Las andanzas de Cabandié e Insaurralde: un collar de melones para el postoperatorio de CFK
Como es lógico, todos nos preguntamos qué pensará la presidente, que
se encuentra en estricto reposo, del episodio que tuvo como
protagonistas a Juan Cabandié, Martín Insaurralde y la despedida
inspectora de tránsito de Lomas de Zamora Belén Mosquera. Cabe suponer
que la jefa de Estado está al tanto de lo hecho por los dos candidatos
que son su esperanza para remontar el resultado de las primarias del 11
de agosto. Por ejemplo, que las mentiras sucesivas de Cabandié sobre su
entredicho con Mosquera cuando detectó que él no tenía el seguro de su
auto en orden fueron seguidas por la arbitrariedad del intendente
lomense, que dispuso el cese del contrato de aquélla. La joven ex
inspectora de 22 años está inscripta como monotributista y no hay que
descartar que ahora Ricardo Echegaray inicie una persecución política en
su contra. Lo cierto es que aquella fue ofendida e insultada cuando
cumplía su deber y encima fue echada de su trabajo. Ahora deberá
rebuscárselas, haciendo changas en la verdulería de su madre. Pero le
costará vender, debido a los altos precios que registran esos productos
por las “heladas destituyentes” que castigaron a muchas provincias.
Lo de Cabandié es muy grave. Presionó a Mosquera con su condición de
hijo de desaparecidos, como si esto le diera derecho a bastardear a la
gente y encima dijo que lo llamó al Subsecretario de Seguridad
bonaerense Martín Arias Duval, un hombre de León Arslanián. Pero en su
programa, Jorge Lanata mostró otra parte del video que se refiere a
Insaurralde, ya que el episodio ocurrió en Lomas de Zamora. La verdad
objetiva es aún más grave: Insaurralde cesanteó a la agente, es decir,
le aplicó a la inspectora el “correctivo” que exigía el legislador
porteño como castigo por haberle exigido la póliza del seguro de su
auto.
Un panorama complicado
En tanto, la presidente, tal como le exigieron los médicos, debe
seguir un estricto reposo. Si algo quedó en claro es que, en medio de la
escasa información sobre su salud, los medios empezaron a difundir que
no se conoce la causa de su arritmia. Es significativo que ayer el
matutino Clarín publicara en su tapa una nota que dice que no
sólo las adolescentes sufren la anorexia y pone como síntomas de esa
enfermedad: hipotensión, hiperactividad, gimnasia para bajar de peso,
carácter irritable y aislamiento social. Todas características que en
los últimos tiempos se advierten en nuestra presidente, al margen del
golpe y el hematoma posterior. Un cuadro compatible con otro mal que
ella padece, el síndrome de Moria, muy parecido al síndrome de Pick, que
produce desinhibición, histrionismo y humor procaz. Algo que suele usar
últimamente CFK en las teleconferencias, de las cuales estará ausente
por dos meses. Antes de su última interacción, los síntomas el síndrome
de Moria se hicieron ver el viernes 4 de este mes, cuando inauguró por
tercera vez el hospital de la Matanza, adonde concurrió con pantalones
elastizados. Y también en la segunda parte del reportaje con Jorge
Rial, en el que se mostró más autorreferencial que nunca, poniendo en
evidencia que la realidad es para ella lo que ella quiere ver reflejado,
cuestión que evoca el síndrome de hubris. Este panorama incluye
entonces varios golpes y un hematoma, contemporáneos con varios
síndromes psiquiátricos comentados, que le dificultarían la percepción
de la realidad. Esto no implica en lo más mínimo que no sea responsable
por sus actos. En este orden de cosas, su recuperación corre contra el
reloj de la realidad económica, que amenaza con llevarse puesto su
gobierno.
