Boudou, al lado de CFK y de Lorenzetti es un simple carterista del 60 – Por Cosme Beccar Varela
Lo
de Boudou monopoliza las noticias como si fuera el asunto más
importante del país. Pues bien, yo le digo que es un “bluff” y que esto
es como el tero que grazna lejos de su nido. El problema no es Boudou.
Boudou es un delincuente, pero no sólo por el caso “Ciccone” sino por
las otras varias modalidades delictivas que ha practicado en su vida y
que nadie investiga. Pero sobre todo, él no es el principal delincuente
en este gobierno del hampa.
“La Nación”, esa vieja celestina acostumbrada a servir todas las
malas causas, le dedica en su edición de hoy SEIS PÁGINAS a la
declaración indagatoria del vicepresidente, después de haberle dedicado
cientos de páginas en ediciones anteriores, como si el caso fuera
decisivo para el futuro del país, como si la condena de ese idiota fuera
la solución de nuestra tragedia política. Y los tontos se la creen. Y
especulan, junto con los politicólogos vendidos, acerca de las
consecuencias que el procesamiento del melenudo motociclista fuera de
una importancia tal que hasta podría comprometer a la Sra. de Kirchner,
usurpadora presidencial.
Todo esto es humo. La realidad es otra y es muchísimo más grave.
Boudou no interesa. Podría ser procesado, caer, desaparecer del mapa y
nosotros estaríamos todavía metidos en la camisa de fuerza dentro de la
cual nos ha atado la secta del CELS o la que sea que está detrás de las
bambalinas de este “show” siniestro que termina en la creación de un
Estado comunista.
Si se trata de los peculados de Boudou, ¿qué son esos míseros
millones al lado de los miles de millones de los que se han apoderado la
usurpadora presidencial y sus cómplices, entre los cuales se destacan
de Vido, Aníbal Fernandez, los de “la cámpora” y otras aves de rapiña
como los nombrados? Pero a esos nadie los investiga y cuando lo hacen,
ahí están los jueces federales para limpiarlos de polvo y paja, en un
abrir y cerrar de ojos.
Por eso digo que lo de Boudou es una farsa. Es un entretenimiento
para los giles, es un argumento para todo uso al alcance de los
mercaderes de la “politicología”. La amenaza real es la inexorable
deriva del país hacia el Estado comunista.
Cuando llegue el momento, toda esta banda de rateros que les sirvió
de instrumento serán echados por la borda o se les permitirá irse al
extranjero, Pero nosotros quedaremos bajo la pata del “stalinismo” a la
cubana o a la venezolana, sin posibilidad ni siquiera de recordar el
origen espúreo de la supuesta “liberación nacional” que proclamarán los
nuevos amos.
Mucho más grave que lo de Boudou y lo de los latrocinios de los altos
funcionarios a los que se dedica Lanata es que si eso es verdad, es
escandalosos que a nadie se le ocurra deponerlos a todos de inmediato
por medio de un juicio políticos. Ni siquiera al inefable Pinedo, el
peronista pituco de ojos a media asta. El robo en la argentina se ha
convertido en una especie de deporte nacional. Tú robas, él y
ella roban, nosotros robamos, ellos roban, vosotros robáis. Y a eso
podría agregarse la conjugación de futuro: tú robarás, él y ella
robarán, etc.etc. etc.
Pero no sólo ni principalmente hay que deponer por juicio político a
los ladrones encumbrados en el poder ejecutivo sino a los prevaricadores
del Poder Judicial, porque esos nos han robado la última defensa de los
simples ciudadanos frente a la arbitrariedad del Estado, que es la
independencia y la imparcialidad de los jueces.
El caso más protuberante de esa prevaricación acaba de reconfirmarlo
el Presidente de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti que en un acto
político con apariencia de “celebración judicial” (¿existe ese animal?)
el 5 de Junio ppdo, dijo en el nuevo Salón de los Derechos Humanos
inaugurado en la planta baja del Palacio de los Tribunales: “Los juicios
por violaciones de los derechos humanos no son una moda ni cambiarán
con los gobiernos. Son una política de Estado” (“La Nación”, 6/6/2014,
pag. 13).
Luego agregó, refiriéndose al período de la usurpación de los
Kirchner: “La etapa de los últimos diez años configuró una política de
Estado, en la que confluyeron los tres poderes”…”Y dió como ejemplo la
labor de una Comsión Interpoderes que creó la Corte” (ibidem). Más que
“Comisión Interpoderes” debería haberla llamado “Conjura para la
Injusticia”, porque eso es lo que es.
Jactándose de su propia torpeza, dijo también el inicuo Juez supremo:
“Es importante recalcar que el Congreso y el Ejecutivo avanzaron en la
impugnación de las leyes de amnistía y luego los jueces, especialmente
la Corte, declararon la inconstitucionalidad de la legislación de
amnistía , la imprescriptibilidad de los juicios de lesa humanidad y la
inconstitucionalidad de los indultos” (ibidem).
Estas monstruosidades jurídicas son de tal envergadura que es
increíble que un Ministro de la Corte Suprema las mencione como logros
de su gestión.
Es como si Hitler hubiera declarado, sin crítica alguna de la banda
democrática oficialista y opositora: “Es importante recalcar que el
Congreso y el Ejecutivo avanzaron en la declaración de guerra a todas
las naciones europeas, el asesinato de los opositores, católicos y
judíos, la irrevocabilidad de las decisiones criminales que tomó mi
gobierno y la nulidad absoluta de cualquier acto de perdón que se
hubiera dictado a favor de quienquiera que fuera. Esa fue un política de
Estado para el engrandecimiento del Tercer Reich”.
Mutantis mutandis es la misma cosa. Es la misma brutalidad descarada,
es la misma jactancia del poder absoluto, es la injusticia como
política proclamada a los cuatro vientos.
Un Presidente de la Corte que de manera tan explícita deja en claro
su conducta inmoral e inconstitucional debería haber sido acusado de
inmediato en un juicio político para destituirlo, a él y a sus
silenciosos cómplices de la Corte, a los miembros de la Cámara de
Casación Penal, a los de la Cámara Federal y a los jueces (entre ellos
al inefable Lijo que finge ser insobornable en el caso Boudou), todos
asistentes aquiescentes a las enormidades que espetó el Sr. Lorenzetti,
todos por la misma causa.
Y como consecuencia lógica, debería decretarse la nulidad de todas
las sentencias y resoluciones cometidas por estos jueces confabulados en
una “política de Estado” maquiavélica e inmoral, dejando de inmediato
en libertad a todos los secuestrados políticos que están muriendo en la
mazmorras de la tiranía.
Nada de eso ocurrirá. Y los tontos seguirán adoptando todas y cada
una de la posiciones políticamente obscenas que les sugiere “La Nación”,
supuesta “opositora pero, en realidad, cómplice necesaria y potente de
la tiranía que nos lleva al comunismo.
Fuente: http://www.labotellaalmar.com.ar/
