NI EL ERP LOS TOLERA.
Por Luis Mattini
La política se ha retomado, dicen los kirchneristas y sus aliados de
oro, los stalinistas, mirando a su propia imagen en el espejo que se la
devuelve, como a Narciso, remozada, recuperada de la catástrofe.
Entre paréntesis, no caben dudas que los dos dogmas eternos que creó
la humanidad son el catolicismo y el stalinismo; parecen
indestructibles.
Pero, yendo a tema del título, es al menos extraño alabar el retorno
de la política en un país donde el Gobierno vive haciendo trampas
legales, desestima a la oposición y sigue pegando después de haber
prometido que la nueva ley electoral era para sanear el sistema.
Creo que hace más de un lustro que los constituyentes, entre ellos la
Cristina y su marido calificaron a los partidos políticos, que poco y
nada antes habían sido mencionados en la Constitución, como
“instituciones fundamentales del sistema democrático”, con lo cual se
hermanaron también con el mito liberal del llamado pluripartidismo
supuestamente garante de la democracia representativa.
Pasada la implosión del 19 y 20 de diciembre, algunos partidos
recuperaron parte de sus energías internas pero en su mayoría se
dedicaron a las competencias electorales y al trapichuleo de
candidaturas.
Crecieron como hongos en tierra húmeda los llamados “espacios”, como
si se hubiese descubierto la Asamblea del Ágora, no en la pequeña
Atenas, sino en una gran Urbe como es Buenos Aires.
Los límites fueron de los más chirles, fofos, donde lo ideológico
serio, de izquierda a derecha, brillaba por su ausencia, bien parecido a
la típica fatuidad del mundo el deporte.
Si hace décadas algunos pensadores franceses habían enunciado que la
política se había transformado en espectáculo, ahora, por lo menos en
Argentina, la política se transformó en un evento deportivo.
Los políticos parecen jugadores hablando de la mala o buena suerte en
la cancha. Les falta el detalle de mascar chicles y torcer un poco más
la boca para responder a los reporteros. La cara, ya la tienen.
Por eso es que hay que tener muy en cuenta que esta pretenciosa idea
de esa supuesta recuperación de la política no parte de la información
fehaciente sobre la batida de todos los records conocidos en cantidad de
partidos oficializados durante el gobierno de Kirchner, se calcula
entre setecientos y ochocientos.
Así es como se mantiene en el país un aparato partidista enclenque
que, sin embargo, aparenta reunir mucha gente. Pero lo curioso es que si
bien se dice que uno de cada tres ciudadanos está afiliado a algo, es
bien difícil encontrar a una persona que te indique la dirección de un
local partidario.
Esta tremenda burocracia partidaria debería ser un llamado de
atención sobre la amenaza de una calamidad en la burocracia estatal
futura. Es decir, si así son los simples afiliados, qué no serán cuando
asuman cargos en el Estado.
Vistas las cosas de este modo, se comprende que el supuesto
fortalecimiento de la política, la supuesta recreatividad, no es la
señal de un resplandecer colectivo sino de la constitución de facciones
kirchneristas y sus flamantes aliados, estos stalinistas que ahora se
lavan definitivamente las culpas de la Unión Democrática, agrupadas en
torno al aparto del Estado.
Muchos son empleados públicos y de esta manera se están repitiendo,
no las mejores experiencias, sino algunas de formas más negras del
peronismo, como recuerdan nuestros padres y abuelos.
Están vendiendo un buzón: pretenden que estos hechos pueden
compararse con las épocas de las juventudes políticamente comprometidas
de hace varias décadas, digamos de los sesenta o setenta.
Pero olvidan que aquel compromiso, cuyo símbolo fue el Mayo francés, no toleraba, ni por asomo, ni un atisbo de frivolidad.
No había lugar para los émulos de Tinelli o Mirtha Legrand.
Claro que los rasgos nostálgicos de esta comparación ya que la
inaudita – y sobre todo inédita– banalidad contemporánea, presente desde
el estadio de River Plate, pasando por el diario La Nación, publicando
suplementos tilingos, incluída cierta sospechosa vulgata en relación a
la remodelación del Teatro Colón hasta, por supuesto, la Televisión, nos
deja un poco como viejos gruñones. No hay nada que nos venga bien. Sólo
que en nuestra juventud tampoco hubo nada que nos viniera bien y por
eso nos hicimos guevaristas.
Que los jóvenes supuestamente hayan vuelto a la política de la mano
de una organización juvenil que lleva el nombre de un político
conservador, no es poco detalle de época.
Que Héctor Cámpora fue quizás una excelente persona, que tuvo el
mérito de firmar el decreto de liberación de los presos políticos en
1973, no quita que era un conservador. Pero eso nos recuerda que el
Frejuli fue a elecciones nada menos que aliado de los conservadores
mágicamente llamados “populares” ¿Ha olvidado Ud. a Solano Lima?
Curioso, los peronistas comparten con los stalinistas su capacidad
para hacer buenas migas con los conservadores y los militares, con
quienes socialmente no tienen nada en común, en proporción directa a su
tirria a los radicales, con quienes en realidad son casi sus primos
hermanos.
Pero lo que el mentor de la Cámpora debería estudiar más a fondo es a
los intelectuales que apelotonan en ese árbol diciendo que aquellos
“pensaron” y preguntando a los jóvenes que habrán de e hacer ellos.
Recordemos de entrada que los allí nombrados, en su mayoría, primero
actuaron, luego pensaron, porque eran, como el Ché, como nosotros, hijos
de una época de acción.
