¿Son necesarios los insultos de Lanata? Addendum
A diferencia de Juan Manuel Otero,
a mí no me rascan el cogote ni los insultos ni las malas palabras.
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Más aún, soy de decirlas seguido y sin sonrojo, pero creo que en este tema tan meneado ha llegado la hora de separar la paja del trigo y cuando digo paja lo hago en el sentido bíblico y no con la idea de referirme lunfardamente al onanismo; así que los que se enojan porque a Juan Manuel le molestan los insultos de Lanata, no se alegren, aún no he entrado en tema.
Es cierto que Lanata ha sido siempre un puteador serial. Su idea de
tipo transgresor es eso más el faso en mano -aunque ahora creo que se lo
han prohibido- y si no aparece con una botella de whisky al lado
supongo que será porque no le gusta.
Pero en esta discusión hay un par de cosas que han sido soslayadas;
en el programa de marras Lanata no estaba hablando de los wichis o de
Vaca Muerta, estaba hablando de educación; ergo, debería haber sido algo
más discreto. Pero Lanata es también, amén de excelente periodista, un
narcisista a tiempo completo y aprovechó la burrada de un párvulo de
secundaria para dar una muestra de su calidad intelectual al recitar el
“Santos Vega” de Obligado confundiendo a éste con Ricardo Güiraldes.
Pero, ni nos tiremos cenizas en la cabeza ni rasguemos las vestiduras,
una cosa así, ¿a quien no le ha pasado?. Quien más o quien menos ha
tenido “gaffes” de ese estilo o aún peores. Lo que no sucede a menudo es
que la egolatría nos traicione y tratemos de boludos a aquellos que
-con bien- tratan de corregirnos.
Aquí encontramos, entonces, a la madre del borrego de esta discusión
que no debería haber pasado a mayores si no hubiera aparecido una recua
de “incorrectos malhablados” que se sintieron tocados por lo que Juan
Manuel escribió. Porque lo que estos se pasaron por la entrepierna, al
tratar livianamente de refutar a Juan Manuel, fue el autoritarismo de
Lanata, ya que lo realmente grave es que un periodista que está
criticando- y lo hace muy bien y con pruebas- a un gobierno cuasi
dictatorial y autoritario se arrope en el autoritarismo para
descalificar a quienes lo habían corregido.
Entonces subleva el hecho de que, salvo contadas excepciones, las
críticas -sobre todo las más furibundas- a lo que Juan Manuel escribió,
provengan de tipos que se esconden detrás de un Nick. Tipos que no son
-perdón, Juan Manuel- boludos. Son, simplemente, cagones.
