Denuncia ante La Haya: CFK hacia la confrontación permanente para mantener la iniciativa
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La Argentina demandó anteayer a los Estados Unidos ante la Corte
Internacional de Justicia (CIJ), por considerar que las decisiones
judiciales estadounidenses con relación al caso planteado por fondos
especulativos contra el país violan su inmunidad soberana. Esta maniobra
nació muerta, ya que simplemente el gobierno de los EEUU se negó a
someterse a la jurisdicción de La Haya y el intento se extingue sin pena
ni gloria. Sin embargo, este precedente puede producirle al próximo
gobierno nacional un daño importante por una sencilla razón: el Estado
nacional se niega a aceptar un fallo que le es desfavorable luego de
haber elegido expresamente la jurisdicción de Nueva York. Como reza en
su página 1016 el Anexo del Decreto 1735 del 2004, que estableció las
condiciones para la reestructuración de la deuda: “Los tribunales
estaduales o federales de los EEUU con asiento en el Condado de
Manhattan, ciudad de Nueva York, tendrán jurisdicción para resolver
cualquier disputa que pudiera originarse o relacionarse con la oferta o
cualquiera de los documentos mencionados en este suplemento de prospecto
y en consecuencia acuerdan que cualquier juicio, acción o procedimiento
originado o relacionado con lo precitado podrá ser iniciado ante esos
tribunales”.
Para mostrar coherencia y acatamiento a los compromisos firmados, la
Casa Rosada debería haber cuestionado la supuesta intromisión del Juez
Thomas Griesa en la soberanía nacional ante el propio tribunal de alzada
de éste, o sea, una corte de apelaciones de Nueva York. Al desconocer
la jurisdicción adoptada, el cristinismo lega al gobierno que lo suceda
el pésimo precedente de que la Argentina pidió la jurisdicción de Nueva
York y, cuando ésta le resultó adversa, optó por desconocerla.
Al costo de desprestigiar internacionalmente aún más al país, la
presentación ante La Haya apunta más bien a mantener el tema con un
perfil político alto, prácticamente de campaña electoral. Curiosamente
Griesa se defendió amenazando al gobierno argentino con el desacato,
pero insistiendo en que debe buscarse una solución negociada y sin
mencionar la posibilidad de otras sanciones, como por ejemplo la
imposición de una multa diaria por incumplir la sentencia.
CFK parece feliz al haber encontrado una nueva saga que le permite
revitalizar el alicaído kirchnerismo y enmudecer a la oposición, que no
se atreve a condenar la actitud irresponsable del gobierno porque éste
crece en las encuestas y es impopular colocarse en la misma vereda que
los fondos buitres. También en alguna medida, con sus ataques frontales a
la justicia de los EEUU, el cristinismo parece estar vacunándose contra
eventuales represalias comerciales y diplomáticas que pueda ensayar
Washington. De ahora en más, cualquier gesto inamistoso de la
administración Obama será una represalia contra el supuesto intento de
defender la soberanía nacional. Y ni que hablar del deterioro
generalizado de las variables económicas, que ahora ya es achacado a la
presunta gran conspiración financiera internacional contra el país. El
problema para Cristina es que falta demasiado para las elecciones como
para mantener con éxito el actual nivel de pirotecnia política.
Obligada a polarizar
Así las cosas, daría la impresión de que el cristinismo se está
obligando a ir de menor a mayor para que su nueva cruzada siga siendo
políticamente rentable. En términos de la deuda, esto significaría que
aumentan las posibilidades de que intente iniciar una reestructuración
global de la misma pateando el tablero y estableciendo la jurisdicción
de la justicia argentina y el domicilio de pago en Buenos Aires. Una
maniobra que probablemente fracasará ante la absoluta desconfianza de
los mercados, sobre todo ante un gobierno que está en su último tramo y
que sobrevive envuelto en escándalos de corrupción. Hay señales de que,
en torno a esta nueva gesta antiimperialista, el kirchnerismo intentaría
rearmar un esquema electoral absolutamente propio. Una cumbre de Unidos
y Organizados (el núcleo duro K) estaría a punto de realizarse para
proclamar que su candidato a presidente es Florencio Randazzo, es decir,
un portazo en la cara de Daniel Scioli. A su vez, el renovado
protagonismo televisivo de Cristina, más locuaz que nunca, podría
culminar en su aparición estelar encabezando la boleta electoral para
representar a la Argentina ante el PARLASUR, lo que le daría un rol
electoral activo y condicionaría al máximo a cualquier candidato
presidencial del oficialismo. Resignado a navegar en un mar económico
revuelto y con conmociones sociales crecientes, el cristinismo parece
estar fijando prioridades. Su proyecto de reinserción en los mercados
internacionales ya está fuera de su alcance. Ahora de lo que se trata es
de reconstruir una fuerza electoral capaz de llegar al ballotage, a
sabiendas de que perderá el mismo contra cualquier candidato opositor.
Pero esto le permitiría proclamarse como cabeza de la oposición y
mantener unidos a sus legisladores nacionales y provinciales, que en
caso contrario se pasarían rápidamente al bando de Sergio Massa, de
Daniel Scioli o de quien esté en condiciones de ser presidente.
El procesamiento de la ex secretaria de Ambiente Romina Picolotti por
administración fraudulenta es el segundo de un ex secretario de Estado
en un mes -el anterior fue el del ex titular del SEDRONAR José Granero-
lo que marca un progresivo giro en la justicia federal, para no hablar
del segundo procesamiento de Amado Boudou por falsificación de
documentos públicos, dictado por el juez federal Claudio Bonadío.
La actual tendencia, proyectada, hace que el cristinismo se vea
obligado a huir hacia adelante como Leopoldo Galtieri. En su lógica, el
único modo de mantener relativamente tapada la eclosión de casos de
corrupción y el malhumor social es aumentar la confrontación retórica
con los EEUU. Mientras sólo se trate de discursos y acciones vacías de
contenido como la presentada ante la Corte de la Haya, los riesgos de
sufrir represalias no parecen ser mayores.
