El confort y el apostolado de la foto – Augusto TorchSon
Desde el inicio de este blog, que casi
coincidió con la renuncia de Benedicto XVI, sostuve las extrañas circunstancias
de dicho acto. Posteriormente, documenté las no menos extrañas e irregulares
circunstancias en la elección de Jorge Mario Bergoglio.
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Además de conocer la nefanda trayectoria (que más bien debería ser prontuario) de este oscuro personaje, pude comprobar que todas las atrocidades que había hecho a lo largo de una vida de constantes traiciones a Cristo y contubernio con sus más esenciales enemigos; todo su perverso accionar anterior, no pudo llegar a ser mayor por falta de posibilidades, las cuales hoy tiene por haber llegado a poseer el poder absoluto en esta neoiglesia.
No sin temor a ser motivo de escándalo, se trató en lo posible de
mostrar hechos concretos y abundantemente documentados del accionar
bergogliano, no sólo
contrarios al Magisterio inmutable de la Iglesia, sino también a las
buenas
costumbres y hasta el buen gusto. Los mismos, no sólo significaron para
mi
persona el ser confinado al ostracismo, sino también, motivo de
múltiples
difamaciones.
Para quienes crean que escribo desde la
comodidad de mi casa (la cual no poseo), tomando un whisky y fumando un habano
mientras escucho el réquiem de Mozart en 5.1; sin ánimo de victimizarme, tengo
que decir que más bien estoy en pantuflas, bermudas y una remera estirada de
algún concierto al que asistí en mi adolescencia (long time ago). Todo
esto, después de mi trabajo subempleado de tres días a la semana en un hotel, el
cual tengo que complementar con la enseñanza particular de inglés para tratar
de colaborar con el magro sueldo de mi señora.
En esas circunstancias, y con la ayuda de
unos pocos, fieles y valientes amigos y camaradas, tratamos de hacer militancia
y apostolado, siempre tratando de transmitir el mensaje sin que se exalte de
ninguna manera a los mensajeros. Ellos también en tan adversas o peores
circunstancias que las mías. Sin embargo, se nos acusó, y se me acusa de buscar
protagonismo, de soberbia, de sectarismo; cuando siempre convocamos a todos
quienes dicen ser tradicionalistas y nacionalistas a participar en las
actividades que con mucho esfuerzo organizamos. Hasta aquí estoy hablando de
quienes dicen compartir nuestras ideas pero sólo están interesados en el
apostolado de la foto, ya que a la hora de trabajar, o colaborar
económicamente, siempre son las viudas con óbolo las que terminan aportando en
ambas especies.
Y así, dejando de lado los que diariamente nos
insultan por no ser progresistas o integristas como ellos (no me refiero a
todos, sino a los que específicamente lo hacen); muchos de los que se dicen
nacionalistas y tradicionalistas, lo son desde las más cómodas situaciones y en
la seguridad y anonimato de un bar o reunión de amigos en sus casas.
Para los que nos atrevimos a dar la cara, se
nos quiere palmear la espalda en la medida que esto no sea una declaración
pública de apoyo a nuestra postura, que se nos dice valiente en privado, pero cismática en público. Y muchas veces es gente que
materialmente tiene mucho que perder, y así vemos que todos los que hablan
constantemente del judaísmo como mal del mundo, sin embargo terminan aceptando
su cosmovisión a la hora de sentirse privilegiados por ser “buenos católicos de
familias tradicionales” y consideran su bienestar como una recompensa divina
por haber recibido esa herencia familiar, en una concepción completamente farisaica
y calvinista de la vida. También vemos su incoherencia al escucharlos hablar
constantemente en contra de la democracia liberal, pero aceptando y
participando de sus reglas de juego, por (supuestamente) no quedar otras
posibilidades de acción fuera de la misma. Muchas veces en estos casos, les
sería más saludable guardar silencio; el mismo que nos recomiendan
constantemente. Pero que en caso de ser imprudentes, cosa que tendremos que
corregir, por lo menos nuestra postura pública no difiere en lo más mínimo de
la que sostenemos en privado.
