Las sustanciales diferencias que lo impiden
Son muchos los amigos que temen que la Argentina tenga un destino
inmediato similar al de Venezuela; con un pie en el aire y el otro
aún dentro del comunismo...esa entelequia mucho más literaria que
política, porque en el único sitio donde da buenos resultados, es en
los textos.La intención de este artículo es tratar de diferenciar las situaciones, como para intentar llevarle algo de tranquilidad a quienes temen.
Personalidades Diferentes
El Chavismo se enquistó y creció dentro de un culto a la personalidad de su creador. Hugo Chávez era un presidente muy hábil manejando la demagogia y señalando enemigos. Puede asimilarse a Chávez como más parecido a Perón que a los Kirchner, y debe entenderse a Cristina Kirchner como más parecida a Maduro, la viuda de Chávez, que al comandante.
Chávez durante años demolió políticamente a cualquier opositor interno, y se dedicó a jugar en las grandes ligas, señalando al pitiyanqui y abjurando del imperio.
Maestro de la retórica, y experto espadachín de causas difíciles de contrarrestar, al menos desde el discurso, convenció firmemente a más de la mitad de los venezolanos. Le pese a quien le pese, fue un presidente sólido.
Cristina Kirchner nunca tuvo la altura política como para meterse en semejante berenjenal, y, desde su temperamento adolescente, se dedicó a divorciarse en malos términos de los distintos sectores de la vida nacional. Ha convencido firmemente sólo a sectores minoritarios, y por eso pende de los grupos más volátiles, las clases medias bajas, para perdurar.
La primera conclusión, entonces, es que fueron sumamente distintos y le consiguieron comprar el alma a segmentos desiguales. Chávez, era de verdad.
La gente
Las mejoras sociales que consiguió Hugo Chávez para los más desposeídos fueron genuinas, rompiendo situaciones históricas, y no meramente coyunturales, como las de los Kirchner. Cuando en Argentina se muestra la comparativa con el fin del menemismo y el 2001, en Venezuela se muestra una foto histórica.
Nicolás Maduro puede seguir mostrando por algún tiempo la foto de Chávez, pero Cristina Kirchner no puede hacer lo propio con su difunto esposo, porque la comparativa política y de gestión, invariablemente la derrota.
Cuando la oposición venezolana hace un acto público y muestra 1 millón de personas en las calles, el chavismo , al día siguiente, podía hacer lo propio, mostrando su millón. En Argentina ya se han verificado tres marchas opositoras multitudinarias en apenas 7 meses, pero Cristina Kirchner tan solo puede exhibir un papel amarillento que dice 54%, porque la gente que avale incondicionalmente su modelo y salga a manifestarlo, jamás apareció.
Al día de hoy, si el kirchnerismo quisiera mostrar un segmento de gente favorable a CFK en las calles, debería organizar con meses de antelación y gastar fortunas, para exhibir apenas unas 30.000 almas. Rentadas y a ritmo de rock.
Lo que para el chavismo era por amor, para el kirchnerismo es por dinero. Curiosa forma de prostitución cívica, la que los hace terminar pagando como cualquier gil.
El rol de la milicia
Siendo Chávez un militar, a partir de la resistencia recibida en los
confusos episodios del 2002, pudo
mostrarse amparado en el poder que confieren las armas.
Indispensable condimento disuasorio para cualquiera que quisiera
volver a pergeñar un golpe, pero también una muestra de fuerza
determinante para la población. Más allá de divisiones internas en
la milicia venezolana, la realidad es que durante los últimos 10
años del ciclo de Hugo
Chávez los militares aparecían parados detrás suyo en los discursos,
y eso mostraba auténtico poder. "Acá está el presidente y viene con
la milicia" ¿Te animás a pararte en la vereda de enfrente?
Cristina Kirchner procede de otro lado y se encargó de humillar y
desmantelar a las fuerzas armadas, que hoy andan protestando como
cualquier civil a causa de los atropellos. No puede hacer esa
demostración de fortaleza chavista, y sus generales son pequeños
talibanes como el cuervo Larroque.
El viejo y querido fraude
El fraude electoral existe tanto en Venezuela cuanto en la
Argentina. Esto no es una novedad absolutamente para nadie. Pero no
se puede hacer fraude en cualquier circunstancia y desde cualquier
número. Funciona de otra forma, y hasta el fraude tiene sus propias
reglas, las de la lógica.
El eje, y ahí es donde INDRA juega como resguardo, es que hay más
votos que votantes. Vale decir; usted tiene a los votantes
reales, y tiene una cantidad de votos adicionales que están a
disposición del poder.
Todo esto existe gracias a la connivencia de los sectores políticos,
la imposibilidad de fiscalizar fidedignamente todas las mesas, y la
aplicación de la política del hecho consumado. Nadie dará vuelta una
elección cuando el rival ya está en las calles festejando.
Si tiene una elección donde usted gana por amplias diferencias,
puede aplicar el fraude para magnificar su triunfo y, por
ende, su poder.
Si tiene otra elección donde las cosas están parejas, puede usarlo
para volcarlaa ligeramente, arriesgándose al barullo
generalizado y a la necesidad de imponerse también fuera de las
urnas, y ese fue el caso de Maduro el 14A.
