miércoles, 15 de octubre de 2014

El confort y el apostolado de la foto – Augusto TorchSon

El confort y el apostolado de la foto – Augusto TorchSon

  Desde el inicio de este blog, que casi coincidió con la renuncia de Benedicto XVI, sostuve las extrañas circunstancias de dicho acto. Posteriormente, documenté las no menos extrañas e irregulares circunstancias en la elección de Jorge Mario Bergoglio. 
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Además de conocer la nefanda trayectoria (que más bien debería ser prontuario) de este oscuro personaje, pude comprobar que todas las atrocidades que había hecho a lo largo de una vida de constantes traiciones a Cristo y contubernio con sus más esenciales enemigos; todo su perverso accionar anterior, no pudo llegar a ser mayor por falta de posibilidades, las cuales hoy tiene por haber llegado a poseer el poder absoluto en esta neoiglesia.
  No sin temor a ser motivo de escándalo, se trató en lo posible de mostrar hechos concretos y abundantemente documentados del accionar bergogliano, no sólo contrarios al Magisterio inmutable de la Iglesia, sino también a las buenas costumbres y hasta el buen gusto. Los mismos, no sólo significaron para mi persona el ser confinado al ostracismo, sino también, motivo de múltiples difamaciones.
  Para quienes crean que escribo desde la comodidad de mi casa (la cual no poseo),  tomando un whisky y fumando un habano mientras escucho el réquiem de Mozart en 5.1; sin ánimo de victimizarme, tengo que decir que más bien estoy en pantuflas, bermudas y una remera estirada de algún concierto al que asistí en mi adolescencia (long time ago). Todo esto, después de mi trabajo subempleado de tres días a la semana en un hotel, el cual tengo que complementar con la enseñanza particular de inglés para tratar de colaborar con el magro sueldo de mi señora.
  En esas circunstancias, y con la ayuda de unos pocos, fieles y valientes amigos y camaradas, tratamos de hacer militancia y apostolado, siempre tratando de transmitir el mensaje sin que se exalte de ninguna manera a los mensajeros. Ellos también en tan adversas o peores circunstancias que las mías. Sin embargo, se nos acusó, y se me acusa de buscar protagonismo, de soberbia, de sectarismo; cuando siempre convocamos a todos quienes dicen ser tradicionalistas y nacionalistas a participar en las actividades que con mucho esfuerzo organizamos. Hasta aquí estoy hablando de quienes dicen compartir nuestras ideas pero sólo están interesados en el apostolado de la foto, ya que a la hora de trabajar, o colaborar económicamente, siempre son las viudas con óbolo las que terminan aportando en ambas especies.
  Y así, dejando de lado los que diariamente nos insultan por no ser progresistas o integristas como ellos (no me refiero a todos, sino a los que específicamente lo hacen); muchos de los que se dicen nacionalistas y tradicionalistas, lo son desde las más cómodas situaciones y en la seguridad y anonimato de un bar o reunión de amigos en sus casas.
  Para los que nos atrevimos a dar la cara, se nos quiere palmear la espalda en la medida que esto no sea una declaración pública de apoyo a nuestra postura, que se nos dice valiente en privado, pero cismática en público. Y muchas veces es gente que materialmente tiene mucho que perder, y así vemos que todos los que hablan constantemente del judaísmo como mal del mundo, sin embargo terminan aceptando su cosmovisión a la hora de sentirse privilegiados por ser “buenos católicos de familias tradicionales” y consideran su bienestar como una recompensa divina por haber recibido esa herencia familiar, en una concepción completamente farisaica y calvinista de la vida. También vemos su incoherencia al escucharlos hablar constantemente en contra de la democracia liberal, pero aceptando y participando de sus reglas de juego, por (supuestamente) no quedar otras posibilidades de acción fuera de la misma. Muchas veces en estos casos, les sería más saludable guardar silencio; el mismo que nos recomiendan constantemente. Pero que en caso de ser imprudentes, cosa que tendremos que corregir, por lo menos nuestra postura pública no difiere en lo más mínimo de la que sostenemos en privado.
