El G8 nace de la voluntad de los hombres: “es fruto de la voluntad de los Cardenales”, que antes del Cónclave expresaron tener un gobierno horizontal en la Iglesia.
Los Cardenales, en sus tertulias, ya decidieron quién sería el hombre perfecto para poner este gobierno horizontal.
Y esta es su mente: “Una decisión del Papa tomada junto con los obispos tiene la autoridad por toda la Iglesia” (Piero Marini en una entrevista concedida a La Nación de Costa Rica).
Esta inteligencia viene de esta mentira: “Los obispos son la suprema autoridad de la Iglesia junto con el Papa”.
La Suprema autoridad en la Iglesia es el Papa, no los Obispos junto con el Papa.
Primero es el Papa y debajo de Él todos los demás.
Si esto no se tiene claro, entonces no se comprende la unión de los Obispos con el Papa para formar el Papado.
Una cosa es el Papa, otra el Papado.
El
Papado resulta de la obediencia de los Obispos al Papa. Sin esta
Obediencia, no existe el gobierno vertical, sino que sólo se proclama el
gobierno horizontal: los Obispos se igualan al Papa, están junto al
Papa y así forman la suprema autoridad.
Esta
se llama la herejía del gobierno horizontal: todos somos uno, no por
obediencia, sino por similitud. Es igual el Papa, porque es Obispo, que
los demás Obispos. La función del Papa, en el gobierno horizontal es
sólo ser la Voz de los Obispos, pero no la Voz de Cristo. Una diferencia
abismal con el gobierno vertical.
Este
gobierno horizontal se origina en la creencia de que el Papa toma
decisiones personales, privadas, y entonces se equivoca en el gobierno.
Los Obispos no creen en el Papa, en la Piedra que Jesús fundó Su
Iglesia. De aquí nace su pecado: su falta de fe en Pedro.
Todo
pecado en la Iglesia es siempre una falta de fe. Porque no se cree en
la Palabra, entonces se pone el gobierno horizontal. Y no hay otra
razón.
Se pone ese gobierno horizontal por la soberbia de los Obispos, que impide la Obra de la Verdad en el Papado.
Y
la soberbia de los Obispos es distinta de la soberbia de cada Obispo.
Los Obispos se reúnen para conseguir este gobierno horizontal: eso se
llama, en la vida espiritual, pecado de orgullo, que viene del pecado de
soberbia de muchos.
Siempre
el pecado de orgullo es fruto de muchos que pecan en el pecado de
soberbia, como cuando Lucifer derribó una tercera parte de las estrellas
del Cielo, es decir, él encabezó el pecado de orgullo de muchos ángeles
en el pecado de soberbia.
Luego,
en este pecado de los Cardenales para implantar el pecado de orgullo
del gobierno horizontal, hay una cabeza que los mueve tanto a los
Cardenales como a Francisco para este fin. No es que les viene esta idea
por arte de magia. Es una cabeza que idea todo el plan para conseguir
este gobierno horizontal y así suprimir el Papado en la Iglesia y poner
sólo una figura del Papado, con la figura del Papa. Todo como en la
Iglesia Católica, pero sin Espíritu.
Este
Cabeza es la que presionó al Papa Benedicto XVI para que renunciase a
la Cátedra de Pedro, a la Silla del Pescador, a las Sandalias de la
Verdad.
Por esta Cabeza, que es un hombre de la masonería, que nadie conoce, pero que lo mueve todo en la Iglesia, Benedicto XVI tuvo que dejar el puesto libre para el gobierno horizontal. Esto fue sólo el motivo de su renuncia. Él se opuso al gobierno horizontal y fue presionada hasta la muerte. Y prefirió seguir viviendo, que dar su vida por la Iglesia y por Cristo.
Por esta Cabeza, que es un hombre de la masonería, que nadie conoce, pero que lo mueve todo en la Iglesia, Benedicto XVI tuvo que dejar el puesto libre para el gobierno horizontal. Esto fue sólo el motivo de su renuncia. Él se opuso al gobierno horizontal y fue presionada hasta la muerte. Y prefirió seguir viviendo, que dar su vida por la Iglesia y por Cristo.
Esta
Cabeza no es cualquier cabeza, sino que es un hombre que no le importa
matar, porque posee el espíritu demoniáco que se define como matador de hombres.
Y
se mata por un ideal satánico, nunca por un ideal humano o espiritual.
