Francisco, más Judas B que nunca
El Sínodo de Bergoglio traiciona a la Iglesia
El lobby gay se apoderó de la pluma
Mons. Fellay acertó 100 %
Mons. Fellay acertó 100 %
Hoy se ha conocido la Relatio post disceptationem redactado por el Cardenal Erdó, Relator General del Sínodo, y que resume las posiciones expresadas por los padres durante su primera semana de reuniones.PRESIONE "MAS INFORMACION" A SU IZQUIERDA PARA LEER EL ARTICULO
Pues bien, las frases que aparecen en este documento sinodal, le dan la razón hoy más que nunca al Artillero de ese Blog: son una traición a la doctrina católica que viene a confirmarnos cuánto éxito tiene el Enemigo en el proceso, "gradual" valga la redundancia, de instalación de la abominación desoladora en el templo santo.
Cómo pueden comprenderse, si así no fuera, que en un documento oficial de la Iglesia se diga por ejemplo:
A coger a los homosexuales
(50) Las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana (Falso. sus dones provienen de ser hombres, no homosexuales): ¿estamos en grado de recibir a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades? A menudo desean encontrar una Iglesia que sea casa acogedora para ellos. ¿Nuestras comunidades están en grado de serlo, aceptando y evaluando su orientación sexual, sin comprometer la doctrina católica sobre la familia y el matrimonio?
(51) ... La Iglesia, por otra parte, afirma que las uniones entre personas del mismo sexo no pueden ser equiparadas al matrimonio entre un hombre y una mujer (La Iglesia no sólo no equipara sino que condena durísimamente a la sodomía como pecado que clama al cielo).
(52). Sin negar las problemáticas morales relacionadas con las uniones homosexuales, se toma en consideración que hay casos en que el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas.
Con esto basta para saber de qué se trata, por eso dejamos de lado las alabanzas a las uniones fornicarias e incluso adulterinas que tienen el documento; dentro de las cuales siempre podemos encontrar elementos de santidad o cosa similar. Invitando a nuestros lectores a leerlas por sí mismos y con la intención de publicar, si fuera posible, un análisis más detallado.
Relatio Post disceptationem
Parece que el Lobby gay que rodea la Silla de Pedro tiene la pluma en sus manos. Y como no bastaban con los que están allá, han tenido que importar algunos de estas tierras.
Lo que van a hacer estas directivas impuestas por Francis y sus seides, es llenar las parroquias de adúlteros y homosexuales; que vendrán a pedir que los aceptemos como manda la nueva pastoral de la Iglesia. ¡Qué los aceptemos como están, con su noviete y todo!
Si esto progresa, porque nadie es capaz de resistir, no lloremos al verlos pasar de mano a leer las lecturas bíblicas; o cuando les expliquen el catecismo a nuestros hijos; o cuando los fornicarios o adúlteros les enseñen las virtudes del amor en los cursos prematrimoniales.
Cerrando esta breve entrada comentamos, en primer lugar, que llegan noticias indicando que el presidente de la Conferencia Episcopal Polaca, ha dicho que "este documento del Sínodo no es aceptable para muchos obispos". Sobre lo cual ampliaremos en breve.
Por otro lado, el Sínodo le da la razón a Mons. Bernard Fellay, quien, como ya publicáramos, dijo que el problema de fondo no es esta reunión sino el Concilio, pues si éste estableció que fuera de la Iglesia existen elementos de santidad, ¿por qué no se va a decir que fuera del sacramento hay elementos del matrimonio cristiano?
Bueno, el documento que nos asombra lo dice con pelos y señales y confirma la poderosa capacidad de razonamiento lógico de Fellay, como buen francés que es:
El discernimiento de los valores presentes en las familias heridas y en las situaciones irregulares
17. En consideración del principio de gradualidad en el plan salvífico divino, nos preguntamos ¿Qué posibilidades tienen los cónyuges que viven el fracaso de su matrimonio? o ¿Cómo es posible ofrecerles a ellos la ayuda de Cristo por medio del ministerio de la Iglesia? A este propósito, una significativa clave hermenéutica proviene de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, el cual, mientras afirma que «la única Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica», también reconoce que «fuera de su organismo se encuentran diversos elementos de santificación y de verdad, que, perteneciendo propiamente por don de Dios a la Iglesia de Cristo, impulsan hacia la unidad católica» (Lumen Gentium, 8).
18. Bajo esta luz, son sobre todo reafirmados los valores y la consistencia propia del matrimonio natural. Algunos se preguntan si es posible que la plenitud sacramental del matrimonio no excluya la posibilidad de reconocer elementos positivos también en las formas imperfectas que se encuentran fuera de tal realidad nupcial, a ella de todos modos ordenada. La doctrina de los grados de comunión, formulada por el Concilio Vaticano II, confirma la visión de un modo articulado de participar en el Mysterium Ecclesiae por parte de los bautizados.
19. En la misma perspectiva, que podríamos llamar inclusiva, el Concilio también abre el horizonte en el cual se aprecian los elementos positivos presentes en las otras religiones (cf. Nostra Aetate, 2) y culturas, no obstante sus límites y sus insuficiencias (cf. Redemptoris Missio, 55). De la mirada dirigida a la sabiduría humana presente en ella, de hecho, la Iglesia comprende como la familia viene considerada universalmente una forma necesaria y fecunda de convivencia humana. En este sentido, el orden de la creación, en el cual planta sus raíces la visión cristiana de la familia, se despliega a nivel histórico, en las diversas expresiones culturales y geográficas.
20. Se hace por lo tanto necesario un discernimiento espiritual, acerca de las convivencias y de los matrimonios civiles y los divorciados vueltos a casar, compete a la Iglesia reconocer estas semillas del Verbo dispersas más allá de sus confines visibles y sacramentales. Siguiendo la amplia mirada de Cristo, cuya luz ilumina a todo hombre (cf. Gv 1,9; cf. Gaudium et Spes, 22), la Iglesia se dirige con respeto a aquellos que participan en su vida de modo incompleto e imperfecto, apreciando más los valores positivos que custodian, en vez de los límites y las faltas.

