– Por Jordan B. Genta
La Nación es
normalmente el medio natural donde se levanta y se constituye una soberanía
política; donde los hombres alcanzan la suficiencia de la vida temporal en el
Bien Común; donde despliegan su temporalidad trascendente y participan en una
empresa de destino histórico. La Nación que es la Patria vista en la continuidad
de las generaciones comprometidas en una responsabilidad común, viene después de
Dios en la jerarquía de los valores y en el amor de los hombres arraigados en
una misma tierra histórica.
Cuando la Nación está enferma, declinante,
sometida, entregada; cuando está en peligro de sucumbir, la reacción nacionalista es un
deber perentorio e inexcusable. Su finalidad es restablecer a la Nación
refirmándola en los principios que le dieron el ser; recuperar el Señorío sobre
todo lo propio y devolverla al imperio de la virtud, del bienestar y de la
grandeza.
He aquí el significado real y la verdadera
justificación del Nacionalismo. No hay otra política admisible en la hora del
peligro nacional. Es la creación espontanea del amor a la Patria y de la vergüenza;
se traduce en una política de la Verdad, del Sacrificio y de la Jerarquía.
La Verdad exige el lenguaje de la definición; le repugna
la adulación y la demagogia.
El Sacrificio que es el amor en su extremo, exige dar la
vida para hacer la Verdad.
La Jerarquía, “esa escala de nobles designios” exige
restablecer el orden de la Verdad en las almas y en las instituciones.
El Nacionalismo se corrompe y se extravía
cuando sufre la influencia de las ideologías que propagan los enemigos y
renegados del género humano: los señores del dinero y los empresarios de la
Subversión Comunista…
La educación pública en todos sus grados y la
propaganda masiva de los medios de difusión van conformando la mentalidad de la
población según las ideologías en boga. Las gentes vulgares e ilustradas se
habitúan a discutir sobre lo que acontece en el ámbito social y político, por
medio de esquemas mentales, arbitrarios y artificiosos, sectarios y
tendenciosos. El discurso desarraigado de la esencia y del fin objetivos, no
procede según la identidad, sino según una lógica de la apariencia, dialéctica
y contradictoria. En la actualidad, lo mismo en la calle que en nuestros
ambientes universitarios y hasta en la Iglesia de Cristo prevalece esa
mentalidad ideológica. No se argumenta con ideas reales y
verdaderas donde transparece la esencia y el fin de lo que existe, sino con
esquemas mentales prefabricados o seudoconceptos que no son más que
mitificaciones ideológicas…
La infiltración de las mismas ideologías en
la Iglesia de Cristo, a través del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer
Mundo, también la compromete en la Guerra y en los objetivos del Comunismo ateo,
un Poder Mundial que impulsa, dirige y absorbe toda forma de protesta o de
rebelión que se deja contaminar por la ideología marxista- leninista...
Sin la Fe de
Cristo y sin el reconocimiento de que existe la Divina Providencia, el
Nacionalismo sucumbe ante las corrientes de la Historia y colabora con la
Subversión marxista.
Si queremos liberar a la Patria en Cristo y
nuestra política es el Nacionalismo Cristiano, debemos comenzar por
nuestra libertad interior, renovando los afectos, bienes y poderes en Cristo
Crucificado.
Desprendidos del propio yo y de todo lo que
poseemos, amaremos la Patria y al prójimo con un amor trascendente, despojados
de todo carácter posesivo y que no busca nada suyo. Amaremos como Cristo nos
amó, con una disponibilidad sin reservas para el servicio y con un espíritu de
sacrificio que todo lo da sin esperar nada.
Tan solo así, investidos por las fuerzas de
Dios, potenciados por la Gracia de las virtudes y dones sobrenaturales,
venceremos al mundo como lo venció Cristo. No tendremos en cuenta el éxito,
sino el testimonio de la Verdad y el ejemplo de los hacedores de la Verdad.
JORDAN BRUNO GENTA – “El
Nacionalismo Argentino” Ed.Cultura Argentina S.A. 1972
Nacionalismo Católico San Juan Bautista
