Es el Peronismo, estúpido
Fiesta
cívica. La jornada se llevó con calma y la pasión por los comicios
llegó a extremos tales que, en un cuarto oscuro de Quilmes, un votante
llegó a consumar su amor por la democracia. En capital se pudo apreciar
que la revolución es posible cuando un joven -que al inicio de la década
ganada jugaba con plastilina en salita roja- le retiro el saludo a
Mauricio Macri, en un gesto que emocionó hasta las lagrimas a los que
sueñan con un mundo monotributista y de licitaciones directas
sobrefacturadas, y que seguramente quedará inscripto en la historia de
los valientes, junto al rebelde desconocido de Tiananmen.
Nada fuera de lo habitual: algunos
preguntaban donde podían canjear la consumición del troquel de la
votación, otros puteaban por el boludo que demoraba toda la fila para
que el nene pueda meter el sobre en la urna, un titán de la instrucción
cívica quería denunciar que no estaban las boletas de Cristina, y los
presidentes de mesa eran capaces de entregar sus cuerpos a cambio de un
pebete de jamón y queso.
Llegaron las 18,00 horas y, mientras
aparecían los primeros números de los boca de urna, a Amado Boudou le
abrieron la puerta del despacho y le devolvieron la libertad,
convirtiéndose en el primer desaparecido en democracia que aparece sano y
salvo. En Tigre festejaban, Luis D’Elía sostenía que el kirchnerismo
había dado una paliza a nivel nacional, Marcelo Bonelli insistía en
llamar Insuralde al candidato del kirchnerismo en provincia, Pino
Solanas preguntaba a qué hora llegaba el chasqui con los telegramas de
los territorios nacionales, y Daniel Filmus celebraba haber ganado
cómodo una partida de Candy Crush.
A
las 21,00 horas apareció Floppy Randazzo a tirar los primeros parciales
y empezaron a hablar los candidatos, todos menos Cristina, que esperó
hasta las 23,30 para aparecer rozagante, acompañada de Randazzo, Filmus,
Martín Insaurralde, Julián Domínguez, Daniel Scioli, Juan Cabandié y
Boudou. Si bien la monada le gritaba a Cristina que ahí estaban los
pibes para la liberación, los resultados daban a entender que deberían
comunicárselo al resto del país: perdieron en quince provincias,
incluídas Córdoba -ni llegaron al podio-, Santa Fe, Santa Cruz y Buenos
Aires, donde sacaron un millón y medio de votos menos que en las últimas
elecciones.
Cristina festejó que ganaron a nivel
nacional y que a Insaurralde “antes lo conocía sólo el 20% y miren la
elección que hizo.” Si bien algunos se preguntaban si daba para celebrar
un increible aumento de 9 puntos con todo el aparato del Estado a favor
y hasta una foto con el Papa, la Presi prosiguió atacando a las
promesas de los candidatos. Al respecto, nos avisó que no esperemos que
solucione la inseguridad ni el 82% móvil para los jubilados, porque no
le gusta prometer cosas que sabe que no va a hacer, con lo cual uno
termina preguntándose si el eslogan de campaña se refería a elegir
seguir haciendo plata. Luego del lapsus de honestidad brutal, Cris dijo
que en la gestión han hecho muchas cosas que durante las campañas no
dijeron que harían -en Comodoro Py están los registros, les llaman
causas penales- y que ningún argentino puede decirle que no hizo lo que
prometió.
Con anécdotas tales como el Wi-Fi
gratuito para todo el país, o la vuelta de la Fórmula 1, o el tren a
Uruguay, o el tren bala, supuse que se refería sólamente a las promesas
de campaña, esas que figuran en la plataforma electoral del Frente para
la Victoria. Sin embargo, al chusmear la plataforma me encontré con la
reforma del sistema de salud, los 220 días de clases al año, la
eliminación de la lista sábana, la transparencia en los servicios
públicos -incluye transporte- y la lucha contra la corrupción y el
delito.
Más allá de estos pequeños detalles, el
“no me pidan que me ponga a laburar justo ahora” de Cristina está bien
en sintonía con lo sostenido por la inmensa mayoría de los kirchneristas
de a pie, esos que creen que los pobres de la ciudad de Buenos Aires
son culpa de Macri y los del conurbano son implantados por los
alienígenas: no son responsables de nada que pueda salir mal.
En este orden de cosas, no falta nunca el
iluminado que refiere que la inflación no existe, pero si existiera,
sería exclusiva responsabilidad de los comerciantes, que la culpa de la
inseguridad es de los jueces y no de los legisladores que sancionan las
leyes para que sean aplicadas por los jueces, o que el único dólar que
sube es el ilegal que consumen los cipayos que quieren ahorrar en moneda
extranjera como sostiene el compañerazo Amado Boudou desde el Comando
Revolucionario Madero Center.
Las valijas fueron una operación
orquestada por la CIA, los trenes chocan por culpa de los
maquinistas/neoliberales (tachar lo que no corresponda), los cortes de
luz son porque alguien bajó una palanca, las villas crecen porque los
pobres ahora pueden comprar cemento y ladrillos, Cristina hizo su
fortuna como exitosa abogada, y como exitosa abogada jamás ejecutó una
hipoteca con la 1050. Nada malo pasa. Si pasa, es un invento de las
corporaciones de los medios. Si es demasiado evidente, nunca jamás será
responsabilidad de Cristina. Y si todos los cañones apuntan a la Presi,
mejor acusar a los que ponen palos en la rueda (ver punto 2: Si es demasiado evidente…).
Ante
este panorama, tiene lógica que se les caiga la estantería y cuesta
creer que Cristina aún no se dé cuenta en cuál fue el motivo, a pesar de
repetir una y otra vez que ella garantiza la gobernabilidad. Nunca se
avivó de que en este país, independientemente de la economía, la
gobernabilidad la garantizan dos factores: una buena relación con el
aparato del PJ y los sindicatos contentos. A los sindicalistas se los
puso de culo y a la mayoría de los peronistas los relegó y los reemplazó
por pendejos engreídos, un banquero marxista, un filósofo de Carta
Abierta, el hijo de Estela de Carlotto, exfuncionarios de la Alianza,
piqueteros y al póker de ases de las derrotas electorales, Daniel
Filmus, quien en un par de meses obtendrá el pentacampeonato de fracasos
en las urnas.
No existe ningún plan exitoso que remonte
una elección si el peronismo ya tomó la decisión de que el tiempo se
acabó. Aún con la caducidad de la personería jurídica y sin sello
partidario, hay un aspecto del Partido Justicialista que funciona como
si fuera la comisión directiva de la mayor de las multinacionales, en
las que el pibe de oro será el mesías, el salvador, el más mejor, el
barrilete cósmico, siempre y cuando garantice que no se altere el estilo
de vida del aparato. Se lo puede aplaudir, hacerle creer que nunca hubo
ni habrá nadie igual e incluso que es mejor que Perón, hasta que
aparezca alguien que pueda prometer un nuevo período de tranquilidad en
el estilo de vida. Si es peronista de ley, mejor, aunque ya está claro
que no es un factor excluyente.
Salvo escasísimas excepciones, lamento
informar que es así: en aquellos lugares en los que el kirchnerismo
perdió, fue culpa de los anticuerpos del peronismo. Y mientras alrededor
de Cristina piensan en cómo remontar de acá a octubre, en el resto del
peronismo ya están rosqueando para ver cuáles cargos ocuparán a partir
de 2015.
Lunes. Por las dudas, en octubre llevá a votar todo aquel que sepas que no lo hizo ayer
