BICENTENARIO DE LA ASAMBLEA DEL AÑO XIII O LA FALSIFICACIÓN KIRCHNERISTA DE LA HISTORIA ARGENTINA
En estos días hemos asistido a un nuevo acto de falseamiento de la historia argentina por parte del kirchnerismo gobernante. Como si el número “200” tuviera un valor mágico o cabalístico que pudiera otorgarle virtud a un acontecimiento histórico, por el solo hecho de alcanzar esa cifra por el mero transcurso del tiempo, motivo más que suficiente para declarar feriada una fecha, aunque su significación histórica sea totalmente contraria a la intención que pretenden endilgarle sus promotores.
La celebración del bicentenario de la inauguración de la Asamblea del
Año XIII, el 31 de enero de 1813, constituye uno de los más claros
ejemplos de distorsión o tergiversación de la verdad histórica por parte
del kirchnerismo “nac&pop”. Son varios los encubrimientos,
ocultamientos y falsificaciones del carácter porteño, unitario,
centralista, librecambista y pro-británico de la Asamblea del Año XIII y
sus efectos, para intentar presentarla como uno de los hitos históricos
“progresistas” de nuestra historia, porque declaró la “abolición de la
esclavitud”, lo cual es absolutamente falso.
Primera falsificación histórica. Ninguna mención se hizo en
esta “celebración” del hecho de que la convocatoria a la Asamblea del
Alo XIII formaba parte del abandono de las tradiciones políticas
españolas y la recurrencia por parte de los políticos porteños a las
instituciones promovidas por la Revolución Francesa –Triunviratos,
Asambleas, Directorios, etc.-, que en esencia no es sino el proceso
político llevado a cabo por la naciente burguesía francesa contra el
poder absolutista monárquico, pero que no reconoció derechos políticos
al pueblo (sólo eran ciudadanos quienes eran propietarios y tenían un
ingreso fijo) y criminalizó las asociaciones gremiales por el solo hecho
de su constitución.
Segunda falsificación histórica. Los ideólogos de la
celebración de este inicuo bicentenario nada dijeron del control que
Carlos María de Alvear y sus partidarios hicieron de la Asamblea,
siguiendo dócilmente las sugerencias y consejos del gabinete inglés,
transmitidos por Lord Strangford[1] y sus agentes en el Plata.
Tampoco mencionaron estos “intelectuales” que aquella Asamblea estuvo
presidida inicialmente por el mencionado Carlos María de Alvear, quien
pocos años después propondría –como Director Supremo- la subordinación
de las Provincias del Río de la Plata a la Corona Británica, como
colonia de ésta última.
Tercera falsificación histórica. El grupo gobernante ha
resaltado el pretendido carácter liberador y pionero de los derechos
humanos, según las opiniones vertidas por un periodista devenido en
“historiador”. Según este personaje, la Asamblea del Año XIII abolió la
esclavitud, lo cual es una afirmación falaz o de suprema ignorancia,
porque en realidad ese organismo proclamó “la libertad de vientres” para
los hijos de los esclavos. Ignora u oculta ese auto-pretendido
historiador que la Asamblea no proclamó la abolición de la esclavitud, a
causa de las presiones llevadas a cabo por Lord Strangford en nombre de
la casa real portuguesa asentada en el Brasil, para que las Provincias
del Plata no se convirtieran en norte y refugio de los esclavos.
Cuarta falsificación histórica. Tampoco se hizo ninguna
mención a la actitud “democrática” de los miembros porteños de rechazar
la incorporación de los diputados artiguistas de la Banda Oriental,
porque éstos portaban el mandato de pedir la independencia absoluta y la
alianza ofensiva-defensiva de las Provincias Unidas del Río de la
Plata, además de la exigencia de asentar la capital fuera del
puerto-ciudad de Buenos Aires.
Quinta falsificación histórica. Nada se dijo en esta
celebración sobre que las reformas judiciales llevadas a cabo por la
Asamblea tenían como finalidad borrar las instituciones tradicionales
del régimen indiano para reemplazarlas por los esquemas formales del
Derecho importado, sobre todo francés, con el objetivo de defender los
intereses y privilegios del grupo porteño pro-británico dominante en
Buenos Aires y en la Asamblea.
Tampoco se dijo que la proclamada igualdad de derechos civiles y
cívicos de los indios tuvo como consecuencia que éstos se viesen
privados del estatuto legal de tutela y amparo que les otorgaban las
Leyes de Indias (Libro Sexto), para ser insertados en un nuevo esquema
de igualdad política formal, pero en un contexto de profunda desigualdad
social y económica.
Sexta falsificación histórica. También hubo un silencio
absoluto respecto de las reformas económicas implementadas por la
Asamblea, de neta orientación librecambista, influenciadas por los
agentes del comercio inglés, permitiendo la libre introducción de
productos y la libre exportación de frutos del país, oro y plata.
Séptima falsificación histórica. Los “sabios sueltos” e
“intelectuales ignorantes” que dieron contenido épico a la celebración
de este bicentenario ocultaron un dato fundamental: que la porteñísima
Asamblea del Año XIII creó el cargo de Director Supremo de las
Provincias Unidas del Río de la Plata como poder ejecutivo, al mejor
estilo de la Revolución Francesa y en lo que constituye el primer
antecedente del sistema unitario que Buenos Aires pretendió imponer
sobre el resto de las provincias rioplatenses.