Lo que no puede hacer es convertir un 28 en un 50, porque antes de
la elección absolutamente todos conocen el número que tendrán. Tanto
el número propio, como el ajeno. Por ese motivo es que son tan
importantes las encuestas verdaderas.
La encuesta real, a 15 días de la elección, le canta el número. El
asunto es tamizar, para saber a quien creerle.
El control de la justicia
Hugo Chávez se encargó de poner en caja a la justicia venezolana, y
convertirla en otro apéndice de su poder. Básico para cualquier
revolución que se precie de tal.
Las cosas que Cristina Kirchner pretende hacer con la justicia,
debieron ser hechas (para su beneficio) algunos años antes. Pecaron
de ingenuos pensando que se llevaban al país formal en el bolsillo,
del mismo modo en que se llevaron la plata.
Creyeron tanto en Kirchner que nadie le controló no solamente la
magnitud de lo que se estaba robando, sino las huellas gigantes que
dejaba.
Creyeron que nunca iban a tener necesidad de mostrar
desembozadamente su faz dictatorial, y cuando las circunstancias los
obligaron, ya era tarde.
Imaginemos a Néstor Kirchner impulsando la reforma de la justicia
allá por el 2006. ¿Usted cree que hubiera tenido demasiada
resistencia?
Hoy están obligados a acometer esta inútil cruzada, en un
desesperado intento por conseguir impunidad. No hay forma de que la
corte suprema no los detenga.
La tan vituperada justicia argentina, calamitosa desde donde se la
mire, termina obligada a ponerse los pantalones largos ante el
absurdo de Cristina Kirchner, pero también ante la magnitud de lo
robado.
Lo que pocos entienden es que la Corte lo hará sin demasiado
debate ni cuestionamiento. Porque
la única gente que puede ganar la calle, detesta a la presidente y
los apoyará.
Y si tuvieran la peregrina idea de no pararla, esa misma gente se lo exigirá y no con aplausos ni alabanzas precisamente. Las puteadas de Hebe de Bonafini a la corte habrán sido caricias de abuelita.
Y si tuvieran la peregrina idea de no pararla, esa misma gente se lo exigirá y no con aplausos ni alabanzas precisamente. Las puteadas de Hebe de Bonafini a la corte habrán sido caricias de abuelita.
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"...la
próxima película argentina en ganar un Oscar, será la
que muestre la corrupción
de Néstor Kirchner.."
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Entonces...
No son similares las situaciones de Venezuela y la Argentina, afortunadamente. El país caribeño se debate entre seguir rumbo al vacío o comenzar la transición, para salir de una revolución genuina. Fallida, pero real. Le ocurrió a Venezuela lo esperable; el comunismo solamente da resultados en los textos, nunca cuando se trata de gente de carne y hueso. La revolución kirchnerista nunca consistió en otra cosa que no fuera un colosal relato, y hoy asistimos a la desnudéz de una presidente que nunca presidió.
Este proceso se terminó el 27 de Octubre de 2010, con la muerte de Néstor Kirchner, el padre de la criatura. Y desde ese momento la Argentina quedó virtualmente acéfala, aunque Cristina Kirchner, inercialmente, haya incluso ganado una elección con el 54% de los votos. Hoy le pesa tanto el gobierno como el pasado: Está entrampada. Si no fuera quien es, hasta una dosis de piedad inspiraría. Dudo que haya de recibirla. De ahora en más tan solo queda esperar que el fin de ciclo no sea demasiado traumático, con una economía que se despedaza y augura pérdida de empleos y mayor conflicto social, y un gobierno que, sin timón político alguno, tan solo busca evadir las rejas, que le esperan, inexorables, a causa de su inédita corrupción. Una corrupción de tal magnitud que hasta se cuela en los programas de chimentos. Probablemente, la próxima película argentina en ganar un Oscar, será la que muestre la corrupción de Néstor Kirchner.
Fabián Ferrante
No son similares las situaciones de Venezuela y la Argentina, afortunadamente. El país caribeño se debate entre seguir rumbo al vacío o comenzar la transición, para salir de una revolución genuina. Fallida, pero real. Le ocurrió a Venezuela lo esperable; el comunismo solamente da resultados en los textos, nunca cuando se trata de gente de carne y hueso. La revolución kirchnerista nunca consistió en otra cosa que no fuera un colosal relato, y hoy asistimos a la desnudéz de una presidente que nunca presidió.
Este proceso se terminó el 27 de Octubre de 2010, con la muerte de Néstor Kirchner, el padre de la criatura. Y desde ese momento la Argentina quedó virtualmente acéfala, aunque Cristina Kirchner, inercialmente, haya incluso ganado una elección con el 54% de los votos. Hoy le pesa tanto el gobierno como el pasado: Está entrampada. Si no fuera quien es, hasta una dosis de piedad inspiraría. Dudo que haya de recibirla. De ahora en más tan solo queda esperar que el fin de ciclo no sea demasiado traumático, con una economía que se despedaza y augura pérdida de empleos y mayor conflicto social, y un gobierno que, sin timón político alguno, tan solo busca evadir las rejas, que le esperan, inexorables, a causa de su inédita corrupción. Una corrupción de tal magnitud que hasta se cuela en los programas de chimentos. Probablemente, la próxima película argentina en ganar un Oscar, será la que muestre la corrupción de Néstor Kirchner.
Fabián Ferrante