Y hoy sin embargo, a pesar de que las cosas,
en toda su oscuridad, están más claras que nunca; cuando el Vaticano está completamente alineado con el gobierno
mundial; cuando la Roma apostata, anunciada por Nuestra Madre Celestial en La
Salette, se muestra de forma inequívoca; en estas circunstancias, es cuando más
se nos acusa de ser supersticiosos, conspiranoicos, resentidos, ignorantes, y
temerarios. Y todo esto, por sostener, como lo sostuvimos desde el principio,
que estamos en los tiempos inmediatamente anteriores a la aparición pública del
único y personal Anticristo. Y así, los que hablan frecuentemente de neocones, considerándose
demasiados instruidos para considerar las revelaciones privadas como ciertas,
aunque estas estén en perfecta sintonía con la revelación pública; ahora
empiezan a esgrimir intrincadas argumentaciones para tratar de mostrar que la
Parusía no sólo es un acontecimiento incierto, sino que probablemente también
muy lejano. Y es que, volviendo a la judaización de los católicos
sedicentemente tradicionalistas, el inmanentismo farisaico los hace pensar que
una situación de extrema persecución, como la que sobrevendrá con la aparición del
hombre de Iniquidad, no puede presentarse en momentos en los que tan bien
les está yendo en lo económico, lo social, laboral y hasta en lo político. Y a
los que no gozan de los beneficios de una tranquilidad económica, la ilusión de
la misma, acercándose a quienes la poseen, les genera el mismo efecto
inmovilizante y negacionista de estos tiempos que no deberían generar otra
actitud más que levantar nuestras cabezas, pues nuestra liberación está pronta.
Y ciertamente no despreciaría de ninguna
manera una herencia millonaria de algún familiar desconocido, o un billete de
lotería ganador, pero tengo en claro que todos los bienes materiales son sólo medios, y que el fin está puesto en
la salvación eterna, que difícilmente conseguiré, apegándome a los beneficios
de una vida burguesa. Tranquilidad que hoy se puede conseguir sin ninguna
necesidad de vivir en la opulencia.
Y el Padre Leonardo Castellani, que creía
firmemente en la proximidad de la aparición del Anticristo; mucho se apoyaba en
revelaciones privadas como también lo hacía respecto de las públicas. Sin
embargo, los que se dicen seguidores de este gran maestro, omiten esa cuestión
que hace a la esencia de su prédica, por considerarla inconveniente a su
comodidad. Y en ese sentido, el Padre Castellani mencionaba como apariciones
dignas de su confianza las de Nuestra Señora en San Sebastián de Garabandal,
las mismas que mencionan que después de tres Papas (sin contar uno por su corto
pontificado) no iba a haber más Papas y sobrevendría el fin de los tiempos. Las que
coinciden con Benedicto XVI como el último de la serie. Mismas apariciones que
el mismísimo Padre Pio apoyaba, siendo un santo místico, por lo que sabía de la
veracidad de las mismas. De hecho, la misma Virgen le confirmó que se aparecía
en ese pueblito español.
Aunque mucho critiquen a Bergoglio, aunque
mucho lamenten la situación actual de la Iglesia; quienes no piensan en dejar
de recibir los beneficios que del mundo moderno y democrático les toca, y por
ese motivo no tienen puestas sus esperanzas exclusivamente en compartir
eternamente el destino de Nuestro Señor, difícilmente estén dispuestos a
enfrentar el martirio que se avecina.
Los Vandeanos en la Revolución Francesa, los
Cristeros de México, los españoles en la lucha anticomunista en su país y en
Rusia con la gloriosa División Azul, habían abandonado la comodidad para poder
enfrentar adecuadamente al enemigo que tenían enfrente. Y para tener la
correcta perspectiva de lo que está en juego, es necesaria una radical visión
trascendente de la vida, que nos lleve a dejar todo por Cristo.
Por ese motivo, ante la corrupción
generalizada de la niñez, la inmoralidad abominable propuesta como libertad por
las naciones del mundo moderno y el ataque sistemático, contra la Única y
Verdadera Iglesia de Dios, que hoy no sólo proviene desde afuera sino desde el
corazón de la misma y por quien a los ojos del mundo es su cabeza visible; para
poder dar el buen combate por la fe, tenemos que tener cabal consciencia de los
tiempos que nos tocan. Y es tal vez nuestro peor enemigo el confort, el mismo
que proponía el demonio Escrutopo del libro de Lewis como la mejor herramienta
para conducir en forma lenta pero segura a las almas al infierno.
Poco necesitamos saber para salvarnos, pero
implica un inmenso compromiso y esfuerzo. Si seguimos contemporizando con
el afán de no quedarnos fuera del
sistema, difícilmente podremos conseguir lo único que importa.
Augusto
No hay ciencia más acabada
que el hombre bien
acabe.
Porque al final de la jornada,
el que se salva sabe
y el que no, no sabe nada.
Nacionalismo Católico San Juan Bautista

