Suscribite
8 Breves reflexiones sobre las PASO y lo que viene
Por Agustín Laje (*)
1. Estafa electoral. La inmensa cantidad de recursos públicos que
insumieron las PASO no sirvieron siquiera para cumplir con los objetivos
fundamentales de una elección primaria, lo que debería bastar como para
poner en tela de juicio la utilidad del sistema y la honestidad de su
aplicación concreta en nuestra maquinaria política-electoral.
Las PASO se han pensado como una instancia en la que la sociedad toma
parte en la disputa interna de los partidos políticos. El fin es, a
todas luces, cuestionable desde el inicio: ¿No debieran los propios
partidos solucionar (y financiar) sus problemas internos sin obligar al
ciudadano desafiliado a tomar parte de asuntos que, en la mayoría de las
veces, desconoce por completo? Aún ignorando esta afrenta, es dable
remarcar que las PASO no sirvieron siquiera para resolver las disputas
intrapartidarias, puesto que la mayoría de los partidos políticos
presentaron un solo candidato, haciendo de las primarias una suerte de
riguroso sondeo gratuito, antes que un filtro de listas como se supone
que debería ser.
2. ¿Democratización de la política?. No caben dudas de que el
kirchnerismo es experto en el uso del lenguaje político y en la
manipulación de la realidad. Tampoco quedan dudas de sus nulos
escrúpulos. Y es digno de destaque, en este sentido, que Cristina
Kirchner se haya atribuido un nuevo logro “nacional y popular” que, en
los hechos, su partido despreció: la llamada “democratización de la
política”, el nombre que el gobierno le ha dado al sistema de las PASO
que, según nos dicen, “purifica” la democracia brindándonos otra
instancia de elección. Pero ocurre que el kirchnerismo en ninguna
provincia presentó más de una lista. Los candidatos oficialistas no
fueron elegidos ni por la sociedad ni por los afiliados al Frente para
la Victoria; antes al contrario, fueron escogidos unilateralmente por el
dedo de Cristina.
3. Vencedores vencidos. No se entiende qué festeja el kirchnerismo.
Haber perdido 4.300.000 votos en menos de dos años no debiera ser motivo
de festejo para ninguna fuerza política integrada por individuos en sus
cabales. Cristina dice alegrarse porque su partido continúa siendo
primera minoría a nivel nacional, pero incurre con este argumento en un
grave error para cualquier intento de análisis político serio, a saber,
que la política no puede jamás observarse como una fotografía, sino que
debe verse como una película. En otras palabras, la política no es un
instante, sino un proceso. Así pues, la performance política no se mide
aislada de las experiencias previas; al contrario, debe ser contrastada
con resultados anteriores que pongan de manifiesto si existió avance o
retroceso en el desempeño electoral en evaluación. Y si consideramos que
en 2011 el kirchnerismo sacaba 54% de los votos, mientras que hoy saca
el 24% (siendo esta la
peor elección desde el 2003), la conclusión es inobjetable: los
vencedores son en verdad vencidos.
4. 54% Q.E.P.D. La dimensión discursiva no se debe dejar de lado en un
análisis sobre los corolarios de las PASO. En efecto, el populismo no es
otra cosa que un “momento discursivo” según el propio Laclau. Y en este
terreno también el kirchnerismo ha perdido su sanalotodo “54%”,
guarismo que fuera repetido hasta el hartazgo para justificar hasta lo
injustificable. Pero ahora ha quedado en claro que nada es para siempre,
y que el kirchnerismo deberá prescindir de su “número de la suerte”,
pues estamos asistiendo a su defunción.
