Osiris Alonso DAmomio para JorgeAsisDigital.com. Lunes, 16 junio , 2014
El error de entregar Irak a Irán
Estados Unidos y los desastrosos fracasos geopolíticos de colección.
escribe Osiris Alonso D’Amomio
Internacionales, especial
para JorgeAsísDigital
para JorgeAsísDigital
Si decirlo es una obviedad, negarlo o atenuarlo es una muestra de mera obsecuencia con el poderoso que no sabe liderar.
Aquí debe tratarse el desconocimiento inexplicable de George Bush junior, el republicano brutal que -a partir de sus tergiversaciones intencionadas- arrastró a occidente hacia la invasión equivocada de 2003. Y sumarlo a las alarmantes vacilaciones del demócrata Barack Obama, El Keniano. En 2011, desesperado hasta la ceguera, abandonó el territorio. Sin dejar nada resuelto, más allá de algunas improvisaciones institucionales que contrastaban con la cultura del lugar.
Ambos, Bush y Obama, reaccionaban lógicamente ante los requerimientos de su sociedad. A través de la venganza, en el arrebato estratégico de Bush. Consecuencia del atentado a las Torres Gemelas que les deparó miles de muertos, y un tajo indeleble a la sensibilidad del orgullo. Superpotencia herida.
Obama,
en cambio, debía asumir el desastroso fracaso de colección de su
antecesor. La fatiga social de una ciudadanía hastiada por recibir
decenas de ataúdes semanales. De soldados (a veces indocumentados) que
volvían envueltos en banderas. Consecuencia de la guerra absurda que
para colmo ni entendían. Les provocó cinco mil muertos propios.
Sendas diplomacias, la de Bush con Colin Powell, y la de Obama con Hillary Clinton y después con John Kerry, supieron esmerarse académicamente en los desatinos. Hasta entregar los escombros de Irak, el país invadido y destrozado, en bandeja de plástico, a Irán.
Sendas diplomacias, la de Bush con Colin Powell, y la de Obama con Hillary Clinton y después con John Kerry, supieron esmerarse académicamente en los desatinos. Hasta entregar los escombros de Irak, el país invadido y destrozado, en bandeja de plástico, a Irán.
Improvisaciones compartidas
Al
dejar Irak al mando de los chiitas, Obama y (hoy) John Kerry, su
secretario de Estado, nada tienen que envidiarle, en la materia, a las
improvisaciones bartoleras de la presidente argentina, La Doctora, y de
su canciller Héctor Timerman. Porque la elevación práctica de Irán que
produjo la falta de diplomacia de Estados Unidos fue infinitamente más
grave que el intento de rubricar un tratado intrascendente. A los
efectos de esclarecer, en ambos casos, situaciones falsas. Forzadas.
Impugnables.
El fracaso de la intervención ilegítima en Irak derivó en una carnicería de elemental brutalidad. Al dejar precipitadamente afuera del poder a la confesión sunnita, el pobre Obama no sólo sentó las bases del próximo polvorín en Irak. Iba involuntariamente a agravar, también, las tensiones de Siria. Es donde el sunnita padece humillaciones trágicas desde hace medio siglo.
En Siria domina la minoritaria secta alawita, que se encuentra prácticamente adherida al chiismo. Explica el apoyo inalterable de Irán, que es Persa, a Siria, que es árabe. Unificados en la creencia chiita, que alude a una problemática compleja que el Departamento de Estado prefirió minimizar. O reducirla a la marginalidad de los intelectuales. A los analistas que sirven más para contar la clave de los desastres que para evitarlos.
Lo grave es que la misma explicación religiosa sirve hoy, ante la perplejidad del desinformado básico, para tratar el casi inexplicable acercamiento de Irán hacia los Estados Unidos que nunca se equivocan. Logra que Hasan Rohuanni, presidente persa, se permita la osadía de ofrecerle a los americanos actuar en cooperación para combatir el avance sunnita del EIIL. Estado Islámico de Irak y del Levante.
El fracaso de la intervención ilegítima en Irak derivó en una carnicería de elemental brutalidad. Al dejar precipitadamente afuera del poder a la confesión sunnita, el pobre Obama no sólo sentó las bases del próximo polvorín en Irak. Iba involuntariamente a agravar, también, las tensiones de Siria. Es donde el sunnita padece humillaciones trágicas desde hace medio siglo.
En Siria domina la minoritaria secta alawita, que se encuentra prácticamente adherida al chiismo. Explica el apoyo inalterable de Irán, que es Persa, a Siria, que es árabe. Unificados en la creencia chiita, que alude a una problemática compleja que el Departamento de Estado prefirió minimizar. O reducirla a la marginalidad de los intelectuales. A los analistas que sirven más para contar la clave de los desastres que para evitarlos.
Lo grave es que la misma explicación religiosa sirve hoy, ante la perplejidad del desinformado básico, para tratar el casi inexplicable acercamiento de Irán hacia los Estados Unidos que nunca se equivocan. Logra que Hasan Rohuanni, presidente persa, se permita la osadía de ofrecerle a los americanos actuar en cooperación para combatir el avance sunnita del EIIL. Estado Islámico de Irak y del Levante.