Digamos que más allá de eso, sería interesante que el Kirchnercito,
ese joven que monitorea la Cámpora, se molestara a leer a alguno de sus
recomendados. Por ejemplo Jaureche, ¿Recuerda Ud. que este tozudo vasco
le dio un portazo a Perón? Además con solo leer cualquiera de los libros
de Jaureche veríamos que él sería el primero de reírse a carcajadas de
esa pantomima llamada “despertar de la política”
Pero veamos dónde va la Cámpora, y veamos que no es caprichoso usar
ese nombre. Porque, por ejemplo, Aramburu y Rojas fueron sin dudas el
súmmum del gorilismo, por su parte Arturo Frondizi se hizo cargo del
concepto burgués de desarrollo, ese sueño pequeño burgués del que
quedará pegado, sin poder realizarlo hasta hoy Fidel Castro, a pesar de
las advertencias del Che sobre el tema.
Pero, siguiendo la onda argentina, aparecerá Onganía portavoz del
corporativismo conservador. ¿Qué “representó” entonces el conservador
Héctor Cámpora?. Como inesperado presidente aportó la práctica de copar.
Si Lenin fue el autor de la teoría del asalto al poder, el Tío
Cámpora engendró en sus seguidores la tentación del “copar”. Digamos que
es una práctica bien sindicalista. Parece ser que aquellos a los que
Perón Llamó “imberbes” imaginaron que el Tío sería capaz de llevar
remolcado a Perón hacia la “patria socialista” por medio de una serie de
copamientos; sólo que no contaron con el hecho de que Perón no sólo
vivía, sino que poseía una notable lucidez y así mientras los
camporistas del 73 se dedicaban boludamente a tomar edificios estatales
como remedo de territorios liberados, para luego con Perón en la
presidencia, volcar al país al socialismo nacional, el líder
justicialista amarraba fuerte a los que él consideraba los verdaderos
peronistas. ¿Habrá algo de eso ahora?.
Repetimos por las dudas: Gobernar era para ellos ocupar espacios
físicos, territorios estatales, reparticiones públicas, sobre todo las
formales, Universidades, palacetes, guarderías, nada de cuarteles,
comisarías o ministerios del interior o de economía. Los civiles armados
que habían contribuido en forma determinante a la caída de Lanusse bajo
diversas siglas luego reunidas bajo la denominación Montoneros, se
unieron a desfilar con los hermanos de uniforme de igual color, azul,
claro, en lo que se llamó “Operativo Borrego”
CONCEPCION BASTARDA DE LA FECHA
Oh paradoja, Oh historia implacable!!! El general Perón, sutil
estratega, sin dudas un gran estadista, no se dejó engañar por el azul
de los uniformes montoneros a pesar que tenia motivos de sobra para
precaverse del verde oliva que estaba asaltando cuarteles en serio, no,
Perón defenestró sin piedad a su fiel colaborador el conservador Cámpora
y regresó al sillón presidencial de la mano de un sórdido personaje de
la política, un tal Lastiri.
Regresó la política y el debate, bardean hoy muchos simpatizantes del
Gobierno. Pero no siempre está claro a qué debate se refieren.
El kirchnerismo es una corriente peronista vertical, quizás la más
vertical de todas, porque el ex presidente fue uno de los peronistas más
absolutistas (al extremo que en cierta oportunidad De la Sota los trató
de estalinistas) lo cierto es que todas las grandes decisiones que
adoptó desde el poder, las buenas y las malas; lo mismo que las
principales candidaturas, siempre fueron de cúpula, bajando el pulgar en
forma alevosa.
Claro que en todas esas situaciones gozó de un entusiasta respaldo de
la militancia, lo cual, a mi criterio, pareciera mostrar que la
adhesión de los stalinistas se explica porque el kirchnerismo es
profundamente stalinista.
Así, se puede ver con claridad que en la acción común con los demás
sobresalen las expresiones mucho más esmeradas en descalificar a los
oponentes que en convencerlos. Eso es esencia del estalinismo.
Se puede reconocer que algunos debates parlamentarios tuvieron
momentos interesantes, la re estatización del sistema previsional o el
tratamiento del matrimonio gay, por ejemplo, pero en los asuntos
específicamente vinculados con la política, reaparecen los peores
vicios, la antigua maña de discutir reglas de juego en medio del
partido.
La forma clásica y popular de definir la labor de la Cámpora
supuestamente atrayendo a los jóvenes a la política, quiero decir la
manera tradicional de definir esta increíble estafa, sería decir que los
jóvenes están aprendiendo a hacer politiquería
En otros lugares que no sea en esa militancia, la expresión “la
política” a veces adquiere una connotación negativa, porque con cierta
frecuencia adolece de enfoques ideologizados disfrazados de verdades
objetivas.
Es una confusión similar a la expresión “apolítico” para decir
“apartidario”. En realidad no se trata de que la política deba
re-prestigiarse, la burguesía y el populismo, bien ayudados por los
estalinistas, han hecho un trabajo destructivo excepcional. Eso que
parece política y que está a la vista, eso que vemos y creemos conocer,
es sin dudas, como dicen los italianos, una merde.
No, no se trata de re-prestigiar a la política. En realidad de lo que
se trata es de que la política está en otra parte, frase esta que se la
tomo prestada al título del libro de López Echague.
BURDELIZACION DEL DIA DE LA DEMOCRACIA Y DD.HH