Muchos no han comprendido la Verdad que encierra las palabras de Jesús: “Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré Mi Iglesia” (Mt 16, 18)
Muchos
hacen de esta Palabra, su palabra humana, su recuerdo, su memoria, su
interpretación, su filosofía de la vida, su política en la vida, su
negocio en la vida, su pasión en la vida, su necedad en la vida.
Y en esta Palabra se encierra la Verdad de la Iglesia, la única Verdad, la Columna en la que se apoya la Iglesia: el Papado.
Amar
el Papado es Amar esta Verdad, es entender esta Verdad, es enseñar esta
Verdad, es obrar esta Verdad, es gobernar con esta Verdad.
Esta Verdad encierra dos verdades:
1.- El amor de Jesús sobre el Papa.
2.- El amor de la Iglesia sobre el Papa.
1.- Jesús ama a Pedro colocándole en la Roca de la Verdad, que es Él Mismo. Y esto significa que Pedro tiene Toda
la Verdad. Y no sólo una parte de la Verdad, no sólo unos conocimientos
de la Verdad, no sólo unas obras de la Verdad, no sólo un poder para
gobernar con la Verdad. Pedro lo tiene Todo. Y, por
tanto, no necesita otras verdades, otros conocimientos para levantar la
Iglesia, para gobernarla, para hacer en la Iglesia obras que no nazcan
de esta Verdad.
Por
tanto, Pedro no necesita escuchar a nadie en la Iglesia, no necesita
buscar razones en la Iglesia para gobernar, para enseñar, para obrar.
Pedro, al tener Toda la Verdad, puede enseñar, obrar y dirigir la Iglesia sólo escuchando la Voz de Jesús. Y no hace falta más.
Sólo
los Papas Santos pueden hacer esto. Los demás Papas buscan por aquí y
por allá lo que no es la Verdad y, de esa forma, permiten que en la
Iglesia entren muchas cosas que no pertenecen a la Verdad, que son
verdades que los hombres tienen en sus razones, pero que no sirven para
construir la Iglesia.
Se
edifica la Iglesia con la Verdad que nace del Pensamiento Divino. No se
edifica la Iglesia con las verdades que cada uno tenga en su razón
humana, en su filosofía humana de la vida, en sus obras humanas.
Gobernar
la Iglesia es oponerse a cualquier gobierno humano en la Iglesia.
Porque Gobernar la Iglesia es ir detrás del Espíritu de la Verdad, no es
ir tras los pasos de los hombres inteligentes y sabios que han
acaudalado en la Iglesia sus verdades, pero que no han hecho en la
Iglesia ninguna obra de la Verdad por no estar con Pedro.
Muchos
sacerdotes y Obispos no aman a Pedro. Y, por tanto, se desprenden de la
Verdad, que está en Pedro, y hacen en la Iglesia la obra de sus
verdades, que son sólo sus mentiras.
Pedro tiene Toda la Verdad. Y Pedro tiene que ser Santo en la Iglesia para poder gobernarla como Jesús quiere.
Jesús
da a Pedro un Carisma para edificar la Iglesia. Un Carisma diferente a
la Gracia. Ese Carisma obra de forma independiente a la Gracia. La
gracia es para el corazón del hombre, para que busque la santidad de su
vida, para que corra hacia el bien de su vida, que es siempre Dios. El
carisma es para obrar el bien divino en la Iglesia. No es para
santificar. Se santifica con la gracia, no con el carisma.
Y,
por tanto, en la Iglesia se han dado Papas pecadores y demonios. Y eso
no impide el Carisma. Y Jesús ha conducido a Su Iglesia con un Papa
pecador, y la Iglesia sigue siendo Infalible a pesar del Papa pecador.
La Iglesia nunca se equivoca porque Pedro tiene Toda la Verdad, aunque
viva en el pecado y no posea la gracia santificante, que le mantiene en
la escucha de Jesús. Sin la gracia santificante, Pedro no puede escuchar
a Jesús y no puede gobernar la Iglesia como Jesús quiere.