  Y hoy sin embargo, a pesar de que las cosas, en toda su oscuridad, están más claras que nunca; cuando el Vaticano  está completamente alineado con el gobierno mundial; cuando la Roma apostata, anunciada por Nuestra Madre Celestial en La Salette, se muestra de forma inequívoca; en estas circunstancias, es cuando más se nos acusa de ser supersticiosos, conspiranoicos, resentidos, ignorantes, y temerarios. Y todo esto, por sostener, como lo sostuvimos desde el principio, que estamos en los tiempos inmediatamente anteriores a la aparición pública del único y personal Anticristo. Y así, los que hablan frecuentemente de neocones, considerándose demasiados instruidos para considerar las revelaciones privadas como ciertas, aunque estas estén en perfecta sintonía con la revelación pública; ahora empiezan a esgrimir intrincadas argumentaciones para tratar de mostrar que la Parusía no sólo es un acontecimiento incierto, sino que probablemente también muy lejano. Y es que, volviendo a la judaización de los católicos sedicentemente tradicionalistas, el inmanentismo farisaico los hace pensar que una situación de extrema persecución, como la que sobrevendrá con la aparición del hombre de  Iniquidad, no puede presentarse en momentos en los que tan bien les está yendo en lo económico, lo social, laboral y hasta en lo político. Y a los que no gozan de los beneficios de una tranquilidad económica, la ilusión de la misma, acercándose a quienes la poseen, les genera el mismo efecto inmovilizante y negacionista de estos tiempos que no deberían generar otra actitud más que levantar nuestras cabezas, pues nuestra liberación está pronta.   
  Y ciertamente no despreciaría de ninguna manera una herencia millonaria de algún familiar desconocido, o un billete de lotería ganador, pero tengo en claro que todos los bienes materiales  son sólo medios, y que el fin está puesto en la salvación eterna, que difícilmente conseguiré, apegándome a los beneficios de una vida burguesa. Tranquilidad que hoy se puede conseguir sin ninguna necesidad de vivir en la opulencia.
  Y el Padre Leonardo Castellani, que creía firmemente en la proximidad de la aparición del Anticristo; mucho se apoyaba en revelaciones privadas como también lo hacía respecto de las públicas. Sin embargo, los que se dicen seguidores de este gran maestro, omiten esa cuestión que hace a la esencia de su prédica, por considerarla inconveniente a su comodidad. Y en ese sentido, el Padre Castellani mencionaba como apariciones dignas de su confianza las de Nuestra Señora en San Sebastián de Garabandal, las mismas que mencionan que después de tres Papas (sin contar uno por su corto pontificado) no iba a haber más Papas y sobrevendría el fin de los tiempos. Las que coinciden con Benedicto XVI como el último de la serie. Mismas apariciones que el mismísimo Padre Pio apoyaba, siendo un santo místico, por lo que sabía de la veracidad de las mismas. De hecho, la misma Virgen le confirmó que se aparecía en ese pueblito español.
  Aunque mucho critiquen a Bergoglio, aunque mucho lamenten la situación actual de la Iglesia; quienes no piensan en dejar de recibir los beneficios que del mundo moderno y democrático les toca, y por ese motivo no tienen puestas sus esperanzas exclusivamente en compartir eternamente el destino de Nuestro Señor, difícilmente estén dispuestos a enfrentar el martirio que se avecina.
  Los Vandeanos en la Revolución Francesa, los Cristeros de México, los españoles en la lucha anticomunista en su país y en Rusia con la gloriosa División Azul, habían abandonado la comodidad para poder enfrentar adecuadamente al enemigo que tenían enfrente. Y para tener la correcta perspectiva de lo que está en juego, es necesaria una radical visión trascendente de la vida, que nos lleve a dejar todo por Cristo.
  Por ese motivo, ante la corrupción generalizada de la niñez, la inmoralidad abominable propuesta como libertad por las naciones del mundo moderno y el ataque sistemático, contra la Única y Verdadera Iglesia de Dios, que hoy no sólo proviene desde afuera sino desde el corazón de la misma y por quien a los ojos del mundo es su cabeza visible; para poder dar el buen combate por la fe, tenemos que tener cabal consciencia de los tiempos que nos tocan. Y es tal vez nuestro peor enemigo el confort, el mismo que proponía el demonio Escrutopo del libro de Lewis como la mejor herramienta para conducir en forma lenta pero segura a las almas al infierno.
  Poco necesitamos saber para salvarnos, pero implica un inmenso compromiso y esfuerzo. Si seguimos contemporizando con el  afán de no quedarnos fuera del sistema, difícilmente podremos conseguir lo único que importa.

Augusto

No hay ciencia más acabada
 que el hombre bien acabe.
Porque al final de la jornada,
el que se salva sabe
y el que no, no sabe nada.

Nacionalismo Católico San Juan Bautista