La ola sangrienta
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No es la “ola naranja”, es la ola de sangre que nos cubre. La Plata,
una familia asaltada: los golpearon, les mataron los perros, amenazaron
con violar a la mujer; cada cinco días matan a un jubilado en Capital y
Provincia: cuarenta y dos jubilados asesinados en lo que va del año; en
Vicente López, un electricista muerto al intentar defender a una vecina;
en Ingeniero Budge apuñalaron a un bebé de 45 días en la espalda,
estando en brazos de su madre; y sin contar las crónicas de los hechos
anteriores, del mes pasado…; desde que comenzó el año…; desde hace diez
años a la fecha…; y seguirá, y seguirá… La inseguridad nuestra de cada
día es el tema fundamental que nos preocupa, pero no está en la agenda
política de quienes nos gobiernan. El delito siempre existió, pero lo
grave está en la violencia extrema que hace que se mate a la víctima de
un robo, incluso si ésta no opone resistencia. Esto significa que se han
perdido los códigos que existían entre los delincuentes en el pasado y
los de la actualidad, que recurren a una violencia extrema y
descontrolada. Estas lacras viven la delincuencia como una guerra, y lo
lamentable es que no tenemos una policía capacitada para enfrentarse a
esta nueva violencia extrema, ni el gobierno exhibe ideas ni planes para
combatir la inseguridad. A pesar de lo que el voluntarismo del Sr.
Scioli nos haga creer, con esas frases huecas sin sentido a las que
recurre frecuentemente para no decir nada. La “ola naranja” sirve para
vestir lindas jovencitas con buzos de ese color que destacan las formas
de sus curvas, o para hacer propaganda gratis en los patrulleros, o para
pintar todo lo que pueda pintarse, pero parece que no sirve para
detener la extrema ola color sangre que nos está tapando.