5. Hegemonía. La derrota kirchnerista significó un tajo para la
estabilidad política kirchnerista que, de repetirse un resultado similar
en octubre, se transformará en una herida de muerte. No obstante ello,
la hegemonía ideológica que supo cultivar el kirchnerismo, mucho más
profunda y difícil de contemplar, se mantiene intacta. El izquierdismo,
el estatismo y el paternalismo continúan configurando el perfil
ideológico de la gran mayoría de los candidatos con posibilidades
ciertas en octubre. Entender que la lucha última es contra las ideas que
representa el kirchnerismo (y no sólo contra sus personeros), es lo que
abrirá las puertas a una situación contrahegemónica no ya a nivel
meramente político, sino ideológico y cultural que son, según el propio
Antonio Gramsci, las dimensiones por excelencia de la hegemonía.
6. Estrategia kirchnerista. ¿Qué hará el kirchnerismo para revertir este
gran revés mal disimulado? Hete aquí la interrogante que probablemente
se encuentre en mente de la mayoría de los analistas políticos. Lo
lógico, opinan muchos, hubiera sido aceptar la derrota con humildad,
comprender las demandas sociales y modificar el estilo político. Pero
nada de eso sucederá en mi opinión. La última gran (y muy similar)
derrota del kirchnerismo fue en el año 2009, y ningún cambio sobrevino a
pesar de que Néstor, más inteligente para la estrategia política que su
mujer, estaba con vida. Asimismo, otros indicios y primeras reacciones
del espectro kirchneristas hablan en idéntico sentido: Cristina atacando
a los medios por sus análisis electorales, La Cámpora afirmando que “no
daremos ni un paso atrás” y Lorenzino aseverando que no hará ningún
tipo de ajuste económico, son hechos que debieran bastar como para
entender que la esencia del
kirchnerismo es la ciega y autodestructiva intransigencia.
7. 2013 no es 2009. Muchos kirchneristas –empezando por la propia
Cristina– se empeñan por establecer un paralelismo entre lo acaecido en
las elecciones legislativas del 2009 y las de este año. Tiene lógica: en
2009 el Frente para la Victoria fue derrotado en las urnas, pero ello
no fue óbice para una posterior recuperación que culminó en el
sacrosanto 54% de 2011. Luego, el kirchnerismo quisiera ver la historia
repetirse casi con exactitud. Pero ocurre que el 2013 no es el 2009.
Por empezar, hace 4 años el kirchnerismo obtenía el 31% de los votos a
nivel nacional, una cifra que estos mismos desearían tener hoy en lugar
del magro 26% rasguñado. Además de ello, la gran recuperación del
gobierno por entonces vino de la mano de la recuperación económica del
año 2010 que permitió el despliegue aún mayor de políticas
clientelistas, algo que, en virtud de los indicadores económicos
actuales, no se espera que ocurra nuevamente. Y, finalmente, lo más
importante de todo es que en 2009 tanto Néstor como Cristina podían,
conforme a la Constitución Nacional, postularse para la presidencia de
la Nación. Muerto el primero y transitando el segundo mandato
consecutivo de la segunda, la situación cambia de cabo a rabo si no se
logra en el Congreso una mayoría necesaria como para reformar la
Constitución. ¿Por qué? Pues porque la cohesión partidaria entrará en
crisis cuando Cristina se convierta definitivamente en un
“pato rengo”.
8. Fin de ciclo. Si ningún imponderable se presenta hasta octubre, creo
que la derrota kirchnerista de las PASO se reeditará en las elecciones
legislativas venideras. Si esto ocurre, Cristina verá derrumbarse sus
pretensiones de perpetuidad, pues no podrá ajustar la Constitución
Nacional a sus ambiciones personales e irá perdiendo progresivamente el
liderazgo en su partido. Luego, los peronistas empezarán a saltar del
barco en hundimiento como siempre hacen y, lamentablemente, muchos se
reinventarán o reciclarán (el caso de Massa sería así el primero entre
tantos otros que vendrán).
