Un fallo que revitaliza el ultracristinismo
La victoria judicial de los holdouts golpea la estrategia de Kicillof.
Ayer, la decisión de la Corte Suprema de los EEUU de no aceptar
tratar la controversia entre el Estado argentino y el fondo NML de Paul
Singer, volvió a cambiar el escenario económico y político. Aunque hay
versiones para todos los gustos, anoche se daba por hecho que el
gobierno apelara la decisión del supremo tribunal norteamericano
mientras intente alguna última negociación con los holdouts
ahora vencedores. La preocupación por la inminencia de embargos sobre
los fondos destinados al pago de los intereses de la deuda
reestructurada surgió claramente en el discurso de CFK, que habló de que
había impartido instrucciones para que se adoptaran las medidas para
cumplir con los próximos vencimientos. Esto pareció aludir a la
posibilidad de cambiar el domicilio de pago de Nueva York, por ejemplo a
Buenos Aires, para eludir probables embargos. De un modo u otro, la
inminencia del default de la deuda no reestructurada afectó el proceso
de aproximación entre el gobierno nacional y los organismos financieros
internacionales, que empezó con los acuerdos con el CIADI, siguió con el
arreglo con REPSOL y culminó con el acuerdo con el Club de París. La
incógnita es cuánto influirá la nueva fase del litigio -sobre todo si
hay default técnico- en la posibilidad de la toma de créditos en el
mercado externo, que tiene en preparación Axel Kicillof para remontar el
año electoral.
La presidente ayer se definió como extorsionada por NML, lo que
significa que una eventual negociación con Singer implicaría la
aceptación de la extorsión. También quedó ayer al descubierto que las
supuestas gestiones a favor de Argentina del Departamento de Estado ante
la Corte Suprema o no existieron o tuvieron resultado negativo, cuando
hasta hace algunas horas la mayor parte de los analistas aseguraban que
el tribunal le giraría el expediente al Procurador General para que
opine, dándole así varios meses más a la Casa Rosada.
