El PSOE busca a un Homer Simpson
Una de las críticas más demoledoras al socialismo -no por ser tan
brillante como las obras de Hayek, sino porque llegó a mucha más gente
que ellas- se emitió por primera vez en la Fox en EEUU el 26 de abril de
1998. Me refiero al episodio 200 de “Los Simpsons”. En él, Homer
Simpson le ganaba las elecciones al concejal de basura de Springfield
apelando a la pereza de sus vecinos mediante este lema electoral: “¿Es
que eso no puede hacerlo otro?”
¿Qué pasaría si aplicásemos a una economía familiar el programa económico de Podemos?
El documental que debes ver si quieres conocer el origen de la crisis y su solución
El misterio del elefante
Despilfarrando recursos públicos tras apelar a la irresponsabilidad
El episodio comienza con Homer Simpson negándose a sacar el cubo de
la basura, ya rebosante. Ante su hogar se acaba acumulando una montaña
de basura y los basureros se niegan a recogerla, hasta que la esposa de
Homer, Marge, envía una carta pidiendo disculpas al ayuntamiento. Es ése
el momento en el que Homer, cabreado, decide presentarse a las
elecciones. Su campaña incluye un simpático número musical, titulado “The garbage man can” (El hombre de la basura puede), en el que Homer manifiesta sus planteamientos: los basureros no sólo recogerán la basura, también limpiarán las casas, la ropa y los desperdicios que dejan los perros. “El hombre de basura puede y lo hace con una sonrisa y nunca te juzga”, dice el estribillo. Los basureros visten lujosos uniformes y para hacer tan exhaustivo trabajo Homer se gasta en un mes el presupuesto de basuras de todo un año.
Los socialistas españoles lo habrían arreglado con una subida de
impuestos y un recorte de pensiones, pero en vez de eso, Homer empieza a
cobrar por depositar la basura de todo el país en Springfield. El
resultado es que la basura acaba por rebosar en el subsuelo y se ven
obligados a trasladar todo el pueblo a otra parte.
El Sprignfield español ya acumula una deuda pública del 96,8% del PIB
La conducta de Homer Simpson como concejal de basuras parece adecuada para un pueblo sin muchas luces, pero aquí en España muchos votantes apuestan por opciones demagogas que nada tienen que envidiar al discurso de Homer.
Sin ir más lejos, en las últimas Elecciones Europeas la sorpresa la ha
dado Pablo Iglesias con un partido, llamado casualmente “Podemos”, cuyo
programa político es un canto al Estado elefantiásico y metomentodo.
Pero para comprobar las consecuencias que implicaría un Estado así no
hace falta esperar a que ese personaje llegue al gobierno. Ahora mismo,
con el PP -ese PP que prometió un “cambio” cuando aún gobernaba el PSOE-
la deuda pública española ya ha llegado al 96,8% del PIB,
como consecuencia del aumento en un 7,12% de la deuda generada por las
administraciones públicas en el primer trimestre de 2014. De esa colosal
deuda, la administración central se lleva la palma con una deuda equivalente al 84,5% del PIB (864.193 millones de euros), un 8,4 % más que un año antes. Como consecuencia, los españoles soportamos ya el mayor esfuerzo fiscal de la Unión Europea.
En busca de un demagogo que gane las elecciones, aunque arruine España
Pero a algunos, insisto, no les llega con eso. Algunos creen que la solución al incendio es echar gasolina a las llamas y piden aún más Estado para arreglar, dicen, los problemas que está provocando el excesivo peso del sector público en España,
empezando por una altísima presión fiscal que espanta a los inversores y
que hace que crear empleo en España sea un acto heroico. Por eso
tenemos unas colosales cifras de paro. Lejos de caer de la burra, para
la izquierda (y con ello me refiero también ya a buena parte del PP, que
ha asumido las recetas ideológicas socialistas en distintos ámbitos) la
solución no está en reconocer el problema y rectificar. Antes bien, nuestros
socialistas de todos los partidos están dispuestos a competir en
demagogia con Pablo Iglesias, apelando a la irresponsabilidad igual que
lo hacía H
mmer Simpson en su campaña electoral. Esta búsqueda del perfecto demagogo se está apreciando con claridad en la carrera por la sucesión en el PSOE, en la que parecen haber tomado protagonismo los sectores más radicales del partido. Hoy Eduardo Madina ha abogado por “una profundización en los valores del socialismo” (es decir, más intervencionismo estatal, y con ello más gasto público y más impuestos para financiarlo, y como efecto, más paro). En la misma línea, otro de los candidatos a liderar el PSOE, Jose Antonio Pérez Tapias, ha pedido un viraje a la izquierda.
mmer Simpson en su campaña electoral. Esta búsqueda del perfecto demagogo se está apreciando con claridad en la carrera por la sucesión en el PSOE, en la que parecen haber tomado protagonismo los sectores más radicales del partido. Hoy Eduardo Madina ha abogado por “una profundización en los valores del socialismo” (es decir, más intervencionismo estatal, y con ello más gasto público y más impuestos para financiarlo, y como efecto, más paro). En la misma línea, otro de los candidatos a liderar el PSOE, Jose Antonio Pérez Tapias, ha pedido un viraje a la izquierda.
En definitiva, que el PSOE ya no busca a una persona capaz de
solucionar los problemas de España: sólo quiere a alguien que le haga
levantar cabeza aunque sea a costa de arruinar todavía más a los
españoles, apostando por esa demogogia tras la que
habitualmente se disfrazan las intenciones más viles y rastreras de un
político. Y es que en el fondo lo que busca el PSOE es un Homer Simpson, que prometa el oro y el moro aunque luego no pueda pagar las facturas.
Y es que al final, a la hora de pagar las deudas el lema del PSOE es el
mismo que el de Homer Simpson: “¿Es que eso no puede hacerlo otro?”