La Virtud de la Esperanza contra el Nuevo Orden Mundia
– Por Augusto TorchSon
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Mucho se ha escrito sobre las bondades de la
globalización, del derribar fronteras. Sin embargo, estos eufemismos para
establecer el Nuevo Orden Mundial, no tienen otro objetivo más que terminar con
las patrias quitándoles sus almas y así la de sus habitantes. Se observa así con
toda claridad que quienes tratan de imponer este paraíso socialista, son nada
menos que los poseedores de los grandes capitales, usando el subterfugio
democrático del Sufragio Universal. Coincidimos en este punto con las palabras
de la filósofa Ayn Rand al sostener: “No hay diferencia entre comunismo y
socialismo, excepto en la manera de conseguir el mismo objetivo final: el
comunismo propone esclavizar al hombre mediante la fuerza, el socialismo mediante
el voto. Es la misma diferencia que hay entre asesinato y suicidio”. Y entre
los propulsores de estas ideologías que no resisten un profundo y coherente
análisis, observamos por ejemplo como la
Revista Forbes ubica a Fidel Castro como el séptimo mandatario más rico del
mundo (aquí).
Nada que no se haya visto antes en los paradojales “paraísos comunistas y
socialistas”.
Pero lo que es importante señalar es la lucha
más real y terrible que se da en la historia: la metafísica; esa la lucha entre
el bien y el mal por el alma de los hombres. Y para Satanás, no hay herramienta
más efectiva en esta batalla que el hacer del hombre un esclavo de sus sentidos
que solamente busca la felicidad en lo terreno, en lo contingente. Y para
conseguir la imposición de esta concepción antropocéntrica de la vida hay que
quitar en el hombre el sentido de trascendencia, la esperanza en la eternidad
compartida con Nuestro Creador, para suplantarla por un materialismo
inmanentista que como señalaba con toda claridad S.S. Pio XI en su encíclica
sobre el comunismo ateo, “Divini
Redemptoris”; busca “pseudoideales de justicia y de igualdad que
llenos de cierto falso misticismo halagan a las masas con falsas promesas de
redención”. De ahí la importancia de combatir estas ideologías que
llevan en última instancia al hombre a la desesperación y a la condenación
eterna.
Hoy necesitamos más que nunca buscar el amor
de Dios no basado en la experiencia inmediata que nos propone el mundo, sino en
la fe. De lo contario, al ver tantos males, podríamos considerar que Dios nos
abandonó a nuestra suerte, como se presenta en las concepciones deístas de la
Masonería. Sin embargo San Pablo nos pone en la perspectiva adecuada al
señalar: “…hemos sido salvados por la esperanza. Y no se dice que alguno tenga
esperanza de aquellos que ya ve, pues lo que uno ya ve, ¿cómo lo podría
esperar? ” (Rom. VIII, 24).
Para ilustrar el razonamiento adecuado ante
estas posturas que pretenden deshumanizarnos, quitándonos nuestras esencias en
nombre precisamente del “humanismo”, conviene recordar a Pascual Pastore*, diputado democristiano que en la
década del ’50, pidió la palabra en el parlamento italiano y dijo lo siguiente,
increpando a los comunistas:
“Yo siento hacia vosotros una particular
atracción, porque sois más infelices puesto que carecéis de esperanza.
Permitidme
este recuerdo: yo tenía diez hijos, la mayor que era toda mi ilusión, ha muerto
y ha empleado cuatro años para morir. Cuatro años son tantos días, tantas
horas, tantos minutos; pero yo espero verla nuevamente. Yo no hago otra cosa
más que esperar, en apariencia yo ejerzo una profesión, trabajo, pero no es
verdad, solo busco el cumplimiento de esta esperanza.
Más
cuando pienso que vuestra ciencia, que vuestra ideología dice, con seguridad
absoluta y enseña, que entre los huesos de mi hija muerta que espera la
resurrección de la carne y los de la carroña de un buey, no hay ninguna
diferencia; que mi esperanza es una estúpida ilusión al servicio del
capitalismo, ¡Ah, entonces os digo comunistas, mientras hallan hijos que mueran
y padres que esperan, se rebelarán contra vosotros!
Vosotros
tenéis de la vida individual y social, un concepto químico. He aquí la razón
por la cual sois desgraciados. Los ácidos y las sales se combinan y de ello
resulta una reacción dialéctica de la vida, donde no hay lugar para la
esperanza. Así concebís vosotros todas las cosas, y aquí está la gran
divergencia. Vosotros estáis ensayando, un “bleff” colosal; pretendéis hacer
creer que vosotros estáis por los pobres y que nosotros estamos por los ricos,
pero permitidme que os diga con todo el sentimiento y amargura posible,
vosotros, no amáis ni a los pobres ni a los ricos, vosotros no amáis a nadie,
porque vosotros no tenéis esperanza”.
*Relato extraído
de la conferencia del Dr. Antonio Caponnetto: “La Esperanza, virtud de la
familia católica” citando una anécdota relatada en un libro de Alberto Ezequiel
Volpi.
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Quisiera dedicar estas pequeñas líneas a la
memoria de mi muy querido ahijado Luis María (Grignoncito) que con su
año y
nueve meses nos colmó de alegría y combatió con todas sus fuerzas y el
mejor de
los ánimos la enfermedad que por designio divino le tocó; habiendo sido
un angelito en la tierra y hoy siendo un santo en el Cielo.
De la misma manera quisiera manifestar mi
admiración y aprecio por sus padres que demostraron una inmensa entereza y
fortaleza ante tan terrible tragedia humana, que no se puede entender sino con
la asistencia de la gracia, recompensa justa por su amor y fidelidad a Dios; y
que, en una muestra de total abandono a la providencia divina, se fortalecen en
la esperanza cristiana del reencuentro definitivo, para compartir juntos la
Gloria eterna de la Visión Beatífica.
Augusto TorchSon
Nacionalismo Católico
San Juan Bautista
