El presidente de Rumanía cruzó la línea peligrosa
Miércoles 02 de Octubre de 2013 00:00
Un año
atrás la intervención de funcionarios norteamericanos y europeos salvó a
Băsescu de la dimisión y de una persecución judicial ineludible. En tal
contexto, la última esperanza de Băsescu es crear una poderosa fuerza
política, que pueda apoyarse en el electorado de la extrema derecha.
Para fortalecer sus posiciones en ese campo electoral rumano el
mandatario está dispuesto a arrastrar al país a conflictos diplomáticos y
políticos.
En su
intervención ante los activistas de movimientos juveniles rumanos
Băsescu criticó las declaraciones de algunos políticos húngaros, que
exigen autonomía para la minoría húngara en Transilvania. La reacción
del presidente del país que sea a declaraciones de políticos extranjeros
de segundo plano es de por sí extraña, pero el presidente de Rumanía
jamás deja escapar la oportunidad para armar escándalos diplomáticos,
incluso si el motivo es insignificante. Todo parece indicar que Băsescu
decidió que el pequeño escándalo es insuficiente y resolvió pasar al
lenguaje jingoísta del siglo XIX, declarando que “¡Rumanía asumirá el
liderazgo regional para poner a Budapest en su lugar!”
El jefe
de Estado rumano cruzó la línea peligrosa y de nuevo se puso a jugar con
fuego. Cabe remarcar que el propio Băsescu se aferra a los dobles
raseros en las relaciones con Hungría. Todo lo que le irrita en el
proceder de Budapest es exactamente lo mismo que hace él en relación a
los países en los que hay grupos étnicos, a los que Bucarest considera
“parte del pueblo rumano”. Al presidente de Rumanía le ofenden los
exabruptos de los políticos de la derecha húngara cuando viajan a
Transilvania, aunque los emisarios rumanos se portan de la misma manera
durante sus viajes por Ucrania, Moldavia o Serbia. A estos políticos les
irrita el aumento del número de poseedores de pasaportes húngaros en
Transilvania, aunque las autoridades rumanas distribuyen pasaportes de
Rumanía en Moldavia, Ucrania y Serbia. Băsescu reconoce que la mayoría
de los habitantes de Moldavia no quiere unirse con Rumanía, pero llama a
la minoría rumanofilia a exigir la unificación, prometiendo que la
“unificación se hará efectiva”. Traian Băsescu, sin avergonzarse de su
propia insolencia, profesa abiertamente el principio “a mí me está todo
permitido, los demás no pueden hacer nada”. El presidente de Rumanía
subió al Olimpo político gracias a los neoconsevadores norteamericanos y
parece no haber comprendido hasta ahora que los tiempos han cambiado y
ser el “George Bush-hijo rumano” es una mala idea.
Sus
pretensiones al “liderazgo regional” solo pueden hacer reír a otros
países de Europa del Este. De facto Rumanía dejó de existir como sujeto
independiente de las relaciones interestatales y es una colonia que la
Unión Europea y EEUU explotan juntos. Rumanía perdió el control de sus
recursos energéticos, de su industria y sector financiero. La vida
económica del país de hecho está dirigida por el Fondo Monetario
Internacional. Para evitar cualquier posibilidad de respaldo regional,
Băsescu manifestó que Ucrania y Serbia son países “que aún deben andar y
andar hasta la verdadera democracia”. Desde el punto de vista del
presidente rumano “el nivel de democracia” se determina por la actitud
hacia la minoría rumana.
El
mandatario rumano tuvo mucha suerte en el plano de que ya casi nadie
toma en serio sus declaraciones, ya que en caso contrario podrían darse
grandes posibilidades de que cierta coalición regional “pusiera en su
lugar” al propio Băsescu. Y si el presidente rumano llega a seguir
jugando con fuego, realmente puede sufrir una gran quemadura.
