El martes 6 de agosto, a media mañana, la Ciudad de Rosario se vio sacudida por una fuerte explosión.
Tras el estruendo, sangre y muerte.
El suceso se produjo en calle Salta 2141 de la Chicago argentina.
Fue por negligencia o impericia que se provocó un gran escape de gas, origen de la explosión y el fuego.
Los
números fríos, esos que sirven para las estadísticas, hablan a 24 horas
del hecho, de 10 muertos, 11 desaparecidos y numerosos heridos.
La
Presidente de la Nación, que no abandonó su descanso en el Calafate
cuando ocurrió la tragedia de Once, ahora, a pocas horas de los
comicios, no podía estar ausente.
Y como no podía ser de otra manera, recibió algunos aplausos y muchos silbidos e insultos. Hasta se vio volar una botella.
Muchos definen el hecho como la mayor tragedia de la historia de Rosario.
Gente de poca memoria.
Parece que nadie recuerda otra tragedia de similar magnitud, que no ocurrió ni por negligencia ni por impericia.
Fue un hecho que se produjo con premeditación y alevosía. En las
tareas previas, participaron de la inteligencia y planeamiento, entre otros, Rafael Bielsa.
Según Carlos Kunkel, aquellos que ponen bombas son técnicos en explosivos pero no personas que realicen actos de terrorismo.
Pues
bien, unos “técnicos en explosivos”
prepararon e hicieron estallar una bomba instalada en el interior de un
automóvil Citroën 2CV estacionado en Junín y Rawson, a la altura de
donde hoy está ubicado el Shopping Alto Rosario.
El atentado fue el 12 de septiembre de 1976.
Los
fríos números, en este caso, hablan de nueve agentes policiales
muertos, además de un matrimonio que circunstancialmente pasaba por el
lugar en otro automóvil. También resultaron numerosos heridos, algunos
con lesiones irreversibles.
Estos desean la impunidad y el olvido.
Por este hecho, los
organismos de derechos humanos no claman por MEMORIA Y JUSTICIA.
Orlando Agustín Gauna Bracamonte
TE 0342 155036171 - 0342 4510487
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