“Cuando
busco más a fondo – dijo el Papa – me parece que es más bien una
especie de moda ["fashion" en el original inglés de la noticia]. Y si se
trata de una moda, por lo tanto, no es una cuestión que necesite mucha
atención. Sólo es necesario mostrar un poco de paciencia y amabilidad
con las personas que son adictas a una cierta moda. Pero considero de
gran importancia profundizar en las cosas, porque si no profundizamos,
ninguna forma litúrgica, ésta o aquélla, nos puede salvar “. (Francisco al Arzobispo Jan Graubner, de Olomouc – Ver original)
¿Qué
creían que Francisco iba a hacer cuando se sentó en la Silla de Pedro?
Anular la Eucaristía. Pero necesita tiempo. Dio un palo a los
Franciscanos de la Inmaculada, porque siguen una liturgia que ha
santificado a muchas almas en la Iglesia durante siglos. Y eso no le
gusta a Francisco porque él vive para condenar almas, no para indicarles
el camino de la santidad.
“Sólo es necesario mostrar un poco de paciencia y de amabilidad”:
éste es el gran engaño de Francisco: un lobo que se viste de paciencia y
de amabilidad, para después, atacar la verdad en la Iglesia, para
destruir las almas y darles el alimento de la condenación. Con una
sonrisa Francisco destruye la Verdad en la Iglesia. Con un gesto de
amabilidad. Con su nefasto evangelio de la fraternidad, Francisco da a
la Iglesia el camino de la condenación.
“La liturgia no es una cuestión que necesite mucha atención”;
es decir, Cristo es una basura en la Iglesia. A Cristo no hay que
atenderlo. La Misa no es lo importante en la Iglesia. Los sacerdotes no
son lo principal en la Iglesia: si un sacerdote celebra como un payaso
una Eucaristía eso es bueno, eso es la moda, eso tiene que ser una Misa.
Lo importante es vestirse como un payaso. Eso es la moda. Eso es lo que
quieren las nuevas generaciones de sacerdotes.
¿Qué
se puede esperar de un hombre que está sentado en la Silla de Pedro y
que no ama la Eucaristía? Y quien no ama a Cristo, quien no le dedica el
tiempo de su vida e intenta imitarlo hasta en los más pequeños detalles
de una celebración eucarística, entonces destruye la misma Iglesia.
La
Iglesia es la Eucaristía. Según se trate la Eucaristía así está la
Iglesia. Según los sacerdotes y los Obispos celebren una Eucaristía, así
se obra la verdad en la Iglesia o la mentira. Todo depende de cómo el
sacerdote celebre una misa. Todo en la Iglesia está pendiente de la
acción eucarística de los consagrados.
Si
la Jerarquía no cuida a Cristo en la Santa Misa, se acabó la Iglesia.
Si la Jerarquía ve la Santa Misa como una moda, la consecuencia es
clarísima: se destruye la Eucaristía, se anula a Cristo en la Iglesia.
Se acaba la Iglesia.
Esta
verdad no se medita en profundidad por los sacerdotes y Obispos. Muchos
de ellos ya no celebran la Misa, sino que hacen su comedia en el altar,
porque no sólo hay que tener intención de celebrar la misa, sino que es
necesario tener fe en lo que se obra.
Muchos
dicen las palabras correctas de la consagración, con una recta
intención, pero no tienen fe. Porque la intención no está en decir las
palabras, sino en creer en lo que se dice.
Muchos
dicen las palabras pero no creen en lo que están diciendo. Ésta es la
obra de teatro de muchos sacerdotes y Obispos. Y esto es lo que hace
Francisco cada día: dice las palabras de la consagración, pero no cree
en ellas. Tiene intención de decir las palabras, pero no tiene intención
de obrar lo que dice, porque no cree.
