jueves, 13 de diciembre de 2012

NO A LA IMPUNIDAD. DIEZ AÑOS DE DESAPARICIÓN DE MARITA VERON


OPINIÓN

Hay, sin dudas, una alarmante proliferación del crimen, al margen de que los índices estadísticos muestren su aumento o alguna disminución.
La actual generación está en deuda con el derecho. A través de los siglos se han ideado formas de controlarlo que han dado resultados más o menos satisfactorios. En la actualidad no se sabe, no sabemos, cómo se habrá de combatirlo para reducir su alarmante peligro sin crear un Estado policial ni afectar el derecho a la defensa y a la presunción de inocencia que protege, que debe proteger, a los criminales.
La sociedad adopta criterios permisivos, rechaza la censura, favorece el hedonismo, abandona los altos ideales como programas de vida, se ríe de la pureza, sé farsa de lo sublime, desconfía de los heroísmos, desecha los esfuerzos, se inclina hacia el jolgorio, elige lo fácil.
 Tomamos esas posturas porque se nos da la gana, porque estamos en nuestro derecho de hacerlo, porque cada cual tiene su criterio para elegir el camino hacia su felicidad
 Pero no debe resultar sorprendente que en la medida en que la humanidad desprecie las virtudes, proliferen los vicios, los delitos, los crímenes.
 No ha de ser casual que  se cumpla diez años de la desaparición y secuestro de Marita Verón (María de los Ángeles Verón) en manos de la mafia.
Existen evidencias de una red de trata de personas; proxenetas y tráfico de Drogas por la lucha y perseverancia de una Madre y su familia para que se divulgue públicamente lo silenciado por muchos a través de un juicio oral conseguido después de que la corte Suprema de Justicia de la Nación revise un fallo del más alto Tribunal de nuestra Provincia – Tucumán–.
Susana Trimarco tuvo que enfrentarse en soledad durante largos años para obtener la  distinción que hoy detenta de la Sociedad y de la prensa en todo su abanico sin diferencia alguna.
Tuvo que enfrentarse a una mafia reinante "si, reinante" porque no solo se encuentra muy difundida sino que también impera en amplios sectores de la sociedad, en la jamás alcanzo los alarmantes niveles que alcanza actualidad, y lo que es peor, el grado de resignación, de tolerancia y hasta de paciente aceptación con el que se la ve en estos día. Nihil novi sub solé (no hay nada nuevo bajo el sol),
Las mafias, el crimen ejecutado por organizaciones tenebrosas, la delincuencia armada de estructura tácticas apelan a la corrupción como uno de sus implementos más eficaces.,
Hay  quizás demasiada pobreza, una pobreza acompañada de la desesperanza de conseguir un trabajo digno. La pobreza, la penuria extrema, el hambre, pueden llevar al robo, a ese tipo de robo que es plenamente justificado cuando tiene como objeto la supervivencia.
Pero la ola criminal que se advierte no parece responder a esas extremas necesidades sino a la desaprensión, a la desvergüenza, a la falta de normas, al extravío, a la droga a la mafia.
La generalización de la pobreza, producida por el desempleo, puede influir, quizás, avivando la ola de asaltos y de crímenes
 Pero los delitos no son acicateados directamente por la pobreza que se expande, sino más bien por  organizaciones ilícitas que asolan nuestra provincia durante continuados años.
Es fácil señalar a la pobreza como culpable de los delitos.
 Pero lo que más alarma es la proliferación del crimen en gente con medios de vida, el delito encarado por desapego a las normas tradicionales de conducta, los robos por las simples ansias de pasarla bien. La actuación de mafias.
 Se podrían citar muchos casos notables de este tipo de delitos pero no vale la pena, porque bien los conocemos y los recordamos.
La culpa no es de la pobreza sino de la desfachatez, del hedonismo, de la trapacería, de la impunidad.
La legislación criminal cae en el ámbito de la nación. Sin embargo los legisladores provinciales algo podrían hacer para combatir el crimen, coadyuvando a la justicia y a la policía.
Se suponía que el ladrón se limitaba a llevarse dinero, o bienes de fácil transporte y venta. Ese asaltante profesional evitaba cometer violencias innecesarias, para no agravar su situación.
Pero hoy estamos ante modalidades desconocidas, asociaciones ilícitas y bandidos que -sin motivos para odios ni furias- matan a sus víctimas, gratuitamente, porque sí, pareciera que llevados por su insensible desenfado o por la inconsciencia de la droga. Estos profesionales del delito resultan los más peligrosos.
Entre la gente cunde el criterio de que deben renovarse los códigos para que la delincuencia sea más castigada, para que cometer un delito sea motivo de una pena severa, para que el rigor de la ley proteja al inocente y conmine al malhechor.
De todas maneras el debate sobre esta mafia nos alerta: los argentinos y especialmente los tucumanos en estos momentos, estamos ante la evidencia de mafias que extiendan su poderío hasta ciertos despachos que debieran mantenerse inconmovibles. Que  el debate oral y público por la desaparición de Marita Verón, haya inquietado a la opinión público poniéndola a la prensa en estado de constante vigilancia, es justo y saludable
Necesitamos de Paz y amor
Necesitamos de muchas Trimarco.


DR. JORGE B. LOBO ARAGÓN
jorgeloboaragon@gmail.com