“Pretendo aquí un Ejército maduro, mirando hacia el futuro, con clara esperanza y renovadas ansias, para acompañar el Proyecto Nacional que hoy se encuentra vivo e instalado en el corazón y la mente de los argentinos.”Gral. César Milani.- JEMGE
Desde
siempre los argentinos hemos
adolecido de triunfalismo. Esta dolencia que se sustenta en nuestra vanidad sin
límites jamás ha jugado a favor nuestro. Creer que somos los mejores del mundo
es- o era- para nosotros algo tan natural como que el sol sale por el este. Que
no podamos mostrar muchos hechos comprobables que corroboren esta estúpida
autosuficiencia jamás nos ha detenido, pero nos ha metido en la cabeza la
creencia que cada vez que la realidad nos hace hocicar no podemos dejar de pensar
que eso sucede porque detrás del hecho siempre hay una mano artera esperando el
momento justo para darnos una puñalada entre los omóplatos.
A partir de estas perturbaciones psicológicas y de sus
secuelas, que no serían graves si solo se remitieran al futbol, es que hemos
cometido garrafales errores; desde el “Los corro con los bomberos” hasta el
“estamos ganando” del ’82 no han habido años en que los argentinos o sus
facciones hayan repetido las estupideces que les dictaba el triunfalismo.
Acabamos de votar un simulacro de naufragio y la
oposición ya descuenta el ocaso del kirchnerismo. Ni siquiera se han detenido a
considerar quien es Massa ni por que uno de sus laderos es el “cuñado” de la
presidente ni que hace un monigote prebendario y aplaudidor de comparsa como es
de Mendiguren a su lado.
Manejarse
de esta manera, por más repetida que haya
sido esto a lo largo de los años es dar por el pito más de lo que el
pito vale,
las PASO son artilugios carentes de importancia excepto para aquellos
que
necesitaban un ring ad hoc para matarse en “democracia”. Ni siquiera eso
es
importante. Hay otra cosa que es mucho más importante y a la que la
oposición
en su cobardía no se anima a denunciar. Se ha limitado la oposición ante
la cerrada defensa que del general Milani hizo la presidente a hacer
un escándalo en el senado en lo referente al ascenso de éste como si
treinta
y cinco años atrás un subteniente de veinte años pudiera decidir sobre
la vida
o la muerte de alguien. La misma algarabía rastrera que los
opositores en su vocación de
vagón de cola y referentes de la falsedad han venido haciendo desde el
mismo
momento en que aplaudieron la violación
de la Constitución Nacional en su artículo 18 para poder enjuiciar y condenar a
otros que, al igual que Milani, solo cumplían órdenes.
Hoy
en su ceguera reducen el affaire Milani a lo que pudo haber hecho años
atrás y no a lo que verdaderamente puede resultar ser en su puesto de
JEMGE, porque la malsana costumbre de los opositores de bucear en lo
playo y dejar que su vista se quede en el árbol les ha impedido ver que es lo substancial
hoy. Deslizan, sotto voce, que el gobierno no es otra cosa que una asociación
ilícita dedicada al saqueo de la República y se ríen con estúpido alivio del
“relato” que, según ellos, pronto fenecerá porque en su cobarde comodidad no
quieren ver que hay algo que va más allá de una fábula repetidamente contada
según las necesidades del momento.
No quiere la oposición ver, en su miedo, que más allá
de contradicciones y falacias el relato épico al que nos han ido acostumbrando solo
puede ser sostenido teniendo una convicción profunda- más allá del dinero malversado
para comprar lealtades y afectos- de que el pueblo, siempre que esté dirigido
por “maravillosos dirigentes” tiene derecho, per se, a determinar que es lo
trascendente en la República.
La oposición se
ha olvidado, o fiel a su mentalidad de ñandú quiere olvidarse, que la
presidente es un producto de los años setenta. Es un producto de esos años de mesiánica
sinrazón donde cualquier salvajada, siempre que ésta tuviera el sello de
nacional y popular, estaba justificada.
Ella no ha cambiado. El haber vivido un permanente exilio
intelectual en una provincia que tiene más ovejas que seres humanos solo hizo más
fuerte su creencia que para construir una República- según los paradigmas que
movían a la “juventud maravillosa”- era menester la división entre justos y réprobos
y que para estos últimos, los protervos
cipayos de siempre, no cabe la justicia sino la vendetta.
Ella, y quienes le siguen, tienen incólume la profunda
certidumbre que solo ellos pueden llevar al pueblo a su redención y que la
democracia solo puede ser viable tal como ellos la entienden. Nada hay, según
su ideario, que los obligue- sean cual sean las circunstancias- a irse. Nada ha
cambiado de lo que se gestaba el día que “el tio” Cámpora asumió y para esto de
algún lugar debe salir la fuerza para llevarlo a cabo.
¿Se entiende el por que de la pregunta?
JOSE LUIS MILIA
Josemilia_686@hotmail.com
