El Sínodo pinta mal
Bloqueo de prensa desde el principio
El grupo de tareas Kasper avanza
El 3 del corriente, los periodistas acreditados ante la Sala de Prensa
del Vaticano se sorprendieron al saber que las ponencias de los padres
sinodales no iban a ser publicadas íntegramente, como era costumbre.
Sólo se conocería un resumen diario, el que no especificaría quién dijo
qué cosa.
La razón de tal medida quizá sea el marcado
enfrentamiento que, probablemente, vaya a acontecer entre los "tradis" y
"proges". O puede deberse al ansia de filtrar lo que se dará a conocer,
de manera que sólo trasciendan las posturas favorables a determinadas
posiciones, que luego serán amplificadas por los medios para extraer
conclusiones contrarias a la doctrina católica. O..., etc.
El periodista Andrés Beltramo da una posible razón en un tuit que copiamos:
Polémica en la sala de prensa del Vaticano porque no quieren dar a los periodistas los textos de los discursos de los padres sinodales
Por lo que se va conociendo, parece que los "kasperianos" llevan la batuta. He aquí algunas perlitas:
En diversas intervenciones se ha abordado la necesidad de adaptar el
lenguaje de la Iglesia para que la doctrina acerca de la familia, la
vida y la sexualidad se entienda correctamente. O
sea que hasta ahora la Iglesia se comunica en un lenguaje que nadie
entiende correctamente, ¡y eso luego de 50 años de aggionamiento y
mundanización! Menos mal que se dieron cuenta a tiempo.
El reto, se ha dicho, es pasar de una situación defensiva a una propositiva y activa, relanzando el patrimonio de la fe con un lenguaje nuevo...
El ser humano aspira a la felicidad y el cristiano sabe que la felicidad es Cristo, pero ya no encuentra el lenguaje adecuado
para decírselo al mundo. La Iglesia, sin embargo, debe ser
''magnética'', trabajar por “atracción”, con una actitud de amistad
hacia el mundo. Más de lo mismo pero:
Pero atenti, porque el cambio que piden hacer en el lenguaje, para que
se entienda correctamente, no es cualquiera; tienen sus reglas muy
precisas y las hemos sabido por algún espía:
Hablando sobre el resumen de prensa del Sínodo de la Familia, el portavoz de ese organismo para la lengua Inglesa, Padre Thomas Rosica, ha dicho que hubo muchísima discusión acerca del lenguaje en las deliberaciones.¿Qué se puede contestar a éste mensaje que sale de la boca de un Obispo, quizá un cardenal? Sólo se nos ocurre el contundente mensaje del Señor: ¡Sí, sí, no, no! Y sigue el resumen de esta Segunda Congregación: Hay que entablar un diálogo con el mundo, siguiendo el ejemplo del Concilio Vaticano II, es decir con una apertura crítica pero sincera. Porque si la Iglesia no escucha al mundo, el mundo no escuchará a la Iglesia. Por supuesto, antes del famoso Concilio la Iglesia estaba encerrada en un armario y no "dialogaba" con el mundo; pero el número de conversiones, el número de hijos por familia y el número de seminaristas iba en aumento. Es decir, el mundo que la iglesia no atendía, por estar encerrada, se iba cristianizando. Además: ¡No hace acaso 50 años que estamos hablando con el mundo, con las piernas... perdón, con la mente muy abierta para escuchar y consentir sus obcenidades? ¿Qué más quieren hacernos abrir? Ahh cierto, no usamos el lenguaje adecuado hasta ahora...
Al explicar la que para él ha sido una de las intervenciones más destacadas del día, el padre Rosica señaló que, de acuerdo al expositor (que por la política de prensa tomada no sabemos quién fue), "frases como -vivir en pecado-, -intrínsecamente desordenado-, o "mentalidad contraceptiva", no son palabras que inviten necesariamente a la gente a aproximarse a Cristo y a la Iglesia. Hay un gran deseo de que nuestro lenguaje cambie para satisfacer situaciones concretas. Muchos ya ven al Matrimonio como algo que hay que eliminar del duro lenguaje de la Iglesia. ¿Cómo podemos hacer que nuestro lenguaje sea atractivo, cariñoso, y acogedor? No estamos hablando de reglas y leyes; hablamos de una Persona, Jesús, la fuente de nuestra fe, el conductor de la Iglesia; Él nos invita a penetrar en el misterio".
Y el diálogo puede basarse en cuestiones importantes, como la igual dignidad de hombres y mujeres y el rechazo de la violencia. ¡Vaya!
¿No habrá nada menos trillado para hablar? Y ¿no habrá en el Sínodo
alguien que no cometa la mariconería de utilizar el lenguaje de género
(hombres y mujeres) en su discurso?
El matrimonio es y sigue siendo un sacramento indisoluble; sin
embargo, ya que la verdad es Cristo, una Persona, y no un conjunto de
reglas, es importante mantener los principios, no obstante cambien las
formas concretas de su actuación. En resumen, como decía Benedicto XVI:
novedad en la continuidad: el Sínodo no cuestiona la doctrina, pero
reflexiona sobre la pastoral, es decir sobre el discernimiento
espiritual para la aplicación de la misma para enfrentar los retos de la
familia contemporánea. En este sentido, la misericordia no elimina los
mandamientos, sino que es su clave hermenéutica.
