Por Nicolás Márquez (*)
La imbecilidad alegre
Corría 1994, se disputaba la Copa Libertadores de América y Boca
Juniors (a la sazón dirigido por César Luis Menotti) enfrentaba al
poderoso Palmeiras, quien jugaba de local en la ciudad de San Pablo.
Allí, el equipo argentino padeció una de las palizas deportivas más
apabullantes de su rica historia, perdiendo por 6 tantos contra 1. Al
concluir el cotejo, con su proverbial desfachatez Menotti declaró a los
medios periodísticos que lo reportearon lo siguiente: “estoy muy contento porque Boca brindó un buen espectáculo”.
No aclaró Menotti que los únicos que disfrutaron del espectáculo fueron
los simpatizantes del Palmeiras y que la hinchada de Boca, lejos de
deleitarse, dedicaron el grueso de sus cánticos a recordar a la madre
del DT argentino en términos no muy afectuosos. ¿Por qué razón? Ocurre
que es de orden natural y sentido común alegrarse cuando el equipo de
preferencias de uno hace un gol y no cuando el gol nos lo propina el
cuadro rival. Festejar un fracaso, más que un optimismo voluntarista
constituye una sobreactuación signada por la hipocresía y el
fingimiento.
No pude evitar recordar esta anécdota futbolística, cuando tras los
comicios del día domingo 11 de agosto y pasadas las 23:40Hs, Cristina
Kirchner y sus personeros salieron de su bunker enfrentando las cámaras
con sonrisas de artificio a “festejar” la peor elección en la historia
del peronismo y a “celebrar” que sólo uno de cada cuatro argentinos votó
por ellos. En efecto, una esforzada Cristina brindó un discurso
pretendidamente festivo en el que “felicitó” a los candidatos suyos que
acababan de perder por paliza en todas las jurisdicciones. El show no
tendría nada de extraño en sí, excepto por el hecho de que la Presidente
intentó presentar el evento no como una derrota aceptada con dignidad
sino como un bullicioso triunfo electoral.
En síntesis, festejar la tunda que nos genera una agonía resulta una
suerte de optimismo entendido no como una propensión a ver y juzgar las
cosas en su aspecto más favorable, sino en el sentido chestertoriano: “el optimismo en cuanto imbecilidad alegre”.
Los datos objetivos
Pero más allá de las impostadas prestidigitaciones festivas de
Cristina y sus lacayos, lo cierto y confirmado es que el régimen padeció
una derrota escandalosa y definitiva, que pone a la dictadura en una
crisis irreversible y terminal. De los cinco distritos más importantes
de la Argentina, el Frente para la Victoria perdió rotundamente en
todos: salió tercero en la ciudad de Buenos Aires, cuarto en la
Provincia de Córdoba, tercero en la Provincia de Santa Fé, segundo en la
Provincia de Buenos Aires y segundo (por 20 puntos de distancia
respecto del ganador) en Mendoza. Como si estos datos fuesen
insuficientes, en provincias de menor envergadura electoral pero de alto
contenido simbólico como Neuquén o Santa Cruz el oficialismo también
padeció significativas derrotas.
Si comparamos los números totales de esta última elección respecto de
la acontecida en el 2011 en la que el régimen obtuvo el 54% de los
votos, ese caudal hoy ha quedado reducido al 25% de los sufragios (una
merma de casi 30 puntos). Y si comparamos estos resultados con la
elección del 2009 (la otra derrota que padeció el kirchnerismo desde que
detenta el poder), en aquélla obtuvo el 31% de los votos a nivel
nacional y ahora sacó incluso 6 puntos menos que cuatro años atrás.
Juicio y Kastigo
Desde estas páginas hemos hecho mucho esfuerzo constante y sonante a
fin de concientizar, defender y difundir ideas o valores diametralmente
contrarios a los que encarna el gobierno. Incluso, dentro de los muchos
escritos que hemos publicado también manifestamos un sinfín de
diferencias y críticas para con el grueso de la llamada “oposición”, la
cual tanto sea por la falta de confiabilidad de varios de sus referentes
como por orfandad ideológica, no nos termina de convencer ni
entusiasmar. Ante ello, es dable manifestar que desde una perspectiva
republicana (a la que adherimos), no necesariamente nos sumamos al
festejo de quienes resultaron ganadores, empero no podemos dejar de
saludar con júbilo los resultados electorales puesto que,
inequívocamente, importan un punto de inflexión para la sepultura
definitiva de esta ominosa dictadura izquierdista comandada por ladrones
seriales y mentirosos habituales. Vale decir, celebramos no tanto el
triunfo de la oposición sino la derrota de un régimen al que se le
acortan las perspectivas de vida
Respecto al devenir inmediato, las elecciones del 27 de octubre muy
seguramente importarán el golpe de gracia al kirchnerismo y, una vez que
se pueda al fin recuperar la institucionalidad que fuera secuestrada en
el año 2003, el siguiente paso deberá ser solicitar, promover e
impulsar juicio y castigo ejemplar para Cristina y la banda de
malvivientes que ha sostenido, cohonestado y apañado esta farsa apenas
simulada por un costoso relato al cual le quedan cada vez menos
clientes.
La Prensa Popular | Edición 224 | Martes 13 de Agosto de 2013
