8 Breves reflexiones sobre las PASO y lo que viene
1. Estafa electoral.
La inmensa cantidad de recursos públicos que insumieron las PASO no
sirvieron siquiera para cumplir con los objetivos fundamentales de una
elección primaria, lo que debería bastar como para poner en tela de
juicio la utilidad del sistema y la honestidad de su aplicación concreta
en nuestra maquinaria política-electoral.
2. ¿Democratización de la política? No caben dudas de que el
kirchnerismo es experto en el uso del lenguaje político y en la
manipulación de la realidad. Tampoco quedan dudas de sus nulos
escrúpulos. Y es digno de destaque, en este sentido, que Cristina
Kirchner se haya atribuido un nuevo logro “nacional y popular” que, en
los hechos, su partido despreció: la llamada “democratización de la
política”, el nombre que el gobierno le ha dado al sistema de las PASO
que, según nos dicen, “purifica” la democracia brindándonos otra
instancia de elección. Pero ocurre que el kirchnerismo en ninguna
provincia presentó más de una lista. Los candidatos oficialistas no
fueron elegidos ni por la sociedad ni por los afiliados al Frente para
la Victoria; antes al contrario, fueron escogidos unilateralmente por el
dedo de Cristina.
3. Vencedores vencidos. No se entiende qué festeja el
kirchnerismo. Haber perdido 4.300.000 votos en menos de dos años no
debiera ser motivo de festejo para ninguna fuerza política integrada por
individuos en sus cabales. Cristina dice alegrarse porque su partido
continúa siendo primera minoría a nivel nacional, pero incurre con este
argumento en un grave error para cualquier intento de análisis político
serio, a saber, que la política no puede jamás observarse como una
fotografía, sino que debe verse como una película. En otras palabras, la
política no es un instante, sino un proceso. Así pues, la performance
política no se mide aislada de las experiencias previas; al contrario,
debe ser contrastada con resultados anteriores que pongan de manifiesto
si existió avance o retroceso en el desempeño electoral en evaluación. Y
si consideramos que en 2011 el kirchnerismo sacaba 54% de los votos,
mientras que hoy saca el 24% (siendo esta la peor elección desde el
2003), la conclusión es inobjetable: los vencedores son en verdad
vencidos.
4. 54% Q.E.P.D. La dimensión discursiva no se debe dejar de
lado en un análisis sobre los corolarios de las PASO. En efecto, el
populismo no es otra cosa que un “momento discursivo” según el propio
Laclau. Y en este terreno también el kirchnerismo ha perdido su
sanalotodo “54%”, guarismo que fuera repetido hasta el hartazgo para
justificar hasta lo injustificable. Pero ahora ha quedado en claro que
nada es para siempre, y que el kirchnerismo deberá prescindir de su
“número de la suerte”, pues estamos asistiendo a su defunción.
5. Hegemonía. La derrota kirchnerista significó un tajo para
la estabilidad política kirchnerista que, de repetirse un resultado
similar en octubre, se transformará en una herida de muerte. No obstante
ello, la hegemonía ideológica que supo cultivar el kirchnerismo, mucho
más profunda y difícil de contemplar, se mantiene intacta. El
izquierdismo, el estatismo y el paternalismo continúan configurando el
perfil ideológico de la gran mayoría de los candidatos con posibilidades
ciertas en octubre. Entender que la lucha última es contra las ideas
que representa el kirchnerismo (y no sólo contra sus personeros), es lo
que abrirá las puertas a una situación contrahegemónica no ya a nivel
meramente político, sino ideológico y cultural que son, según el propio
Antonio Gramsci, las dimensiones por excelencia de la hegemonía.
6. Estrategia kirchnerista. ¿Qué hará el kirchnerismo para
revertir este gran revés mal disimulado? Hete aquí la interrogante que
probablemente se encuentre en mente de la mayoría de los analistas
políticos. Lo lógico, opinan muchos, hubiera sido aceptar la derrota con
humildad, comprender las demandas sociales y modificar el estilo
político. Pero nada de eso sucederá en mi opinión. La última gran (y muy
similar) derrota del kirchnerismo fue en el año 2009, y ningún cambio
sobrevino a pesar de que Néstor, más inteligente para la estrategia
política que su mujer, estaba con vida. Asimismo, otros indicios y
primeras reacciones del espectro kirchneristas hablan en idéntico
sentido: Cristina atacando a los medios por sus análisis electorales, La
Cámpora afirmando que “no daremos ni un paso atrás” y Lorenzino
aseverando que no hará ningún tipo de ajuste económico, son hechos que
debieran bastar como para entender que la esencia del kirchnerismo es la
ciega y autodestructiva intransigencia.
7. 2013 no es 2009. Muchos kirchneristas –empezando por la
propia Cristina– se empeñan por establecer un paralelismo entre lo
acaecido en las elecciones legislativas del 2009 y las de este año.
Tiene lógica: en 2009 el Frente para la Victoria fue derrotado en las
urnas, pero ello no fue óbice para una posterior recuperación que
culminó en el sacrosanto 54% de 2011. Luego, el kirchnerismo quisiera
ver la historia repetirse casi con exactitud. Pero ocurre que el 2013 no
es el 2009.
Por empezar, hace 4 años el kirchnerismo obtenía el 31% de los votos a
nivel nacional, una cifra que estos mismos desearían tener hoy en lugar
del magro 26% rasguñado. Además de ello, la gran recuperación del
gobierno por entonces vino de la mano de la recuperación económica del
año 2010 que permitió el despliegue aún mayor de políticas
clientelistas, algo que, en virtud de los indicadores económicos
actuales, no se espera que ocurra nuevamente. Y, finalmente, lo más
importante de todo es que en 2009 tanto Néstor como Cristina podían,
conforme a la Constitución Nacional, postularse para la presidencia de
la Nación. Muerto el primero y transitando el segundo mandato
consecutivo de la segunda, la situación cambia de cabo a rabo si no se
logra en el Congreso una mayoría necesaria como para reformar la
Constitución. ¿Por qué? Pues porque la cohesión partidaria entrará en
crisis cuando Cristina se convierta definitivamente en un “pato rengo”.
8. Fin de ciclo. Si ningún imponderable se presenta hasta
octubre, creo que la derrota kirchnerista de las PASO se reeditará en
las elecciones legislativas venideras. Si esto ocurre, Cristina verá
derrumbarse sus pretensiones de perpetuidad, pues no podrá ajustar la
Constitución Nacional a sus ambiciones personales e irá perdiendo
progresivamente el liderazgo en su partido. Luego, los peronistas
empezarán a saltar del barco en hundimiento como siempre hacen y,
lamentablemente, muchos se reinventarán o reciclarán (el caso de Massa
sería así el primero entre tantos otros que vendrán).
Lo importante, en todo caso, es que el fin de ciclo político termine
siendo a mediano plazo un fin de ciclo ideológico. Pero tiempo al
tiempo, y primero lo primero.
Agustín Laje