Octava falsificación histórica. Nada se dijo del triste papel
que cumplieron los Directores Supremos que Buenos Aires fue designando,
desde el 31 de enero de 1814 hasta el 1 de febrero de 1820. Salvo
Mariano González Balcarce, quien se desempeñó en el cargo por sólo tres
meses (16 de abril a 9 de julio de 1816) y Juan Pedro Aguirre (quien
ocupó el cargo por solamente 11 días, del 1 al 11 de febrero de 1820),
el resto de los Directores Supremos –Gervasio Antonio de Posadas, Carlos
María de Alvear, Ignacio Álvarez Thomas, Juan Martín de Pueyrredón y
José Rondeau-, se destacaron por gobernar exclusivamente a favor de
Buenos Aires, contra el Interior del país, y por buscar permanentemente
el apoyo de Inglaterra, para asegurar el “buen” gobierno interno ante la
presencia de Artigas y la “independencia” frente a la restauración
borbónica de Fernando VII en el trono español.
Novena falsificación histórica. Los ideólogos de este
bicentenario, quienes reivindican, por ejemplo, las figuras de Dorrego y
Artigas, ocultaron el hecho histórico del anti-artiguismo desplegado
por la autoridad política suprema emanada de la Asamblea. Ignoraron y
ocultaron que el primer Director Supremo, Gervasio Antonio de Posadas,
declaró a José Gervasio a Artigas “traidor a la Patria” (decreto del 11
de febrero de 1814). Ignoraron el enfrentamiento permanente que tuvo
José Casimiro Rondeau con el gran caudillo oriental, durante el sitio de
Montevideo, y posteriormente con Martín Miguel de Güemes, comandando el
Ejército del Norte y a quien declaró “traidor a la Patria”. Ocultaron
también que, como Director Supremo, intentó utilizar el Ejército del
Norte para luchar contra los caudillos del Interior.
Ignoraron u ocultaron que, como Director Supremo (desde el 21 de
abril de 1815 al 3 de mayo de 1816), Ignacio Álvarez Thomas se enfrentó a
José Gervasio Artigas, pretendiendo sabotear y desterrar su lucha
federal e independentista, impidiendo la concurrencia de los diputados
artiguistas al Congreso de Tucumán.
Ignoraron también que otro Director Supremo, Juan Martín de
Pueyrredón, decidió poner fin a la vigencia política de Artigas en las
Provincias del Interior, razón por la cual renunció en 1817 a la
soberanía en la Banda Oriental, para dejarla en manos del Imperio
lusitano del Brasil, convirtiéndose desde ese momento en “Provincia
Cisplatina”.
Décima falsificación histórica. Nada mencionaron los
promotores “progresistas” de esta burda celebración que la principal
figura dominante en la Asamblea del Año XIII, Carlos María de Alvear, no
tuvo mejor idea, al desempeñarse como Director Supremo (desde el 9 de
enero al 20 de abril de 1815), que ofrecer las Provincias Unidas como
colonia inglesa, porque, argumentaba, nuestro país no estaba en
condiciones de gobernarse a sí mismo, necesitada entonces de “una mano
exterior que lo dirija y contenga en la esfera del orden antes que se
precipite en los horrores de la anarquía”, lo cual significaba no volver
a la dominación española sino entregarse a la “generosa Nación
Británica”, porque solamente ésta “podía poner un remedio eficaz” a los
males que nos aquejaban, teniendo en cuenta que “estas provincias
obedecerán a su gobierno y recibirán sus leyes con el mayor placer”[2].
Más aún, a criterio del pro-británico Alvear, las Provincias del Río
de la Plata “desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes,
obedecer a su Gobierno y vivir bajo su influjo poderoso”[3].
Gobernar exclusivamente desde Buenos Aires mediante un Poder
Ejecutivo único, promover la libre exportación de los recursos mineros
del país, enfrentar a los caudillos de los pueblos del Interior,
asociarse con el comercio y las finanzas inglesas para “promover” el
crecimiento económico, entregar a extranjeros la propiedad de regiones y
provincias argentinas, etc., son varias de las numerosas “virtudes” que
exhibió la porteñísima, antifederal y anglófila Asamblea del Año XIII.
¿Esto es lo que reivindica el gobierno “nac&pop”? ¿En nombre de lo
“nacional y popular” este festival festeja la reiteración del esquema de
libre comercialización de los recursos mineros, como lo hizo
históricamente el unitarismo porteño? ¿Estas celebraciones “nac&pop”
reivindican el proyecto unitario anglófilo de someter a los pueblos y
provincias del Interior, tal como sucede actualmente? En última
instancia, ¿será el anhelo de un Gobierno Supremo de las Provincias del Río de la Plata
lo que se pretende reivindicar, al servicio del sometimiento colonial
de la Argentina, a manos del Imperio Británico y del verdadero poder
detrás del trono: las altas finanzas internacionales, de matriz
angloamericana?
