Instrumentalización política de la liturgia
Los comentarios en el
debate sobre el caso Priebke y algunas entradas de otros blogs nos llevan a poner
por escrito estas reflexiones. Primero, debemos salir al cruce de un error muy
grave que se desliza en otro blog. En efecto, debe quedar claro que matar directamente a un inocente es siempre un
acto malo. La orden de un superior militar de matar a un inocente no debe obedecerse.
Si se obedeció, por más que haya circunstancias atenuantes, hay materia necesaria
para la confesión sacramental. El confesor juzgará las circunstancias del caso.
De poco vale en este plano argumentar con que las leyes de la guerra no consideraban
delictiva la conducta, el mandato directo de Hitler, la prescripción, etc. Todo
ello se puede discutir en un juicio penal pero no cambia el criterio moral objetivo.
En cuanto a las
exequias, no hay críticas para el Vicariato de Roma, ya que según la información
que tenemos ahora, ofreció exequias privadas. Lo que parece correcto,
habida cuenta de los trastornos al orden público que previsiblemente produciría
una ceremonia pública. Tampoco se puede criticar a la FSSPX por ofrecer
exequias privadas y explicarlas en un comunicado bien fundamentado. Tal
vez hubo ingenuidad en apreciar las motivaciones reales del abogado que solicitó
las exequias.
La denegación de
sepultura no es un acto que realice la Iglesia, sino los estados. Repetimos
que es una notoria injusticia que va contra el derecho natural. ¿Por qué el
obispo de Roma, o su Vicario, no han levantado la voz contra esta injusticia? ¿Acaso
este silencio resulta coherente con el énfasis francisquista en la denuncia de
los “pecados sociales”? ¿Y cómo entender
que no se condene una injusticia que, además, impide una obra de misericordia
con un difunto periférico existencial? A diferencia de Benedicto XVI, el antes arzobispo
de Buenos Aires y hoy obispo de Roma, ha hecho del no chocar públicamente con la corrección política una constante de su actuación pastoral. De esto, los
argentinos conocemos ejemplos de sobra.
Bergoglio, en una de sus
entrevistas, considera preocupante el peligro de ideologización e
instrumentalización del Vetus Ordo. El
peligro existe, sea remoto o próximo, porque los seres humanos podemos instrumentalizar
las cosas más santas. Pero también cabe una ideologización e instrumentalización
del Novus Ordo. La ideologización es
un hecho constatable incluso en elementos aprobados para el uso litúrgico: pasajes
de la Escritura deliberadamente mal traducidos por sesgo ideológico (v.“Biblia
Latinoamericana” y sus notas); cancioneros litúrgicos politizados; misales para
los fieles aderezados con introducciones y notas heréticas, liberacionistas,
marxistoides (v. “Misal de la comunidad” de Burgaleta, Floristán
et al), etc. Además, también cabe la
instrumentalización de las celebraciones litúrgicas Novus Ordo, con la propaganda de grupos
políticos de diverso signo.
| El obispo Angelelli celebra Misa Novus Ordo para montoneros argentinos. |
La liturgia en el Usus antiquior es buena en sí misma. Lo
menos que podemos decir de ella es que -en nuestra opinión- supera por mucho a
la reformada en su capacidad objetiva para expresar la lex orandi y la sacralidad de los divinos misterios. Se la persigue
o minusvalora porque su sola celebración es una denuncia profética muda de la
descomposición litúrgica post-conciliar. Charlier, antes de su conversión, dijo
que el canto gregoriano le “revelaba cosas que no eran de la tierra y que ninguna
otra música humana alcanzaba a decirme aún cuando fuese una música genial".
La belleza sacra posee un atractivo que puede dar lugar a numerosas
conversiones.
No se puede negar que también
cabe la instrumentalización del Usus
antiquior. Hay grupos políticos marginales que pueden hacer del Rito
Gregoriano un punto más de su proyecto político procurando que las celebraciones
litúrgicas sean un instrumento para ser conocidos por la opinión pública.
Por una parte, es verdad que los muchachos que se rapan la cabeza y hacen el
saludo romano, deben ser evangelizados, como toda la humanidad, pues la Redención
es universal. También para ellos, la asistencia a una celebración litúrgica
puede ser ocasión de conversión. Por otra, no es menos cierto que pueden utilizar
la liturgia como símbolo político o hecho publicitario para alcanzar
notoriedad en los medios de comunicación.
Los sacerdotes tradicionales deben ser conscientes de este peligro
y obrar con delicada prudencia pastoral. No deben ceder ante la dictadura de la
corrección política, que niega justicia y misericordia a sus enemigos; pero tampoco
han de dejarse instrumentalizar para fines que no son los de la
Iglesia. Se impone aquí ser “astutos
como serpientes y mansos como palomas" (Mt. 10,16).
