miércoles, 12 de diciembre de 2012

MAFIA EN TUCUMAN

OPINIÓN

Delitos hubo siempre; delinquir, pecar, es propio de la condición humana como herencia de Adán. Mafias, no; la mafia es una forma especial del delito, ideada por comunidades minoritarias o débiles dentro de la sociedad. Las mafias hasta pueden aparecer simpáticas ya que son formas que idean los débiles para enfrentar a los fuertes. En Sicilia, tierra dominada durante milenios por gente extraña, en el siglo XVIII recién comienza la mafia como una forma de defender sus intereses frente a los dominadores; en esa defensa recurren al crimen, a la organización jerárquica, al silencio; se hace proverbial el silencio del mafioso, que es capaz de dejarse matar por no denunciar a sus hermanos, en la cofradía que constituyen, a la que consideran una honorata societá.

Los inmigrantes sicilianos en Norteamérica hacen conocer este tipo de delito en todo el mundo. Inmigrantes, pobres, despreciados, desconocedores de la lengua, del medio, de las normas, desvalorados por su religión minoritaria y su raza inferior, encuentran en la mafia una forma de hacerse valer, de abrirse paso en un mundo difícil y ajeno. Otras comunidades inmigradas, especialmente judíos e irlandeses, copian a los sicilianos y hacen sus propias mafias. De ahí se difunde el nombre y se llama mafia a cualquier organización clandestina de criminales.

Es decir que, para que exista mafia, es preciso que haya una organización. Sin organización puede haber muchísimos delitos, pero que no son mafiosos. Un tipo la acuchilla a una pobre viejita para robarle unos pocos pesos de su pensión y esconde el cadáver en un pozo: es gravísimo, pero no hay mafia. Unos individuos, procurando defender sus legítimos derechos y el pan de sus hijos, amenazan a un superior (capataz, policía, comerciante) con tomar medidas por mano propia: han defendido lo justo y no han llegado a ejecutar su amenaza, pero son unos mafiosos pues se han organizado entre varios y prescinden del orden jurídico, del orden establecido.

Todo esto viene a corroborar que los Ale en nuestra provincia – Tucumán - son mafiosos, pues se han organizado para realizar cosas al margen de la ley. Delitos habrá siempre; la forma de delinquir va acomodándose a los tiempos, a las circunstancias. Ante un problema, lo primero es analizarlo. Una vez considerado, estudiado, medido, estaremos en condiciones de buscarle soluciones. En cambio, si no lo estudiamos, si lo dejamos de lado, si alegremente imaginamos que el problema no existe, las soluciones serán imposibles. Por supuesto que me refiero a los Ale y a la falta de seguridad de los vecinos frente al avance de la delincuencia. Un asunto que nos aflige, pues se trata de la propia e indispensable seguridad. Algunos – entre ellos la Justicia-, que pareciera que se aburren, atendiendo asuntos policiales, dicen que no pasa nada. Y sí pasa. Pasa que Tucumán sigue careciendo de la debida seguridad. Se aseguraba en todo momento desde décadas que se iba a combatir el delito y metería presos a los delincuentes. Ahora, visto el fracaso de tantos años, en los que al delito sólo se lo amenazó con una topadora pero sin estimular la acción de la policía y de la justicia, nada se concretó, ni siquiera en la investigación penal preparatoria – primera etapa del proceso penal. A los que seguiremos viviendo en Tucumán y en Tucumán continuaremos a través de hijos y de nietos, no nos aburre considerar lo necesario para vivir en la tranquilidad del orden.

Hace varios años atrás un  gobernador dijo que los mafiosos deben terminar en “Villa Urquiza”. Y no ha resultado cierto. Hay mafiosos que no están adentro y las mafias siguen tirando balazos por las calles y a Estudios Jurídicos. ¿Qué hará la Justicia? ¿Reconocerá su fracaso? Es triste reconocer fracasos, así que resulta más divertido encontrar que estos problemas lo aburren. Somos aburridos los que queremos una lucha por la seguridad y la decencia.  Para colmo existen innumerables vacancias en la Justicia que no son cubiertas; con el contrasentido de que los Jueces que estuvieron en feria, funcionarios y empleados han solicitado sus vacaciones obligatorias. En nuestro Tucumán, la droga, la violencia y  las bandas criminales se renuevan. Pero todo sigue igual como si nunca hubiera pasado nada. Un Ministro de gobierno en épocas anteriores manifestó “que en Tucumán no existen bandas ni mafia”. En Buenos Aires, y con una banca en el Congreso, lo debe haber pasado mucho más divertido que atendiendo asuntos policiales en Tucumán.

Unos individuos, parados en una esquina, han sido baleados por otros que han ido expresamente a eso, a agredirlos; otros están internados productos de golpizas y amedrentamientos con armas Fuera de otros crímenes y asaltos por todas partes. La Justicia dice que no hay ningún indicio de que esto tenga relación alguna con “supuestos grupos, facciones o bandas, como las quieran llamar”. ¿Cómo los llamarán? ¿“Chicos buenos”? Muy bien; estos no tienen ninguna relación con los que todos conocemos. Y entonces, ¿con qué estará relacionado? Ah, no, no investigue tanto que es muy aburrido meterse siempre con las mafias. Seguramente han de tener cosas más divertidas en qué ocuparse.

DR. JORGE B. LOBO ARAGON