Pero
Jesús gobierna la Iglesia con el Carisma que le da a Pedro, no con la
Santidad de Pedro. Si Pedro es Santo, mucho mejor para toda la Iglesia.
Pero si Pedro no es Santo, entonces sufre toda la Iglesia, pero la
Iglesia se mantiene en la Verdad.
2.- Ante la situación que se está viviendo en la Iglesia, la Iglesia tiene que amar a Pedro.
Pedro
es Benedicto XVI, porque el Carisma dado por Jesús al Papa Benedicto
XVI es inmutable, es decir, no cambia, no termina, no se diluye, por un
pecado de Benedicto XVI, ni por un escrito que diga que ha renunciado al
Papado. Dios es inmutable. No cambia porque los hombres lo digan, lo
razonen, lo escriban, se vayan de la Iglesia, se retiren a un lugar
apartado. Dios es Fiel a Su Amor. Son los hombres los que dejan de ser
fieles al Amor que Dios les da.
La
Iglesia tiene que amar a Benedicto XVI por ser el Papa que Dios ha
elegido. En él está toda la Verdad, por el Carisma del Papado. Su
renuncia es sólo su pecado, que va contra la gracia santificante en su
corazón. Pero ese pecado no impide el Carisma que tiene del Papado. Su
escrito en la que él declara su renuncia es sólo un papel que agrada a
los hombres, pero que no dice nada a Dios. Dios no rige la Iglesia con
papeles, sino con un Carisma dado a Pedro.
Benedicto
XVI no tiene derecho a renunciar al Carisma que Jesús le ha dado,
porque los Dones Dios los da y Dios los quita. Dios no pregunta si se
quiere o no el Don. Dios elige a la persona para darle el Don que Él
quiere. Y Dios no quita esta elección, aunque la persona rechace la
Elección.
Por
tanto, la Iglesia tiene que amar a Benedicto XVI. El problema está en
que la Iglesia tiene como Papa a uno que es Anti-Papa. Este es el
problema.
La
Fe no está en la Iglesia. Para tener Fe no hay que acomodarse a
cualquiera que diga que es Papa. La Fe no es que me guste o no me guste
el Papa. La Fe no es un sentimiento hacia el Papa. La Fe no es una razón
por la que se entiende que ése es el Papa. La Fe no es la reunión de
unos Cardenales para elegir Papa. La Fe es la Palabra de Dios.
Fe
en Jesús, que es la Verdad. Si no existe esta Fe, no existe la Iglesia.
Porque la Iglesia es la Obra de la Fe, es decir, la Obra de la Verdad,
la Obra de Jesús en medio de un mundo que no es la Verdad, en medio de
hombres que siguen sus verdades, en medio de hombres que obran sus
verdades.
La
Iglesia es la Obra de Jesús. Y, para ser Iglesia, hay que ser Jesús,
hay que obrar como Jesús, hay que enseñar como Jesús, hay que vivir como
Jesús.
Y hacer eso sólo se puede realizar en el corazón que tenga Fe en Jesús.
Muchos
en la Iglesia no tienen Fe en Jesús, en Su Palabra, sino que sólo
tienen fe en sus razones, en sus filosofías, en sus teologías, en sus
obras humanas, en sus vidas humanas, en sus sentimientos humanos, en su
estúpida vida humana. Hay mucha gente así: fieles, sacerdotes, Obispos. Y
para ellos la fe es todo menos lo que dice la Palabra de Dios. Y hacen
una Iglesia que no es la de Jesús. Es la Iglesia que se han inventado
ellos con sus verdades que nacen de sus mentes humanas, con sus obras
que nacen de sus voluntades humanas, con sus vidas que nacen de sus
sentimientos y caprichos humanos.