Y, por tanto, lo que se produce es un movimiento del demonio en la
Iglesia para conquistar la Silla de Pedro. Es algo muy premeditado por
esta Cabeza. No es algo que pasa por las circunstancias que vive
Benedicto XVI. Todo se montó para conseguir la renuncia del Papa
Benedicto XVI.
Esta
Cabeza, que está en la Iglesia, tiene un líder en el mundo. Los dos
están unidos para un mismo fin, que es doble: en el mundo y en la
Iglesia. El fin consiste en poner un mismo Jefe para el mundo y para la
Iglesia.
Por
eso, es necesario un rey en la Iglesia que se abra al mundo, a su
espíritu moderno y lleva a la Iglesia hacia ese líder en el mundo.
La
misión de este rey en la Iglesia no es gobernar la Iglesia, sino hacer
que la Iglesia se transforme en una cosa más que hay en el mundo, una
pieza más para el mundo.
Por
eso, es necesario destruir los dos pilares de la Iglesia en dos golpes
de estado. Hay que destruir el Papado y poner un gobierno provisional,
pero que, en realidad no gobierna, y destruir la Eucaristía y poner una
mesa de confraternidad, de amor entre los hombres con comida para los
hombres.
Una
vez conseguido estos dos objetivos, lo otro es fácil. Porque lo que
impide que la Iglesia sea una pieza del mundo son estas dos verdades.
Las demás, nacen de estas dos verdades fundamentales: Cristo Rey y Su
Vicario en la Tierra. La Eucaristía y el Papa. Quitados los dos, ya no
existe la Iglesia.
Francisco
dio el golpe de estado perfecto. Y nadie se opuso. Pero falló en una
cosa: habló de lo que no tenía que hablar en esas declaraciones, porque
desveló el secreto de la Cabeza que lo gobierna.
Ahora
esa Cabeza está obligada a cambiar de plan. El plan era ir, poco a
poco, quitando cosas en la Iglesia, cosas pequeñas, hasta llegar a la
grande, hasta quitar la Eucaristía. Y así, sin que nadie se hubiera
opuesto, entonces se consigue todo el efecto.
Pero
Francisco hizo lo que no tenía que hacer por ser un hombre vividor, que
le gusta la comunicación, el estar rodeado de gente, y esas
declaraciones abrieron los ojos de muchos que saben lo que ahí se está
diciendo. Y Roma ha tenido que callar a mucha gente para encarrilar lo
que la Cabeza quería. Pero no ha sido posible.
Hay
gente que ha despertado y se ha empezado a oponer en la Iglesia. Y es
necesario un cambio de estrategia por parte de la Cabeza que lo gobierna
todo ahora en la Iglesia.
Y
es posible que tenga que rodar la cabeza de Francisco por su
imprudencia en este plan. Porque todo iba perfecto hasta sus
declaraciones. Ahora se ha visto por dónde cojea Francisco y eso es un
impedimento para forzar a la Iglesia a dejar dogmas. La oposición va a
ser más dura, no va a ser tan fácil como el golpe de estado al Papado.
En
la Iglesia se necesita un déspota como Francisco para quitar la
Eucaristía. Si no es imposible. Y tiene que hacerlo como Francisco:
ganarse a todos y dar el golpe.
Por
eso, muy pronto veremos un gran cambio en la Iglesia. De la noche a la
mañana, la Iglesia desaparecerá y se mostrará en Roma la fornicación de
la Jerarquía Eclesiástica con los masones de la Ciudad del Mundo.
Mundo
e Iglesia esa es la herejía de la nueva iglesia, gobernada ahora por el
déspota Francisco. El Mundo, en esa nueva iglesia, es el mundo de los
masones. Y la Iglesia, en esa nueva iglesia, es la misma Iglesia
Católica, pero sin Espíritu, una figura de la Iglesia Católica, con todo
lo que tiene la Iglesia que Jesús fundó en Pedro, pero sin el Espíritu
Santo.
Por
tanto, una iglesia que es un cisma en Roma. Una iglesia que imita a la
Iglesia Católica, pero que ya no es la Iglesia Católica. Y ahí comenzará
el gran problema para muchos. Porque ellos seguirán con lo mismo: y
proclamarán santos, y declararán dogmas, y harán todo como la Iglesia
Católica. Y esto supone una gran persecución hacia los que reniegan de
esa nueva iglesia.
Esa
nueva iglesia es la que será reconocida en Roma como la verdadera
Iglesia Católica. Este es el problema. Y aquél que no quera esta
iglesia, lo expulsarán y tendrá que vivir como uno más sin poder decir
que son la Iglesia Católica.