Éste
es el punto que muchos no disciernen en los Sacramentos. La intención
no está en lo exterior de la acción, de las palabras. La intención está
en la voluntad de la obra. Se dicen unas palabras, se hacen unos gestos,
unos ritos, para una obra sobrenatural. Si se anula esa obra
sobrenatural, sólo queda la obra natural, lo exterior de acción
litúrgica.
Y para anular la obra sobrenatural es necesario no tener fe en lo que se está realizando.
Si
un sacerdote se viste de payaso para celebrar una misa, eso señala que
no tiene fe y, por tanto, está haciendo una comedia. Y, cuando da la
comunión, está obligando a dar culto a las personas a un trozo de pan.
Se adora a un pan, pero no a Cristo. Y esto produce dentro de la Iglesia
una Justicia Divina. La acción de ese sacerdote que celebra de esa
manera abre la puerta del infierno para hacer caminar a toda la Iglesia
hacia la condenación. Y esa acción de ese sacerdote se siente en toda la
Iglesia, no sólo en ese lugar que se hizo ese sacrilegio.
Cuando
un sacerdote, de forma clara, predica herejías; es decir, va en contra
de los dogmas, de las verdades de la Iglesia, y así lo predica a sus
fieles; entonces sólo hace su obra de comedia en el altar. Es el caso de
Francisco y de todo su gobierno horizontal, que es un gobierno de
herejes. Claramente predican y obran sus herejías, porque van en contra
de muchos dogmas, que hay que creer para tener fe.
Quien
anule un dogma, ya pierde la fe. Por el solo hecho de no creer en la
Inmaculada, la persona ya no tiene fe. Por el solo hecho de no creer en
el infierno, la persona ya no tiene fe. O se creen en todos los dogmas o
no hay fe. O estás con Dios o estás con el demonio, pero no puedes
servir a dos señores.
Es
muy fácil perder el don de la fe, hoy día, dentro de la Iglesia. Se
está predicando mentiras, engaños, herejías, falsedades. Y eso quita la
fe de las almas. Y las almas ya no creen en el pecado, ni en el
purgatorio, ni en el infierno, ni en otras muchas verdades, y eso la
pérdida de la fe. Eso es la apostasía de la fe.
Predicar
mentiras desde el púlpito es llevar a la Iglesia hacia la condenación. Y
es lo que se está haciendo en toda la Iglesia desde que Francisco subió
a la Silla de Pedro.
Predicar
un comunismo y un protestantismo, como lo hace Francisco todos los
días, eso es la apostasía de la fe. Estamos ante una Iglesia sin fe, que
va camino del infierno llevada por las palabras tiernas, amables,
pacientes, dulces de un hereje.
¡Esta es la realidad que muchos no quieren aceptar en la Iglesia! ¡Esta es la única realidad!
Muchos
sacerdotes y Obispos engañan a muchas almas en la Iglesia porque ya han
perdido la fe en Cristo, la fe en la Palabra de Dios, la fe en la Obra
de Cristo, que es la Iglesia. Y, por eso, son como los fariseos:
construyen su iglesia a su manera humana, según sus ideales humanos,
según las modas de los hombres, según sus culturas, según la necedad que
haya en cada mente humana.
Y
esto es solo Francisco: un hombre sin sabiduría divina, sin la gracia
divina, sin el Espíritu Divino y, por tanto, un hombre que no sólo es
pecador, como todos los hombres somos, sino que es un amador de su
pecado. Ama su pecado. Y quien ama su pecado, odia la ley divina.
«Amo tu ley y odio mi iniquidad»
(Sal 119, 113). No se puede amar la ley de Dios, no se puede cumplir
los mandamiento de Dios si se ama el pecado, si se vive en el pecado, si
se hace del pecado una vida, una obra, un bien, una verdad, un derecho,
una obligación.
