirizar o torturar
psicológica y moralmente a los hijos de Ernestina Herrera de Noble
(llevando adelante acusaciones confirmadamente falsas), pero a cambio de
tan precioso concurso, seguramente Carlotto pudo proseguir colocando a
toda su parentela en puestos bien pagos del dispendioso Estado
kirchnerista: puso a su hijo Remo como Diputado Nacional, a su hijo
Guido como Concejal y a su hija Susana como burócrata en el Ministerio
de Justicia. Vivió desde siempre del negocio de los derechos humanos a
los que jamás adscribió y los cuales tampoco supo inculcarles a sus
hijas (Susana y Laura), quienes como fuera dicho, integraron la
ilegalidad montonera en los años 70´ bajo las órdenes del asesino Mario
Firmenich.
Si es cierto que en esta rara ocasión Carlotto no mintió y al fin ella
pudo identificar a su presunto nieto, pues desde estas líneas le
deseamos mucha suerte en esta nueva etapa de su vida, rogándole a Dios
Nuestro Señor que esta venturosa circunstancia le permita superar su
ostensible resentimiento y tenga la grandeza de pedir perdón por los
muertos ocasionados por la organización criminal a la que pertenecieron
sus hijas, y en cuya ilegal militancia murió una de ellas (Laura, la
madre del aparente nieto señalado). En efecto, deseamos enfáticamente
que esta gratificante noticia le permita alcanzar el equilibrio
emocional e ideológico del que careció durante tantos años de prédica
en favor de causas tan desdichadas como las descriptas, y que
constituyen apenas una síntesis de su sórdida trayectoria.
Que así sea.