He
aquí el punto más conflictivo de esta lucha espiritual. Lo que ha hecho
Francisco no es un juego. Lo ha hecho en Roma. No se ha ido de Roma.
Por eso el peligro que se cierne sobre todos los auténticos seguidores
de la Verdad.
La Verdad va a ser ocultada, perseguida, matada, para que sólo exista esa falsa iglesia católica en Roma.
Por
eso, Roma se ha convertido en una Ramera. Ya no da la Verdad, ya es
sólo la fornicación con Satanás. Y será el gran cisma de todos los
tiempos, organizado por dos cabezas: una en la Iglesia y otra en el
mundo. Dos ejes que mueven todo el mundo. Pero lo trágico es que esas
dos cabezas no son cualquier cabeza: son engendros del demonio. Eso
significa que tienen la inteligencia y el poder del demonio para llegar a
esto. No tiene sólo poder humano, sino también poder de las tres
cabezas que componen la esencia del demonio: Satanás, Lucifer y Belzebú.
Estos
tres son los que organizan todo el reino del infierno y los que mueven
todo el reino del mundo. Y hay que saber combatir a cada uno de ellos.
El que está ahora es Satanás. Y hay que combatirlo con la espada de la Verdad.
Sin esta espada es imposible vencerlo, porque se mueve en las razones
de los hombres para que ellos se queden en una razón que pone Satanás en
sus mentes. Y hay que buscar esa razón para destruirla.
Por
eso, hay que darse a discernir todo lo que ha dicho Francisco y sólo
así se desnuda a Francisco, se ve su error y se vence a Satanás en él. Y
es lo que no hacen tantas personas que hablan de Francisco pero no lo
enfrentan, no le ponen la verdad delante de su cara. Y eso es hacer
juego a Satanás. A Satanás sólo se le vence con la Verdad, no con medias
verdades o medias mentiras. Sólo con la Verdad. Pero es necesario que
cada alma se ponga en la sencilla verdad, porque si no no se consigue la
victoria.
La
Verdad es muy simple. Satanás es el que complica las mentes de los
hombres con tantas ideas, filosofías, psicologías, que no sirven para
ponerse en la Verdad.
Y
este ponerse en la sencilla verdad es misión de cada alma. No esperen
vencer a Satanás porque otro lo venció y consiguió desnudar a Francisco.
No se batalla así en este momento de la Iglesia. Esto ha servido en los
20 siglos de iglesia. Pero ahora nadie va a dar un escrito, firmado por
Roma, en que se vean las herejía de Francisco. Ahora cada lama tiene
que creer en la Verdad para poder luchar contra la mentira que viene de
Roma. Esta es la batalla contra Satanás. Una batalla que cada alma
tiene que hacer. Y aquí sólo se dan las bases para esta batalla. Y aquí
se dan las cosas claras para que las almas luchen y se enfrente al
demonio en la Iglesia, no sólo en sus vidas privadas.
Ahora
se batalla al demonio en la Iglesia. Es una batalla distinta, porque
hay que oponerse a toda la Jerarquía que quiere una iglesia que no es la
auténtica. Y si las almas no se levantan contra la mentira que dan
muchos sacerdotes, Obispos, fieles en la Iglesia, entonces lo que se
produce en ellas es un daño gravísimo que les puede costar la salvación
de sus almas.
¡Cuántos
se va a perder porque no saben luchar contra el demonio en la Iglesia!
Están en su humanismo. Como es el Papa, como es elegido por Dios, como
es tan bueno, tan caritativo, tan humano, entonces no pasa nada. Hay que
seguir viviendo, porque todo está bien.
Este es el engaño del mismo Satanás en la Iglesia. Y lo siguen muchos que comulgan, confiesan y demás, pero no ven la Verdad.
Para
combatir a Satanás ver la Verdad para ponerse en la Verdad. Y entonces
se le vence. Quien no se pone en la Verdad, entonces sigue lo que todo
el mundo dice de Francisco, se acomodan a Francisco, lo soportan porque
es el Papa, pero no se enfrentan a él. Hay que enfrentarse a él. Hay que
predicar en contra de él. Si no es imposible vencerlo. Es fácil
acomodarse a la vida y no tener problemas con nadie. Pero es difícil
ponerse en la Verdad y decirla a las claras, aunque a todos les moleste y
miren mal. Sólo la Verdad es la que une en el Amor. Las medias verdades
siempre producen división en la Iglesia.