Lo importante, en todo caso, es que el fin de ciclo político termine
siendo a mediano plazo un fin de ciclo ideológico. Pero tiempo al
tiempo, y primero lo primero. @agustinlaje
La Prensa Popular | Edición 225 | Jueves 15 de Agosto de 2013
jueves, 15 de agosto de 2013
LAS PASO
Suscribite
8 Breves reflexiones sobre las PASO y lo que viene
Por Agustín Laje (*)
1. Estafa electoral. La inmensa cantidad de recursos públicos que
insumieron las PASO no sirvieron siquiera para cumplir con los objetivos
fundamentales de una elección primaria, lo que debería bastar como para
poner en tela de juicio la utilidad del sistema y la honestidad de su
aplicación concreta en nuestra maquinaria política-electoral.
Las PASO se han pensado como una instancia en la que la sociedad toma
parte en la disputa interna de los partidos políticos. El fin es, a
todas luces, cuestionable desde el inicio: ¿No debieran los propios
partidos solucionar (y financiar) sus problemas internos sin obligar al
ciudadano desafiliado a tomar parte de asuntos que, en la mayoría de las
veces, desconoce por completo? Aún ignorando esta afrenta, es dable
remarcar que las PASO no sirvieron siquiera para resolver las disputas
intrapartidarias, puesto que la mayoría de los partidos políticos
presentaron un solo candidato, haciendo de las primarias una suerte de
riguroso sondeo gratuito, antes que un filtro de listas como se supone
que debería ser.
2. ¿Democratización de la política?. No caben dudas de que el
kirchnerismo es experto en el uso del lenguaje político y en la
manipulación de la realidad. Tampoco quedan dudas de sus nulos
escrúpulos. Y es digno de destaque, en este sentido, que Cristina
Kirchner se haya atribuido un nuevo logro “nacional y popular” que, en
los hechos, su partido despreció: la llamada “democratización de la
política”, el nombre que el gobierno le ha dado al sistema de las PASO
que, según nos dicen, “purifica” la democracia brindándonos otra
instancia de elección. Pero ocurre que el kirchnerismo en ninguna
provincia presentó más de una lista. Los candidatos oficialistas no
fueron elegidos ni por la sociedad ni por los afiliados al Frente para
la Victoria; antes al contrario, fueron escogidos unilateralmente por el
dedo de Cristina.
3. Vencedores vencidos. No se entiende qué festeja el kirchnerismo.
Haber perdido 4.300.000 votos en menos de dos años no debiera ser motivo
de festejo para ninguna fuerza política integrada por individuos en sus
cabales. Cristina dice alegrarse porque su partido continúa siendo
primera minoría a nivel nacional, pero incurre con este argumento en un
grave error para cualquier intento de análisis político serio, a saber,
que la política no puede jamás observarse como una fotografía, sino que
debe verse como una película. En otras palabras, la política no es un
instante, sino un proceso. Así pues, la performance política no se mide
aislada de las experiencias previas; al contrario, debe ser contrastada
con resultados anteriores que pongan de manifiesto si existió avance o
retroceso en el desempeño electoral en evaluación. Y si consideramos que
en 2011 el kirchnerismo sacaba 54% de los votos, mientras que hoy saca
el 24% (siendo esta la
peor elección desde el 2003), la conclusión es inobjetable: los
vencedores son en verdad vencidos.
4. 54% Q.E.P.D. La dimensión discursiva no se debe dejar de lado en un
análisis sobre los corolarios de las PASO. En efecto, el populismo no es
otra cosa que un “momento discursivo” según el propio Laclau. Y en este
terreno también el kirchnerismo ha perdido su sanalotodo “54%”,
guarismo que fuera repetido hasta el hartazgo para justificar hasta lo
injustificable. Pero ahora ha quedado en claro que nada es para siempre,
y que el kirchnerismo deberá prescindir de su “número de la suerte”,
pues estamos asistiendo a su defunción.
