viernes, 4 de octubre de 2013

¿ES EL PAPA FRANCISCO UN RELATIVISTA

A propósito de las palabras del Papa en su entrevista al diario La Repubblica

¿Es el Papa Francisco un relativista?

Jue 3·10·2013 · 22:52h 4

La pregunta me la hago después de leer esta entrada que escribe mi estimado Miguel Vidal, a propósito de unas palabras del Papa en una entrevista con el director del diario italiano La Repubblica. Las palabras del Papa en esa entrevista me han recordado a estas otras: “es tarea de la conciencia moral discernir el bien del mal en las distintas situaciones de la existencia, a fin de que, basándose en este juicio, el ser humano pueda orientarse libremente al bien.”
El autor de estas palabras que acabo de citar añadía lo siguiente: “A quienes querrían negar la existencia de la conciencia moral en el hombre, reduciendo su voz al resultado de condicionamientos externos o a un fenómeno puramente emotivo, es importante reafirmar que la calidad moral de la acción humana no es un valor extrínseco u opcional, ni tampoco una prerrogativa de los cristianos o de los creyentes, sino que es común a todo ser humano. En la conciencia moral Dios habla a cada persona e invita a defender la vida humana en todo momento. En este vínculo personal con el Creador está la dignidad profunda de la conciencia moral y la razón de su inviolabilidad.”
Sobre ese vínculo personal, el autor de esas bellas líneas añadía lo siguiente: “En la conciencia, el hombre en su integridad —inteligencia, emotividad, voluntad— realiza su vocación al bien, de modo que la elección del bien o del mal en las situaciones concretas de la existencia acaba por marcar profundamente a la persona humana en toda expresión de su ser. Todo el hombre, en efecto, queda herido cuando su actuación va contra el dictamen de su conciencia. Sin embargo, incluso cuando el hombre rechaza la verdad y el bien que el Creador le propone, Dios no lo abandona, sino que precisamente mediante la voz de la conciencia, sigue buscándolo y sigue hablándole, a fin de que reconozca el error y se abra a la Misericordia divina, capaz de sanar cualquier herida.” Esto lo dijo Benedicto XVI el 26 de febrero de 2001. Puedes leer su intervención completa aquí.
Se queja Miguel en los comentarios de su blog en relación al Papa Francisco: “Escuchamos y leemos sus palabras. Y luego algunos corren a interpretárnoslas, explicándonos que lo que hemos leído y escuchado no es lo que S.S. ha dicho, sino otra cosa.” Desconozco si eso va por mí, o si el hecho de citar ese discurso de Benedicto XVI me llevará a ser encuadrado entre esos algunos, pero no deja de sorprenderme que algunas cosas que está diciendo este Papa, que conectan perfectamente con lo que vienen diciendo sus predecesores, sean acogidas como algo nuevo o incluso herético. Sin embargo, yo veo al Papa Francisco intentando lo que ya apuntó Benedicto XVI: conseguir que el no creyente escuche la voz de su conciencia, esa voz mediante la que -como bien decía el Papa Ratzinger- Dios “sigue buscándolo y sigue hablándole”. Y es que el relativismo que hoy vivimos no es sólo una pérdida de la noción del bien y del mal, sino algo peor: el abandono de la conciencia moral. Por eso mucha gente ya no busca defender la bondad de sus actos, sino que se conforma con justificarlos en la mera voluntad: lo hago porque me da la gana y ya está.
Francisco tiene razón en que la recuperación de la conciencia moral, es decir, plantearse en conciencia la bondad o maldad de los propios actos, cambiaría muchas cosas en el mundo. Basta con ver la total despreocupación que hay entre cada vez más gente hacia todo planteamiento moral. De hecho, hace ya décadas que cuando alguien comete un acto de maldad no lo reconocemos como tal, sino como una locura. En nuestra vida diaria los propios cristianos olvidamos que los hombres somos libres por naturaleza, y que los actos de maldad no son meras patologías -que puede haber casos-, sino el fruto de la existencia del mal entre nosotros.
Por lo demás, si alguien se siente desilusionado con Francisco, o ve en él un cambio de doctrina, es posible que se sienta más identificado las siguientes citas de un Papa:
“Francisco de Asís nos dice: Esforzaos en construir la paz. Pero no hay verdadera paz sin verdad. No puede haber verdadera paz si cada uno es la medida de sí mismo, si cada uno puede reclamar siempre y sólo su propio derecho, sin preocuparse al mismo tiempo del bien de los demás, de todos, a partir ya de la naturaleza, que acomuna a todo ser humano en esta tierra.”
La Verdad con mayúsculas no es una idea que nosotros nos hacemos o consensuamos, sino una persona con la que nos encontramos. Cristo es la Verdad, que se ha hecho carne. Y el Espíritu Santo hace posible reconocerlo y confesarlo como Señor.”
La verdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto, es vista con sospecha. ¿No ha sido esa verdad —se preguntan— la que han pretendido los grandes totalitarismos del siglo pasado, una verdad que imponía su propia concepción global para aplastar la historia concreta del indi- viduo? Así, queda sólo un relativismo en el que la cuestión de la verdad completa, que es en el fondo la cuestión de Dios, ya no interesa. En esta perspectiva, es lógico que se pretenda deshacer la conexión de la religión con la verdad, porque este nexo estaría en la raíz del fanatismo, que intenta arrollar a quien no comparte las propias creencias. A este respecto, podemos hablar de un gran olvido en nuestro mundo contemporáneo.”
“En realidad, el amor no se puede reducir a un sentimiento que va y viene. Tiene que ver ciertamente con nuestra afectividad, pero para abrirla a la persona amada e iniciar un camino, que consiste en salir del aislamiento del propio yo para encaminarse hacia la otra persona, para construir una relación duradera; el amor tiende a la unión con la persona amada. Y así se puede ver en qué sentido el amor tiene necesidad de verdad. Sólo en cuanto está fundado en la verdad, el amor puede perdurar en el tiempo, superar la fugacidad del instante y permanecer firme para dar consistencia a un camino en común. Si el amor no tiene que ver con la verdad, está sujeto al vaivén de los sentimientos y no supera la prueba del tiempo.”
¿Adivinas el autor? ¿Juan Pablo II? ¿Benedicto XVI, tal vez? Pues no: son palabras del Papa Francisco. El primer párrafo es de su encuentro con el cuerpo diplomático en la Santa Sede el 22 de marzo. El segundo párrafo es de una catequesis en la Plaza de San Pedro el 15 de mayo. La tercera y la cuarta están tomadas de la Carta Encíclica Lumen Fidei, presentada el 5 de julio. Desde luego, si Francisco es relativista, debe ser un relativista rarísimo.