Cristo es una Persona, divina en este caso, y Él mismo ha llevado a la plenitud las leyes del Antiguo Testamento. Es por lo tanto falaz contraponer la Persona del Señor a las "reglas" que ha confirmado con su divina autoridad; entre las cuales no puede haber contradicción alguna, como no sea en la mente calenturienta de los que se aprestan a demoler la moral católica. Como tampoco puede haber contradicción entre la doctrina y la práctica que de ella se deriva. Si, Dios no lo permita, de esa "reflexión sobre la pastoral", saliera la posibilidad de dar la Sagrada Comunión al que vive en pecado, la pastoral habrá quebrado la doctrina sin que nadie pueda negarlo.
Por otra parte, se ha observado que incluso las situaciones imperfectas deben tratarse con respeto, por ejemplo, las uniones de hecho en que se convive con lealtad y amor, presentan elementos de santificación y de verdad. Lo esencial es, por tanto, considerar ante todo los elementos positivos, para que el Sínodo infunda valor y esperanza también a las formas imperfectas de familia, que pueden ser valoradas según el principio de gradualidad . Hay que amar realmente a las familias necesitadas.
Bueno, aquí cae la careta: el expositor dice sin miramientos que hay santificación y verdad en una unión basada en el pecado mortal. Es decir en la rebelión del hombre contra Dios, puesto que conscientemente decide rechazar sus leyes. ¡Y aconseja al Sínodo infundir valor a estas formas pecaminosas de vida! ¡Qué más se puede decir!
Hay algo muy curioso en la parte final de este resumen; curioso y que podría mover a risa:
También se ha abordado la cuestión del valor esencial de la sexualidad dentro del matrimonio. Efectivamente, se habla tanto, críticamente, de la sexualidad fuera del matrimonio que la sexualidad conyugal parece casi la concesión a una imperfección.
Pero, desafortunado escritor, ¿te atreves a sugerir que la Iglesia, pues quien otro puede hablar en estos días aconsejando la castidad fuera del matrimonio, con su prédica "represora" acerca del sexo, ha logrado que la unión carnal de los esposos sea vista como una imperfección? Deberías leer las Sagradas Escrituras, por ejemplo el libro del Cantar de los Cantares, así te desasnas un poco.
En un diario se puede leer las palabras que dijo éste expositor antes de la frase que comentamos, y que no están en el informe:
En su discurso ante el pleno, uno de los obispos reconoció que los católicos se han enfocado de manera excesiva "en el justo rechazo del matrimonio homosexual", pero han descuidado transmitir el valor de la sexualidad en el matrimonio. ¡De manera excesiva? No en Santiago del Estero, al menos.
Cristo es una Persona, divina en este caso, y Él mismo ha llevado a la plenitud las leyes del Antiguo Testamento. Es por lo tanto falaz contraponer la Persona del Señor a las "reglas" que ha confirmado con su divina autoridad; entre las cuales no puede haber contradicción alguna, como no sea en la mente calenturienta de los que se aprestan a demoler la moral católica. Como tampoco puede haber contradicción entre la doctrina y la práctica que de ella se deriva. Si, Dios no lo permita, de esa "reflexión sobre la pastoral", saliera la posibilidad de dar la Sagrada Comunión al que vive en pecado, la pastoral habrá quebrado la doctrina sin que nadie pueda negarlo.
Por otra parte, se ha observado que incluso las situaciones imperfectas deben tratarse con respeto, por ejemplo, las uniones de hecho en que se convive con lealtad y amor, presentan elementos de santificación y de verdad. Lo esencial es, por tanto, considerar ante todo los elementos positivos, para que el Sínodo infunda valor y esperanza también a las formas imperfectas de familia, que pueden ser valoradas según el principio de gradualidad . Hay que amar realmente a las familias necesitadas.
Bueno, aquí cae la careta: el expositor dice sin miramientos que hay santificación y verdad en una unión basada en el pecado mortal. Es decir en la rebelión del hombre contra Dios, puesto que conscientemente decide rechazar sus leyes. ¡Y aconseja al Sínodo infundir valor a estas formas pecaminosas de vida! ¡Qué más se puede decir!
Hay algo muy curioso en la parte final de este resumen; curioso y que podría mover a risa:
También se ha abordado la cuestión del valor esencial de la sexualidad dentro del matrimonio. Efectivamente, se habla tanto, críticamente, de la sexualidad fuera del matrimonio que la sexualidad conyugal parece casi la concesión a una imperfección.
Pero, desafortunado escritor, ¿te atreves a sugerir que la Iglesia, pues quien otro puede hablar en estos días aconsejando la castidad fuera del matrimonio, con su prédica "represora" acerca del sexo, ha logrado que la unión carnal de los esposos sea vista como una imperfección? Deberías leer las Sagradas Escrituras, por ejemplo el libro del Cantar de los Cantares, así te desasnas un poco.
En un diario se puede leer las palabras que dijo éste expositor antes de la frase que comentamos, y que no están en el informe:
En su discurso ante el pleno, uno de los obispos reconoció que los católicos se han enfocado de manera excesiva "en el justo rechazo del matrimonio homosexual", pero han descuidado transmitir el valor de la sexualidad en el matrimonio. ¡De manera excesiva? No en Santiago del Estero, al menos.


