ANDRÉS CARBALLO: INQUIETUD, DESASOSIEGO, DESESPERANZA
Oía voces, al parecer autorizadas; que
repetían a voz en grito que M. Wiliamson era un hombre formado en el más
acendrado ¿tomismo? y en la más “pura escolástica”, ah…pero ya no es ni
una ni dos, sino muchas las evidencias que me han hecho reflexionar
sobre los devaneos y actitudes proclives a la obra destructora de la
Roma modernista y apóstata por la que iban a dirigirse los hombres en
que M. Lefebvre apostó y que al mismo tiempo iban a consumar y destruir
el único obstáculo por el cual, tanto M. Lefebvre como M. de Castro
Mayer pusieron todo su amor, cariño y desvelo. Ya no me refiero, por
manido, ni a la aceptación del detestable Motu Proprio Summorum
Pontificum ni a la aceptación, al mismo tiempo…. del lamentable,
ridículo y detestable espectáculo que ocasionó el levantamiento de las
“excomuniones” dos actos despreciables que al fundador de la Fraternidad
ni se le hubiese pasado por la cabeza asentir. Ha habido muchas más, la
última no es otra que este “silogismo” que nos propone M. Williamson,
dejando patente su presunto desconocimiento de la lógica aristotélica
más elemental. Nos propone dos premisas y una conclusión, perdón…. dos
conclusiones contrapuestas e inadmisibles desde todo punto de vista
lógico) planteado repito por M. Williamson; y resulta que de silogismo
no tiene ni siquiera el nombre, ya que existe en ese sofisma una clara y
evidente cuadruplicidad de términos, faltando por lo tanto a la primera
ley de las ocho que propuso Aristóteles y que más tarde sistematizaron
sus discípulos medievales. Ya sabemos que las cuatro primeras reglas se
refieren a los términos o materia remota y las cuatro últimas hacen
referencia a la materia próxima del silogismo, es decir a las
proposiciones.
Veamos entonces cómo M. Williamson
introduce disimuladamente un cuarto término, aparentando repetir uno de
los anteriores, aprovechando la equivocidad de las palabras. Este
sofisma se conoce con el nombre de la cuadruplicidad de términos como ya
cité anteriormente.
La primera ley silogística dice así: “Terminus esto triplex: Maior, mediusque, minorque. (Los términos son tres: mayor, medio y menor).
Ergo para construir esta caricatura de
“silogismo”, utiliza cuatro términos: 1.- Los Papas; 2.- Infalibles;
3.- Papas conciliares y 4.-Liberales. Con lo cual no cabe ninguna
conclusión, aunque él saca dos: una para los sedevacantistas (los
espantapájaros utilizados por la Roma modernista) y otra para los
liberales, que según él, en su ilusión por seguir con su juegos
malabares, los sigue poniendo al mismo nivel y se inventa ese sofisma
que no demuestra nada, nada y nada. Y por el contrario confunde,
decepciona y evita el acercamiento de aquellos que sin hacer del
sedevacantismo un dogma de fe, porque no lo es, tenemos conciencia de
que una cabeza que se ha separado del cuerpo por la herejía, no puede al
mismo tiempo seguir siendo parte de ese mismo cuerpo del cual se
separó. Con ese sofisma llega por el contrario a una conclusión o dos
que son lógicamente imposibles. El sedevacantismo, no el viscerotónico,
sino el basado en la secular y bimilenaria doctrina de la Santa Iglesia
Católica Apostólica y Romana, avalado por grandes Santos, grandes
Teólogos y Grandes Papas no es ningún pecado y el liberalismo sí lo es.
Y luego…. continúa su “eleison” con unas
elucubraciones sin sentido, con falta de equilibrio y sin que los
lectores se enteren de a donde quiere llegar, mas parece un monólogo de
esos que el interlocutor se queda en “babia”, que una declaración propia
y contundente de un obispo tradicionalista, heredero doctrinal del Gran
Arzobispo M. Marcel Lefebvre.
Andrés Carballo.
