La negociación con Griesa y el procesamiento de Boudou redefinirían el escenario político
En los próximos 30 días el gobierno deberá afrontar la tormenta
judicial más peligrosa de los tres mandatos presidenciales
kirchneristas. La razonable decisión presidencial de negociar con los holdouts
anunciada anteayer en Rosario apenas le pone un piso de racionalidad a
la crisis. Pero la solicitada publicada ayer por el gobierno argentino
bajo el título “Argentina quiere continuar pagando sus deudas pero no lo
dejan”, demuestra que la Casa Rosada negociará el pago a NML y demás holdouts
continuando con su doble mensaje de agresión a los fondos buitre. Pero
lo más grave es que el texto redobla las anteriores agresiones al juez
Thomas Griesa, al afirmar que “el fallo busca poner en una situación
delicada a la Argentina”. Es obvio que la Casa Rosada, ante el riesgo de
un inmediato default, acepta negociar el pago pero simulando que en
realidad se trata de una negociación abierta y no de una simple
ejecución de una sentencia en la que queda muy poco para discutir.
Daría la impresión de que los representantes del gobierno intentan
continuar con su habitual estrategia de ganar tiempo, pero la diferencia
es que ahora el reloj les corre en contra. En realidad nadie pudo hasta
ahora explicar cómo se evitará el riesgo de que los bonistas que
entraron al canje exijan las mismas condiciones de pago que recibirá el
grupo de Singer y otros. También crecen los riesgos de embargos, ya que
la medida cautelar que los impedía esta levantada y es casi imposible
que esto se revea. En las filas de la oposición se hacen además cálculos
acerca de cuánto tiempo tardarían el resto de los acreedores que no
entraron en la reestructuración de la deuda en obtener fallos similares
al de Singer. Estos reclamos por 15.000 millones de dólares que estarían
en juego prácticamente caerían sobre la etapa de transferencia del
poder, o sea la campaña electoral. Por éste y otros motivos de ahora en
más la opinión de los precandidatos presidenciales opositores -y
oficialistas- empieza a adquirir mayor peso en los organismos
internacionales y en los mercados. El problema central en este tema es
que la fragmentación de las opciones, lejos de disminuir, va en aumento.
El oficialismo, empeñado en complicar las cosas, cada vez agrega más
precandidatos para participar eventualmente en la primaria del Frente
para la Victoria (el último es Jorge Taiana) en tanto que la oposición
no sólo muestra a dos figuras que compiten en la misma franja de votos,
Sergio Massa y Mauricio Macri, sino al FAUNEN, donde ya se anotaron tres
candidatos, Julio Cobos, Elisa Carrió y Hermes Binner.
Volviendo a la tormenta judicial, es posible que antes de que se
resuelva la crisis en el juzgado de Griesa, el juez federal Ariel Lijo
dicte el procesamiento de Amado Boudou. De ocurrir esto, el supuesto
acompañamiento opositor para sustentar un acuerdo de pago con Singer y
demás acreedores se vería complicado por la ruptura política que
provocaría el procesamiento de Boudou y la reinstalación del debate
acerca de su renuncia, licencia o pedido de juicio político. Esta
probable situación haría que en el seno del gobierno vuelvan ahora a
escucharse, por ejemplo desde La Cámpora, voces que proponen la salida
de escena del vicepresidente, tal vez mediante una licencia de varios
meses de duración. Pero Boudou estaría dando claros indicios de su
voluntad de resistir hasta las últimas consecuencias, tal vez consciente
de que cualquier paso al costado lo llevaría cada vez más cerca de
convertirse en la María Julia Alsogaray del kirchnerismo. En síntesis,
la oposición en general se siente obligada a mostrar su racionalidad
para apoyar una salida a la crisis de la deuda, pero debería
compatibilizar esto con exhibir una dosis de intolerancia cada vez mayor
hacia la explosión de corrupción oficial que está emergiendo en los
juzgados federales. Se trata de un equilibrio muy difícil de sostener en
la práctica.
A un año de las primarias
Sea cual fuere el resultado de la doble crisis judicial de los
próximos 30-45 días, para entonces el calendario indicará que falta un
año para las próximas primarias presidenciales de agosto del 2015. En
otras palabras, que después de las ajetreadas vacaciones de invierno las
estructuras políticas comenzarán a moverse con mayor velocidad. En
Buenos Aires, el distrito crítico por contener el 40 por ciento del
padrón electoral nacional, se estarían gestando varias novedades. Una es
que Francisco de Narváez volvería a instalarse publicitariamente como
candidato a gobernador. Se trataría de una operación de “boleta corta”,
similar a la que protagonizara en el 2007, cuando se presentó como
candidato a gobernador sin apoyar a ningún candidato a presidente. La
operación de De Narváez, que podría contar con el aval de Daniel Scioli,
apuntaría a contener a la dirigencia sciolista ubicándola en sus listas
de candidatos ante la evidencia de que el cristinismo aspira a
conservar poder quedándose con todos las candidaturas legislativas en
juego a nivel nacional y, si pueden, también a nivel provincial.
El relanzamiento de De Narváez con este plan podría aumentar el
disgusto del cristinismo con el gobernador pero le daría a éste una
salida para contar con legisladores propios. También para Mauricio Macri
la aceleración de los plazos pone sus límites. Sus negociaciones con el
FAUnen discurren hoy por canales reservados y están concentradas en la
cúpula de la UCR y Elisa Carrió. Esta discreción es la que evita la
ruptura formal de la alianza de centro izquierda, donde Pino Solanas,
Hermes Binner, Claudio Lozano y otros siguen más cerca de vetar la
posibilidad de una primaria conjunta con el PRO. La probabilidad de una
crisis de la alianza de centroizquierda es mirada con gran interés por
el kirchnerismo, ya que de ocurrir añadiría nuevas candidaturas
presidenciales y una fragmentación aun mayor de la oposición.
