Inevitablemente desnudó su alma: es un K hecho y derecho; sin más. Un hombre “del palo”, que no titubeó al momento de aguantarse la denigración y el ninguneo, los retos y los desplantes del matrimonio que apadrinó su derrotero político; es decir: un forro.
“Nadie cambia de caballo en medio de la carrera”, dijo Scioli y cumplió. Jamás hubiera pensado que tendría el valor y lo que debe tener un hombre, para despegarse de un gobierno corrompido y corruptor, al que tan bien responde y por el que tanto hace.
Ya no tendrá que fingir más con esa cara de Scioli, si apoya o no al modelo, si le gusta o no el kirchnerismo; sabemos que está cosido en las polleras de la presidenta y por lo tanto, quien en el 2015 haya pensado en votarlo, debe saber que en realidad votará al kirchnerismo. Obviamente, aquel que no quiera votar la continuidad del kirchnerismo, sabe de antemano, que no debe votar a Scioli.
Solo debemos agradecerle al gobernador bonaerense, habernos clarificado de qué lado estuvo siempre, cosa que, por otra parte, jamás dudamos.
