CRISIS CRÓNICA
Cuando la cohesión social se relaja, se disocian los intereses individuales y grupales del interés colectivo, estableciéndose la premisa "sálvese quién pueda", ahí es que estamos en presencia de una cultura antijurídica progresiva, basada en la transgresión y el remedio excepcional. ¿Cómo una nación llega a esto?. Simplemente por la repetición agravada de hechos considerados lesivos para la norma vigente y el contrato social que es progresivamente erosionado.
Cuando la falsa normalidad de la crisis crónica se instala, es todo el Estado el que entra en crisis, no sólo por la dificultad para disponer de sus recursos materiales sino - lo que es más grave- por el deterioro de sus basamentos morales. Sin la confianza de la poblacion y hasta con descrédito, mantener el monopolio legal de la violencia, se torna muy dificultoso.
Normalmente aquí el Estado empieza a replegarse, rápida o lentamente, pero en forma constante y la ilegalidad en sus múltiples formas gana terreno sobre todo en el trasfondo cultural de la situación.
De indolencia Estatal a omisión, hay sólo un "tranco", el primer estadio es la tolerancia al juego clandestino, a la prostitución, al contrabando, en una especie de consideración como delitos "no tan graves". Pero verdaderamente grave es abrir estas puertas, porque por allí entran luego todas las formas de violencia, incluyendo el tráfico de drogas. ¿Por qué una autoridad que tolera el juego clandestino, no podrá tolerar estafas, o quien acepta la prostitución no puede evolucionar al tráfico y trata de personas?.
Estos disvalores son los que en realidad cimentan la inacción irresponsable del Estado, que preludian el fenómeno expansivo de la inseguridad que evoluciona sin solución de continuidad a violencia irracional y por eso no hay lugares neutrales o que puedan consconsiderarse sustraídos a las acciones delictivas.
El espacio de la violencia delictiva no reconoce de clases sociales, territorios blindados ni códigos. A todos llega, todo lo alcanza. Sólo es cuestión de tiempo y aceleracion en la evolución de la crisis. Cuenta solamente la voluntad del delincuente individual o en banda para avasallar al otro ignorando completamente a la autoridad Estatal. La sensación de impunidad domina la acción en las dos puntas; uno para actuar y el otro para ser víctima. Los escenarios donde operan organizaciones criminales que disputan territorios para su accionar son claros reflejos en este sentido. "Sustraen" espacios territoriales al control de la autoridad legalmente constituida.
El vandalismo y la extorsión (piquetes, cortes de ruta, escraches, etc) son las acciones de inicio que preludian el repliegue del Estado, dejando el espacio público liberado.
Todo ello con el aval (y por que no la directriz) del Gobierno de turno, que por incapacidad, afinidad ideológica o ineptitud, se retrae.
En la dinámica del caos aparecen acciones reaccionarias, tanto en la sociedad como en el aparato estatal se producen desprendimientos de grupos que, queriendo asegurar la autodefensa, emprenden acciones ofensivas e ilegales sobre sectores a los que atribuyen la inseguridad. En tal sentido los linchamentos, la justicia por mano propia y las ejecuciones sumarias son ejemplo de acciones reaccionarias ejecutadas fuera de los límites de la justicia.
Sólo reafirmando la identidad entre Estado, Derecho y Poder, estaremos en condiciones de desacelerar el avance hacia el caos. Pero para ello, el derecho debe ser el producto de valores culturales de la sociedad, y no de convenientes pero poco convincentes ocurrencias populistas y electoralistas; el Estado tener la legitimidad que no sólo dan los votos, sino el consenso social por el reconocimiento que le hace por sapiencia y propiedad y por último el Poder ejercido con autoridad y no con matonismo. ¿Cuán lejos o cerca de esto estamos? Cada ciudadano tenemos la respuesta.
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