lunes, 21 de octubre de 2013

INTRUMENTACION POLITICA DE LA LITURGIA

Instrumentalización política de la liturgia

Los comentarios en el debate sobre el caso Priebke y algunas entradas de otros blogs nos llevan a poner por escrito estas reflexiones. Primero, debemos  salir al cruce de un error muy grave que se desliza en otro blog. En efecto, debe quedar claro que matar directamente a un inocente es siempre un acto malo. La orden de un superior militar de matar a un inocente no debe obedecerse. Si se obedeció, por más que haya circunstancias atenuantes, hay materia necesaria para la confesión sacramental. El confesor juzgará las circunstancias del caso. De poco vale en este plano argumentar con que las leyes de la guerra no consideraban delictiva la conducta, el mandato directo de Hitler, la prescripción, etc. Todo ello se puede discutir en un juicio penal pero no cambia el criterio moral objetivo.
En cuanto a las exequias, no hay críticas para el Vicariato de Roma, ya que según la información que tenemos ahora, ofreció exequias privadas. Lo que parece correcto, habida cuenta de los trastornos al orden público que previsiblemente produciría una ceremonia pública. Tampoco se puede criticar a la FSSPX por ofrecer exequias privadas y explicarlas en un comunicado bien fundamentado. Tal vez hubo ingenuidad en apreciar las motivaciones reales del abogado que solicitó las exequias.
La denegación de sepultura no es un acto que realice la Iglesia, sino los estados. Repetimos que es una notoria injusticia que va contra el derecho natural. ¿Por qué el obispo de Roma, o su Vicario, no han levantado la voz contra esta injusticia? ¿Acaso este silencio resulta coherente con el énfasis francisquista en la denuncia de los “pecados sociales”?  ¿Y cómo entender que no se condene una injusticia que, además, impide una obra de misericordia con un difunto periférico existencial? A diferencia de Benedicto XVI, el antes arzobispo de Buenos Aires y hoy obispo de Roma, ha hecho del no chocar públicamente con la corrección política una constante de su actuación pastoral. De esto, los argentinos conocemos ejemplos de sobra.
Bergoglio, en una de sus entrevistas, considera preocupante el peligro de ideologización e instrumentalización del Vetus Ordo. El peligro existe, sea remoto o próximo, porque los seres humanos podemos instrumentalizar las cosas más santas. Pero también cabe una ideologización e instrumentalización del Novus Ordo. La ideologización es un hecho constatable incluso en elementos aprobados para el uso litúrgico: pasajes de la Escritura deliberadamente mal traducidos por sesgo ideológico (v.“Biblia Latinoamericana” y sus notas); cancioneros litúrgicos politizados; misales para los fieles aderezados con introducciones y notas heréticas, liberacionistas, marxistoides (v. “Misal de la comunidad” de Burgaleta, Floristán et al), etc. Además, también cabe la instrumentalización de las celebraciones litúrgicas Novus Ordo, con la propaganda de grupos políticos de diverso signo.
El obispo Angelelli celebra Misa Novus Ordo para montoneros argentinos.
La liturgia en el Usus antiquior es buena en sí misma. Lo menos que podemos decir de ella es que -en nuestra opinión- supera por mucho a la reformada en su capacidad objetiva para expresar la lex orandi y la sacralidad de los divinos misterios. Se la persigue o minusvalora porque su sola celebración es una denuncia profética muda de la descomposición litúrgica post-conciliar. Charlier, antes de su conversión, dijo que el canto gregoriano le “revelaba cosas que no eran de la tierra y que ninguna otra música humana alcanzaba a decirme aún cuando fuese una música genial". La belleza sacra posee un atractivo que puede dar lugar a numerosas conversiones.
No se puede negar que también cabe la instrumentalización del Usus antiquior. Hay grupos políticos marginales que pueden hacer del Rito Gregoriano un punto más de su proyecto político procurando que las celebraciones litúrgicas sean un instrumento para ser conocidos por la opinión pública. Por una parte, es verdad que los muchachos que se rapan la cabeza y hacen el saludo romano, deben ser evangelizados, como toda la humanidad, pues la Redención es universal. También para ellos, la asistencia a una celebración litúrgica puede ser ocasión de conversión. Por otra, no es menos cierto que pueden utilizar la liturgia como símbolo político o hecho publicitario para alcanzar notoriedad en los medios de comunicación. 
Los sacerdotes tradicionales deben ser conscientes de este peligro y obrar con delicada prudencia pastoral. No deben ceder ante la dictadura de la corrección política, que niega justicia y misericordia a sus enemigos; pero tampoco han de dejarse instrumentalizar para fines que no son los de la Iglesia. Se impone aquí ser “astutos como serpientes y mansos como palomas" (Mt. 10,16).