La
Iglesia ha perdido la Fe en Pedro, porque sólo se ha dedicado a ver los
pecados que con ese Pedro se han dado en la Iglesia. Y han dejado a
Pedro solo, para seguir construyendo una Iglesia oscura, decaída en el
Espíritu, regida por multitud de pensamientos humanos, de filosofías
humanas, que sólo obran el destrozo de la Verdad.
La Verdad, que está en el Pensamiento Divino, no es la verdad que está en la mente del hombre: “Mis Pensamientos no son vuestro pensamientos”.
Y muchos en la Iglesia creen que se obra el Pensamiento de Dios a base
de poner sus pensamientos humanos. Y, por eso, se alejan de la Verdad,
que es Jesús.
Hoy
toda la Iglesia está alejada de la Verdad porque sigue las verdades de
los hombres. Y los hombres han elegido a un nuevo Papa yendo contra la
Verdad, contra la Fe en la Palabra de Dios, que dice que Jesús edifica
Su Iglesia sobre Pedro. Y Pedro es hasta la muerte, porque el Carisma es
hasta la muerte.
Y, por tanto si se elige a otro Papa viviendo Benedicto XVI, se elige siempre
un Anti-Papa. Y nadie quiere ver esta Verdad, porque no interesa verla
para muchos de la Iglesia, que sólo están en la Iglesia regidos por sus
pensamientos humanos, sentimientos humanos, voluntades humanas, obras
humanas, y no les interesa la Verdad, sino sólo sus verdades.
Quien
no lucha por la Verdad en la Iglesia lucha por sus verdades en la
Iglesia. Quien no se coloca en la Verdad del Papado, entonces derriba la
Verdad del Papado, que es lo que ha hecho ese masón llamado Francisco,
al que muchos en la Iglesia lo llaman Papa, porque han perdido Fe en la
Palabra.
Hay
que luchar por la Fe en la Palabra. No hay que luchar por un masón en
la Iglesia. Hay que levantarse contra ese masón y enseñar la Verdad,
dónde está la Verdad en la Iglesia. Y si no se hace esto, todos jugando
el juego de ese masón, un hombre sin vida religiosa, un hombre que se
cree Dios y que cree que todo es Dios por la doctrina que sigue, que es
el panteísmo. Un hombre que no es lo que parece: parece un sacerdote,
parece un Obispo. Y no es eso. Es un camaleón, como son todos los
masones, que se esconden ante todo el mundo y que dan una apariencia de
santidad, de humildad, de caridad, sólo para engañar a los necios de
pensamiento y a los hipócritas de corazón que no saben luchar en sus
vidas por la Verdad, sino sólo por sus verdades, por sus intereses
humanos, egoístas. Y llaman a esos intereses personales los intereses de
Dios, como lo hace ese masón vestido de túnica talar, buscando el
aplauso de los tontos como él.
La
Iglesia es la Obra de Jesús en medio de los masones. Porque la
masonería siempre ha estado en la Iglesia. Ahora se ha sentado en la
Silla de Pedro. Pero Jesús sigue gobernando Su Iglesia con el Carisma
que ha dado a Benedicto XVI: verdadero Papa, pero inútil hasta que no se
levante de su pecado y haga que toda la Iglesia vuelva sus ojos a la
Verdad. Hasta que no haga eso, hay que dar la Verdad a la Iglesia, pero
sabiendo que nadie va a escuchar, porque la Iglesia tiene que escuchar a
Benedicto XVI, a los que se unen a Él. No tiene que escuchar las
palabras de nadie, las razones de nadie. La Iglesia tiene que luchar por
la Verdad, que es Jesús. Y si no lucha, la Iglesia se acaba por sí
misma en sus miembros.
Por
eso, hay una esperanza en medio de lo que vemos: hay gente con Fe en la
Palabra y, por eso, la Iglesia continúa, la Iglesia se mantiene viva, a
pesar de que un masón esté sentado en la Silla de Pedro haciendo su
nueva iglesia. No hay que hacerle caso a ese masón. Hay que hacerle caso
a Benedicto XVI cuando se levante de su pecado
