sábado, 9 de agosto de 2014

Denuncia ante La Haya: CFK hacia la confrontación permanente para mantener la iniciativa

Denuncia ante La Haya: CFK hacia la confrontación permanente para mantener la iniciativa

agosto 9, 2014
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La Argentina demandó anteayer a los Estados Unidos ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), por considerar que las decisiones judiciales estadounidenses con relación al caso planteado por fondos especulativos contra el país violan su inmunidad soberana. Esta maniobra nació muerta, ya que simplemente el gobierno de los EEUU se negó a someterse a la jurisdicción de La Haya y el intento se extingue sin pena ni gloria. Sin embargo, este precedente puede producirle al próximo gobierno nacional un daño importante por una sencilla razón: el Estado nacional se niega a aceptar un fallo que le es desfavorable luego de haber elegido expresamente la jurisdicción de Nueva York. Como reza en su página 1016 el Anexo del Decreto 1735 del 2004, que estableció las condiciones para la reestructuración de la deuda: “Los tribunales estaduales o federales de los EEUU con asiento en el Condado de Manhattan, ciudad de Nueva York, tendrán jurisdicción para resolver cualquier disputa que pudiera originarse o relacionarse con la oferta o cualquiera de los documentos mencionados en este suplemento de prospecto y en consecuencia acuerdan que cualquier juicio, acción o procedimiento originado o relacionado con lo precitado podrá ser iniciado ante esos tribunales”.
Para mostrar coherencia y acatamiento a los compromisos firmados, la Casa Rosada debería haber cuestionado la supuesta intromisión del Juez Thomas Griesa en la soberanía nacional ante el propio tribunal de alzada de éste, o sea, una corte de apelaciones de Nueva York. Al desconocer la jurisdicción adoptada, el cristinismo lega al gobierno que lo suceda el pésimo precedente de que la Argentina pidió la jurisdicción de Nueva York y, cuando ésta le resultó adversa, optó por desconocerla.
Al costo de desprestigiar internacionalmente aún más al país, la presentación ante La Haya apunta más bien a mantener el tema con un perfil político alto, prácticamente de campaña electoral. Curiosamente Griesa se defendió amenazando al gobierno argentino con el desacato, pero insistiendo en que debe buscarse una solución negociada y sin mencionar la posibilidad de otras sanciones, como por ejemplo la imposición de una multa diaria por incumplir la sentencia.
CFK parece feliz al haber encontrado una nueva saga que le permite revitalizar el alicaído kirchnerismo y enmudecer a la oposición, que no se atreve a condenar la actitud irresponsable del gobierno porque éste crece en las encuestas y es impopular colocarse en la misma vereda que los fondos buitres. También en alguna medida, con sus ataques frontales a la justicia de los EEUU, el cristinismo parece estar vacunándose contra eventuales represalias comerciales y diplomáticas que pueda ensayar Washington. De ahora en más, cualquier gesto inamistoso de la administración Obama será una represalia contra el supuesto intento de defender la soberanía nacional. Y ni que hablar del deterioro generalizado de las variables económicas, que ahora ya es achacado a la presunta gran conspiración financiera internacional contra el país. El problema para Cristina es que falta demasiado para las elecciones como para mantener con éxito el actual nivel de pirotecnia política.

Obligada a polarizar

Así las cosas, daría la impresión de que el cristinismo se está obligando a ir de menor a mayor para que su nueva cruzada siga siendo políticamente rentable. En términos de la deuda, esto significaría que aumentan las posibilidades de que intente iniciar una reestructuración global de la misma pateando el tablero y estableciendo la jurisdicción de la justicia argentina y el domicilio de pago en Buenos Aires. Una maniobra que probablemente fracasará ante la absoluta desconfianza de los mercados, sobre todo ante un gobierno que está en su último tramo y que sobrevive envuelto en escándalos de corrupción. Hay señales de que, en torno a esta nueva gesta antiimperialista, el kirchnerismo intentaría rearmar un esquema electoral absolutamente propio. Una cumbre de Unidos y Organizados (el núcleo duro K) estaría a punto de realizarse para proclamar que su candidato a presidente es Florencio Randazzo, es decir, un portazo en la cara de Daniel Scioli. A su vez, el renovado protagonismo televisivo de Cristina, más locuaz que nunca, podría culminar en su aparición estelar encabezando la boleta electoral para representar a la Argentina ante el PARLASUR, lo que le daría un rol electoral activo y condicionaría al máximo a cualquier candidato presidencial del oficialismo. Resignado a navegar en un mar económico revuelto y con conmociones sociales crecientes, el cristinismo parece estar fijando prioridades. Su proyecto de reinserción en los mercados internacionales ya está fuera de su alcance. Ahora de lo que se trata es de reconstruir una fuerza electoral capaz de llegar al ballotage, a sabiendas de que perderá el mismo contra cualquier candidato opositor. Pero esto le permitiría proclamarse como cabeza de la oposición y mantener unidos a sus legisladores nacionales y provinciales, que en caso contrario se pasarían rápidamente al bando de Sergio Massa, de Daniel Scioli o de quien esté en condiciones de ser presidente.
El procesamiento de la ex secretaria de Ambiente Romina Picolotti por administración fraudulenta es el segundo de un ex secretario de Estado en un mes -el anterior fue el del ex titular del SEDRONAR José Granero- lo que marca un progresivo giro en la justicia federal, para no hablar del segundo procesamiento de Amado Boudou por falsificación de documentos públicos, dictado por el juez federal Claudio Bonadío.
La actual tendencia, proyectada, hace que el cristinismo se vea obligado a huir hacia adelante como Leopoldo Galtieri. En su lógica, el único modo de mantener relativamente tapada la eclosión de casos de corrupción y el malhumor social es aumentar la confrontación retórica con los EEUU. Mientras sólo se trate de discursos y acciones vacías de contenido como la presentada ante la Corte de la Haya, los riesgos de sufrir represalias no parecen ser mayores.
Carlos Tórtora