El 9D fue un fracaso
Por Agustín Laje (*)
El 9D fue un fracaso rotundo, y hay que decirlo sin titubear. En
efecto, tanto en términos cuantitativos como cualitativos, el evento
kirchnerista “Fiesta Patria Popular” no fue ni por cerca lo que Cristina
Kirchner y su equipo imaginaban hace apenas algunas semanas atrás.
En primer lugar, cabe señalar que con todos los recursos del Estado a
disposición de la organización del acto en cuestión, con la incansable
labor de los punteros de siempre que arrastran a sus clientes políticos a
la convocatoria, con las decenas de colectivos dispuestos para
transportar gente de todas las localidades (que nunca se sabe a ciencia
cierta con qué dinero se financian), con los medios oficiales y
paraoficiales difundiendo a todo momento la citación, y con un escenario
en el que actuaban permanentemente distintos artistas rentados por el
Estado, la concurrencia fue, en términos relativos, innegablemente
escasa.
¿Escasa respecto
a qué? Pues al 8N, fecha en la que más de un millón de argentinos se
manifestó contra el kirchnerismo en toda la Argentina e incluso en otras
ciudades del mundo, autoconvocados casi exclusivamente por las redes
sociales, sin colectivos subsidiados, sin presiones de punteros
políticos y sin la motivación del espectáculo musical gratuito. Éste se
trató, sin lugar a dudas, de un fenómeno de otras características. Pero
nos sirve como punto de referencia para comprender el fracaso numérico
del 9D, que empleando una cantidad infinitamente superior de recursos,
no llegó ni al veinte por ciento de convocatoria que tuvo el 8N.
En segundo lugar, vale recordar que lo que el gobierno nacional
esperaba para su festival, era poder festejar algo que finalmente no
fue: el desguace del Grupo Clarín luego de un 7D que, a pesar de las
manifiestas presiones oficialistas a la Justicia, terminó con la
extensión de la medida cautelar. Tras semejante revés, el festejo pasó a
ser no del “fin del monopolio” como una victoria democrática concreta
de este gobierno, sino de la “Democracia y los Derechos Humanos” en
abstracto, dos conceptos que en la Argentina han sido manipulados
políticamente hasta tal punto que significan todo y nada al mismo
tiempo.
El kirchnerismo lo único que tiene de democrático es su origen,
legitimado en el sufragio universal. Pero en lo que respecta al
ejercicio del poder (no menos importante) pocos dudarían en admitir que
el autoritarismo y las pretensiones de concentrar el poder en una sola
mano, atentan contra la democracia. Cuando las mayorías no tienen
control y el poder político no encuentra límites (es decir, cuando no
hay República) lo que se tiene no es democracia por más que aquellas
gobiernen; lo que tenemos es una “tiranía de la mayoría” como la llamó
Alexis de Tocqueville, un “cesarismo plebiscitado” según Weber, o una
“autocracia elegida” para Michelangelo Bovero. No son otra cosa, en
definitiva, que dictaduras o autoritarismos del siglo XXI que se llenan
la boca de “democratización”, cuando de democráticos sólo tienen el
origen.
En el caso de los Derechos Humanos, si bien éstos han sido un
componente fundamental del “relato”, resulta innegable que el
kirchnerismo hizo de ellos un simple banderín político y permitió, por
acción u omisión, que sus amigos lucraran bajo su nombre en lo que hoy
es el colosal “negocio derechohumanista”. Fanatizados por la década del
´70, hicieron de aquellos una causa tuerta y anacrónica, olvidándose del
presente; olvidando deliberadamente a quienes les son violados sus
derechos en el hoy.
Observar al kirchnerismo festejando el Día de la democracia y los
Derechos Humanos, con sus militantes vivando a la dictadura cubana y al
tirano Hugo Chávez, es sólo comparable a imaginar al parricida Sergio
Schoklender festejando el día del padre. El 9D debía festejarse, según
sus planes, otra cosa. Pero esta vez, y mientras la Justicia sea
independiente, no podrá ser.
(*) www.agustinlaje.com.ar | @agustinlaje
La Prensa Popular | Edición 164 | Martes 11 de Diciembre de 2012