El EIIL
Ejecutado
Osama Bin Laden en un suburbio de Pakistán, la organización persistió,
en adelante, sin atisbos de liderazgo. Al comando de Al Qaeda quedó el
médico egipcio Ayman Al Zawahiri, un estratega que inicialmente conducía
la Jihad Islámica y estuvo por Buenos Aires en 1981, y tal vez también
en 1982, sin que la distraída inteligencia argentina haya registrado su
paso.
Pero desde que las tropas de elite americanas asesinaron a Osama el médico egipcio tuvo demasiadas dificultades para mantener unidas a sus cuantiosas franquicias. Pretendía acotar a la lucha en el interior de Siria, contra el implacable Bashar Al Assad, El Oftalmólogo (cliquear) que optó por la resistencia y con fría indiferencia ante la contabilidad de muertos. A los efectos de no entregarse cobardemente como Ben Alí, en Túnez, o como Moubarak, en Egipto. Y para no terminar asesinado como Kaddafi, en Libia.
Sin embargo el doctor Ayman Al Zawahiri no pudo imponer al Frente Al Nusra, su franquicia en Siria. E intentó desautorizar a Abu Bakr al Bagdadi. Pero Zawahiri quedó reducido a los plácidos atributos de un socialdemócrata si se lo compara con Abu Bakr, el hombre fuerte del EIIL. Es quien proyecta crear un califato fundamentalista en la región. Exactamente en el norte, entre Siria e Irak, dos estados artificiales diseñados como consecuencia del pacto Sykes-Picot, de 1916. Entre los franceses e ingleses victoriosos de la gran guerra. Mark Sykes y Francois Georges-Picot se distribuyeron para Inglaterra y Francia los riquísimos restos del imperio otomano. Con una frivolidad que anticipaba las luchas que culturalmente preferían no entender.
Pero desde que las tropas de elite americanas asesinaron a Osama el médico egipcio tuvo demasiadas dificultades para mantener unidas a sus cuantiosas franquicias. Pretendía acotar a la lucha en el interior de Siria, contra el implacable Bashar Al Assad, El Oftalmólogo (cliquear) que optó por la resistencia y con fría indiferencia ante la contabilidad de muertos. A los efectos de no entregarse cobardemente como Ben Alí, en Túnez, o como Moubarak, en Egipto. Y para no terminar asesinado como Kaddafi, en Libia.
Sin embargo el doctor Ayman Al Zawahiri no pudo imponer al Frente Al Nusra, su franquicia en Siria. E intentó desautorizar a Abu Bakr al Bagdadi. Pero Zawahiri quedó reducido a los plácidos atributos de un socialdemócrata si se lo compara con Abu Bakr, el hombre fuerte del EIIL. Es quien proyecta crear un califato fundamentalista en la región. Exactamente en el norte, entre Siria e Irak, dos estados artificiales diseñados como consecuencia del pacto Sykes-Picot, de 1916. Entre los franceses e ingleses victoriosos de la gran guerra. Mark Sykes y Francois Georges-Picot se distribuyeron para Inglaterra y Francia los riquísimos restos del imperio otomano. Con una frivolidad que anticipaba las luchas que culturalmente preferían no entender.
Avance hacia Bagdad
La
cuestión que el EIIL, al mando de Abu Bakr al Bagdadi, avanza hacia
Bagdad y deja en el camino un tendal de cadáveres. Se hizo del poder en
la estratégica Mosul, capital de la norteña provincia de Nínive, segunda
ciudad en importancia de Irak. La conmovedora sumisión a Alá no logra
evitar el despojo voraz de 135 millones de dólares. Los aguardaban en
las cajas blindadas de los bancos de Mosul. También se hicieron cargo de
la doble simbología de Tikrit, en la provincia de Salah Din. En Tikrit
transcurre el primer símbolo, más cercano, porque en Tikrit nació el
conductor Sadam Hussein, inicialmente cortejado y armado por los
occidentales con el dinero del reino de Arabia Saudita. Para convertirse
en un tiranuelo regularmente cruel del partido BAAS que fue derrocado
por error y humillantemente asesinado con una ejemplaridad universal.
Como si fuera el Bin Laden que el propio Sadam combatía. Pero sobre todo
interesa el segundo símbolo. Es Salah Din, la provincia que debe su
nombre al castellanizado Saladino, máximo héroe del islamismo. El mítico
vencedor de Las Cruzadas, Siglo XII (leer, a propósito, “Las Cruzadas
vistas por los árabes”, del novelista libanés Amin Maaluf).
Final con drones
Mientras tanto Rohuanni, el presidente chiita del persa estado de Irán, le ofrece a Obama, su ex enemigo, la cooperación para encarar el mismo combate.
Pero
se presume que Obama no va a entrar en el juego. De ningún modo El
Keniano va a comprometerse con otra aventurada invasión. Derivaría en un
cuarto fracaso, para coleccionar. Aunque Obama probablemente considere
la idea de enviarles drones. Son los aviones de ciencia ficción,
piloteados a distancia desde el laboratorio de una ciudad pacífica. Los
drones por suerte no necesitan siquiera del exterminio de un
indocumentado. Procedente, por ejemplo, de Honduras, o de El Salvador,
un héroe decidido a morir por la instalación próspera de su familia en
Estados Unidos, para volver, acaso, en un ataúd envuelto en una bandera.
Osiris Alonso D’Amomio
para JorgeAsisDigital.com
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