Quien
ama su pecado en la Iglesia destruye la Iglesia. Cristo ha puesto un
camino para quitar el pecado: el sacramento de la Penitencia. Ya no hay
excusa para seguir en el pecado. Ya está la Gracia que vence todo
pecado. Pero como las almas no creen en el pecado, entonces hacen de la
confesión un lugar para desahogarse, pero no para quitar el pecado. Y
quien no cree en el pecado, quien no va a la confesión para quitar el
pecado, ya perdió la fe, ya no puede salvarse. Y aquel sacerdote que en
la confesión dice que ya no existen pecados, que ese pecado que le dice
el penitente no es pecado, entonces ya no absuelve, porque ya no tiene
fe.
Quien
ama su pecado, destruye la Iglesia, porque está dentro de Ella obrando
su iniquidad. Y eso produce la división de toda la Iglesia. Eso marca un
camino de demonios dentro de la Iglesia. Quien ama su pecado, obra su
pecado y, por tanto, obra lo que el demonio quiere dentro de la Iglesia.
Camina junto al demonio realizando lo que él quiere en la Iglesia.
No
son tiempos en la Iglesia para estar diciendo que todo va bien y que ya
Dios quitará está situación, que ya Dios resolverá. Que es mejor seguir
a Francisco, acomodarse a sus estupideces; que no importa sus palabras;
que no son magisteriales; que la infalibilidad de un Papa no hay que
verla así, hay que entenderla de otra manera. Ya Benedicto XVI renunció,
y la vida sigue. Por tanto, hay que apoyar a Francisco porque así lo
quiere Dios. Así piensan muchos por su falta de fe.
Si
creyeran en las mentiras que dice Francisco, entonces tendrían fe y
lucharían en contra de Francisco, y le dirían que se vaya de la Silla de
Pedro, porque está haciendo mucho mal con sus mentiras, con sus
engaños, con sus declaraciones, con sus escritos, con su evangelio de la
fraternidad, con su cultura del encuentro. ¡Muchísimo daño! Pero ya ven
las mentiras de Francisco como verdades. Se acabó la Iglesia.
Si
hubiera fe en la Jerarquía de la Iglesia entonces obrarían en contra de
Francisco. Pero han perdido la fe y todos están haciendo su comedia en
la Iglesia. Todos se dedican a hacer una iglesia más humana, más
fraterna, más materialista, más comunista, más protestante, más
pecadora. Y ¿por qué? Porque no tienen fe. En consecuencia, está en la
Iglesia para agradar a los hombres, para contentar a Francisco y para
decir que hay que obedecer al Papa.
Y
la Iglesia no la hace Francisco ni su gobierno de herejes. La Iglesia
no vive de herejías, ni de mentiras, ni de fraternidades, ni de
comunismos. La Iglesia es la Obra de la Verdad. Y la Verdad es Cristo. Y
aquellos, como Francisco y toda la Jerarquía que le acompaña, que le da
culto a su necio pensamiento de hombre, que sólo mira el comunismo y el
protestantismo, haciendo de la Iglesia una opción para caminar hacia el
infierno,, no son Iglesia, no hacen Iglesia, no pertenecen a la Iglesia
verdadera, a la Iglesia Católica.
Francisco
no es de la Iglesia Católica. Él se ha inventado su iglesia en Roma. Y a
consolidar esa nueva iglesia es por lo que está trabajando. Y, por eso,
le importa poco la liturgia y la celebración de la santa misa. Él está
para profundizar en su pecado y hacer que toda la Iglesia camine en su
mismo pecado. Y hay que tomar partido ya en la Iglesia: o con Francisco o
en contra de Francisco. O con el anticristo o en contra del anticristo.
O con la mentira o en contra de la mentira.
Después
de un año de la renuncia de Benedicto XVI sólo queda una cosa: irse de
las estructuras de Roma porque ya no sirven para ser Iglesia ni para
hacer la Iglesia. Esa es la enseñanza que ha dejado la renuncia del Papa
verdadero, auténtico, legítimo, que es Benedicto XVI.
Francisco
es un impostor, un lobo vestido de Papa, que sólo sirve para condenar a
las almas al infierno. Y las lleva con una sonrisa en los labios, con
un gesto de amabilidad, con un abrazo infernal.