5. Hegemonía. La derrota kirchnerista significó un tajo para la
estabilidad política kirchnerista que, de repetirse un resultado similar
en octubre, se transformará en una herida de muerte. No obstante ello,
la hegemonía ideológica que supo cultivar el kirchnerismo, mucho más
profunda y difícil de contemplar, se mantiene intacta. El izquierdismo,
el estatismo y el paternalismo continúan configurando el perfil
ideológico de la gran mayoría de los candidatos con posibilidades
ciertas en octubre. Entender que la lucha última es contra las ideas que
representa el kirchnerismo (y no sólo contra sus personeros), es lo que
abrirá las puertas a una situación contrahegemónica no ya a nivel
meramente político, sino ideológico y cultural que son, según el propio
Antonio Gramsci, las dimensiones por excelencia de la hegemonía.
6. Estrategia kirchnerista. ¿Qué hará el kirchnerismo para revertir este
gran revés mal disimulado? Hete aquí la interrogante que probablemente
se encuentre en mente de la mayoría de los analistas políticos. Lo
lógico, opinan muchos, hubiera sido aceptar la derrota con humildad,
comprender las demandas sociales y modificar el estilo político. Pero
nada de eso sucederá en mi opinión. La última gran (y muy similar)
derrota del kirchnerismo fue en el año 2009, y ningún cambio sobrevino a
pesar de que Néstor, más inteligente para la estrategia política que su
mujer, estaba con vida. Asimismo, otros indicios y primeras reacciones
del espectro kirchneristas hablan en idéntico sentido: Cristina atacando
a los medios por sus análisis electorales, La Cámpora afirmando que “no
daremos ni un paso atrás” y Lorenzino aseverando que no hará ningún
tipo de ajuste económico, son hechos que debieran bastar como para
entender que la esencia del
kirchnerismo es la ciega y autodestructiva intransigencia.
7. 2013 no es 2009. Muchos kirchneristas –empezando por la propia
Cristina– se empeñan por establecer un paralelismo entre lo acaecido en
las elecciones legislativas del 2009 y las de este año. Tiene lógica: en
2009 el Frente para la Victoria fue derrotado en las urnas, pero ello
no fue óbice para una posterior recuperación que culminó en el
sacrosanto 54% de 2011. Luego, el kirchnerismo quisiera ver la historia
repetirse casi con exactitud. Pero ocurre que el 2013 no es el 2009.
Por empezar, hace 4 años el kirchnerismo obtenía el 31% de los votos a
nivel nacional, una cifra que estos mismos desearían tener hoy en lugar
del magro 26% rasguñado. Además de ello, la gran recuperación del
gobierno por entonces vino de la mano de la recuperación económica del
año 2010 que permitió el despliegue aún mayor de políticas
clientelistas, algo que, en virtud de los indicadores económicos
actuales, no se espera que ocurra nuevamente. Y, finalmente, lo más
importante de todo es que en 2009 tanto Néstor como Cristina podían,
conforme a la Constitución Nacional, postularse para la presidencia de
la Nación. Muerto el primero y transitando el segundo mandato
consecutivo de la segunda, la situación cambia de cabo a rabo si no se
logra en el Congreso una mayoría necesaria como para reformar la
Constitución. ¿Por qué? Pues porque la cohesión partidaria entrará en
crisis cuando Cristina se convierta definitivamente en un
“pato rengo”.
8. Fin de ciclo. Si ningún imponderable se presenta hasta octubre, creo
que la derrota kirchnerista de las PASO se reeditará en las elecciones
legislativas venideras. Si esto ocurre, Cristina verá derrumbarse sus
pretensiones de perpetuidad, pues no podrá ajustar la Constitución
Nacional a sus ambiciones personales e irá perdiendo progresivamente el
liderazgo en su partido. Luego, los peronistas empezarán a saltar del
barco en hundimiento como siempre hacen y, lamentablemente, muchos se
reinventarán o reciclarán (el caso de Massa sería así el primero entre
tantos otros que vendrán).
Lo importante, en todo caso, es que el fin de ciclo político termine
siendo a mediano plazo un fin de ciclo ideológico. Pero tiempo al
tiempo, y primero lo primero. @agustinlaje
La Prensa Popular | Edición 225 | Jueves 15 de Agosto de 2013
