Osiris Alonso DAmomio para JorgeAsisDigital.com. Viernes, 21 febrero , 2014.
No es fascismo, Maduro, es hartazgo
EDITORIAL: Ausencia de liderazgo. Dilma y Cristina caen en la indignidad geopolítica.
escribe Osiris Alonso D’Amomio
Política Internacional, especial
para JorgeAsísDigital
para JorgeAsísDigital
Inepto, escandalosamente grotesco, el improvisado presidente Nicolás
Maduro profundiza los desastres legados por el extinto Hugo Chávez.
Arrastra a la Venezuela Bolivariana hacia el dilatado calvario que
avergonzaría hasta la memoria de Simón Bolívar. Arrastra además, por si
no bastara, a las presidentas Dilma y Cristina hacia la indignidad
geopolítica. Y permite que Obama, gratuitamente, se consolide como un
sólido estadista que llama a la racionalidad del diálogo tan imposible
como la sensatez.
Lo que se subraya es la inadmisible falta de liderazgo en el subcontinente.
Ni Brasil ni Argentina asumen el peso de su historia.
Tanto Dilma como Cristina se extravían al confundir el sentido de la solidaridad política. Ambas, con su distante complacencia, se inmolan en la peor complicidad.
Lo que se subraya es la inadmisible falta de liderazgo en el subcontinente.
Ni Brasil ni Argentina asumen el peso de su historia.
Tanto Dilma como Cristina se extravían al confundir el sentido de la solidaridad política. Ambas, con su distante complacencia, se inmolan en la peor complicidad.
Debe tenerse en cuenta que por aquella payasada equivocada del avión del Evo que nadie desvió, los emocionados mandatarios del subcontinente se auto-convocaron, en su oportunidad, para una cumbre retóricamente inflamada de la Unasur. A los efectos de ensayar un antimperialismo de utilería oral que remitía a la adolescencia ideológica destinada al consumo interno.
Hoy,
en cambio, al optar -ante las imposturas de Maduro- por la conveniencia
del silencio, los mandatarios confirman que dejaron de sobreactuar el
redituable patriotismo. En adelante son, también, cómplices.
En su magnífica impotencia, Maduro y los bolivarianos movilizados
caen en las barbaridades de manual. Las que supieron aplicar los
dictadores árabes que parecen, en el fondo, inspirarlo. Los que culparon
de sus males y fracasos a la cadena Al Jazeera, del siempre sospechado
Qatar.
Para algarabía de los pintorescos bolivarianos con cascos rojos, Maduro prefiere emprenderla contra la CNN. Aunque si se la compara con el tratamiento informativo de Telesur, debe destacarse a la CNN como el máximo ejemplo de objetividad.
Para algarabía de los pintorescos bolivarianos con cascos rojos, Maduro prefiere emprenderla contra la CNN. Aunque si se la compara con el tratamiento informativo de Telesur, debe destacarse a la CNN como el máximo ejemplo de objetividad.
El chavismo póstumo y el hartazgo
Cuesta asegurar, a esta altura, la estabilidad del insolvente chavismo póstumo.
Sin la fraseología, sin la audacia, sin sobre todo la astucia inteligente del animador principal que condujo la debacle, y en medio del descalabro económico que agrava la dimensión del fracaso, ningún Maduro ni Diosdado podrá sostenerse al frente del gobierno (si aún se lo puede llamar así).
El 2019 está mucho más allá de la posteridad. Y la estabilidad bolivariana no peligra porque el colectivo revolucionario se encuentre hostigado por una tenebrosa banda armada de fascistas financiados por Washington, como no para de comunicarse en Telesur.
Si la estabilidad del chavismo póstumo peligra es por el colapso fatal de la falta de estrategia económica que condujo al desabastecimiento. Hacia el rencor de la división, la corruptela desenfrenada, el desperdicio de la riqueza dilapidada y la inseguridad que rebela.
Si el chavismo póstumo se pulveriza es por el hartazgo de su sociedad.
Entonces no es fascismo, Maduro, es hartazgo.
Sin la fraseología, sin la audacia, sin sobre todo la astucia inteligente del animador principal que condujo la debacle, y en medio del descalabro económico que agrava la dimensión del fracaso, ningún Maduro ni Diosdado podrá sostenerse al frente del gobierno (si aún se lo puede llamar así).
El 2019 está mucho más allá de la posteridad. Y la estabilidad bolivariana no peligra porque el colectivo revolucionario se encuentre hostigado por una tenebrosa banda armada de fascistas financiados por Washington, como no para de comunicarse en Telesur.
Si la estabilidad del chavismo póstumo peligra es por el colapso fatal de la falta de estrategia económica que condujo al desabastecimiento. Hacia el rencor de la división, la corruptela desenfrenada, el desperdicio de la riqueza dilapidada y la inseguridad que rebela.
Si el chavismo póstumo se pulveriza es por el hartazgo de su sociedad.
Entonces no es fascismo, Maduro, es hartazgo.
En adelante los aventureros que accedan al poder en el subcontinente tendrán que contemplar la variable concreta del hartazgo. El cansancio moral de los ciudadanos que sin más nada para perder deciden salir directamente a la calle. Con una cacerola o un insulto. Es el escenario moderno de la batalla, que enriquecen las redes sociales y multiplican los medios de comunicación.
La
legitimidad del acceso al poder debe cotejarse cotidianamente, con la
legitimidad para justificar la permanencia. Sin producir el previsible
agotamiento de “la sociedad harta que espera” (cliquear).
Sin canales de representación. Ante la insuficiencia de una oposición
que no puede aprovechar la potencia de la multitud que oposita.
Vaya entonces, como principio ético, la solidaridad con los hartos de la Venezuela Bolivariana que agoniza.
Vaya entonces, como principio ético, la solidaridad con los hartos de la Venezuela Bolivariana que agoniza.
Osiris Alonso D’Amomio
para JorgeAsisDigital.com
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