SALTA, ¿LA DIGNA?
El jueves 02 de Julio de 2015 acudí al Centro Naval, Av. Córdoba esquina
Florida, Capital Federal, para la proyección del documental "La
Escuelita de Manchalá", obra de Sandro Rojas Filártiga.
En el evento, desarrollado a sala llena, acompañaron al director del
documental el periodista Juan Bautista "Tata" Yofré y David San Román,
un joven estudiante de ingeniería que participa del "Centro de Estudios
Salta".
Oportuno y necesario, el documental permite conocer los testimonios de
los combatientes salteños que, participando en Tucumán del Operativo
Independencia, enfrentaron y pusieron en fuga a más de un centenar de
guerrilleros del ERP en el Combate de Manchalá, librado el 28 de Mayo de
1975.
Esos soldados argentinos, orgullo de la nacionalidad, merecieron un
monumento con el que Salta recordaba la hazaña de sus valientes, es
decir: se vanagloriaban los salteños de continuar la estirpe corajuda de
Don Martín Miguel de Güemes. Así fue hasta que el proceso de desmemoria
colectiva implementado por el kirchnerismo impuso que fuera demolido. Y
los salteños, ¡qué vergüenza Salta!, lo dejaron demoler.
No puedo escribir estos renglones sin brotarme de indignación. No
consiento que con argumentos de una falsedad tan burda como para
lesionar cualquier mínimo de vida inteligente, los salteños hayan
permitido que un gobierno cerdo, dicho en términos de Orwell, los
arreara amnésicos a la indignidad de dejarse robar del libro de su
historia esa página de gloria.
Es insultante que se llame "genocidas" a los 11 soldados y 2 suboficiales que en defensa de la integridad territorial y la Constitución Nacional mantuvieron flameando en alto y con toda dignidad la Bandera Argentina allí mismo, en Tucumán, donde los esbirros de la dictadura castrista pretendían demoler nuestro estilo de vida y reemplazar la Generala Albiceleste por un sucio trapo rojo. ¡Los genocidas eran los montoneros y erpianos! Esas fieras sedientas de sangre que queriendo mil Vietnam pisaban nuestro suelo soñando con repetir las matanzas infames de Stalin y Pol Pot.
Se creería que la sangre de Güemes ya no corre por las venas de los salteños, y que allí donde había identidad, orgullo, coraje, Patria en una palabra, no queda más que agua destilada infecta por ese material espurio que compone la mezcla amnésica de indiferencia y cobardía.
Es insultante que se llame "genocidas" a los 11 soldados y 2 suboficiales que en defensa de la integridad territorial y la Constitución Nacional mantuvieron flameando en alto y con toda dignidad la Bandera Argentina allí mismo, en Tucumán, donde los esbirros de la dictadura castrista pretendían demoler nuestro estilo de vida y reemplazar la Generala Albiceleste por un sucio trapo rojo. ¡Los genocidas eran los montoneros y erpianos! Esas fieras sedientas de sangre que queriendo mil Vietnam pisaban nuestro suelo soñando con repetir las matanzas infames de Stalin y Pol Pot.
Se creería que la sangre de Güemes ya no corre por las venas de los salteños, y que allí donde había identidad, orgullo, coraje, Patria en una palabra, no queda más que agua destilada infecta por ese material espurio que compone la mezcla amnésica de indiferencia y cobardía.
Y sin embargo no puede ser así. De ninguna manera será Salta una tierra
de cobardes, esto es una infección pasajera producto del envenenamiento
por odio que corroe al país en la década infame de Néstor Kirchner y
Cristina Fernández.
Yo sé que Salta es coraje, dignidad, orgullo y espíritu de Nación, lo muestra el documental de Rojas Filártiga al registrar las miradas limpias y las voces claras de los soldados de la Compañía de Ingenieros de Montaña 5, auténticos jóvenes idealistas que cambiaron el curso de la guerra reparando una escuela y poniendo el pecho frente al invasor.
Yo sé que Salta es coraje, dignidad, orgullo y espíritu de Nación, lo muestra el documental de Rojas Filártiga al registrar las miradas limpias y las voces claras de los soldados de la Compañía de Ingenieros de Montaña 5, auténticos jóvenes idealistas que cambiaron el curso de la guerra reparando una escuela y poniendo el pecho frente al invasor.
Y sé también que no fueron los últimos de esa estirpe bravía de Güemes y
sus gauchos, porque no olvido, ni permito que olviden, que también hay
sangre salteña ofrendada en Malvinas a la dignidad de la Patria.
Será que hay muchos cobardes hoy en Salta y eligen mirar para otro lado. Será. Pero que no se les permita decirse salteños, título que ningún desagradecido merece. Salteños son los que desafían la desmemoria, la mentira y el engaño, como David San Román, que a sus 23 años se planta con un orgullo que emociona y contagia a proclamar que Salta no olvida a sus héroes -ni a sus enemigos-.
Yo te pregunto salteño, ¿quién es tu hermano y quién es tu enemigo? Entonces, cuando el Concejal electo Andrés Suriani proponga (pues seguramente lo hará) volver a levantar un monumento a la victoria de los salteños, y de la Patria toda, en el Combate de Manchalá, espero verte ahí, poniendo ladrillos o cincelando el bronce con tu propia mano. Que Salta sea: "Salta, la digna".
Será que hay muchos cobardes hoy en Salta y eligen mirar para otro lado. Será. Pero que no se les permita decirse salteños, título que ningún desagradecido merece. Salteños son los que desafían la desmemoria, la mentira y el engaño, como David San Román, que a sus 23 años se planta con un orgullo que emociona y contagia a proclamar que Salta no olvida a sus héroes -ni a sus enemigos-.
Yo te pregunto salteño, ¿quién es tu hermano y quién es tu enemigo? Entonces, cuando el Concejal electo Andrés Suriani proponga (pues seguramente lo hará) volver a levantar un monumento a la victoria de los salteños, y de la Patria toda, en el Combate de Manchalá, espero verte ahí, poniendo ladrillos o cincelando el bronce con tu propia mano. Que Salta sea: "Salta, la digna".
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