A instancias de nuestro comentarista Ernesto, publicamos el siguiente artículo de la revista “Más allá”,
aparecido en 1993 sobre este interesante tema. Sin respaldar nada de lo
dicho en un tema del que desconozco muchas cosas, lo publico para
ilustración de los lectores, que quizás sabrán apreciarlo en sus justos
términos.
Ya que no se reflejan los resaltados tipográficos del original, me
permito hacerlo yo mismo, en lo que creo son sus principales conceptos

Las tendencias de esta literatura abarcan diferentes espectros. Por ejemplo, el libro “Red fog over Amenca” (“Niebla roja sobre América”) de William Guy Carr, autor canadiense, es un verdadero clásico contemporáneo antiiluminista.
Su mensaje, sin embargo, no es nuevo. Carr se basa en una lectura “asidua” de los controvertidos “Protocolos de los Sabios de Sión”, que se cita con profusión. Su libro comienza con lexicografía.
Carr habla de los Illuminati, miembros de logias del Gran Oriente que han sido iniciados en la Orden y secta del mismo nombre. Su número forma un pequeño círculo, pero muy poderoso, que incluye en banqueros de ideología mundialista, industriales, científicos, líderes militares y políticos, educadores, economistas, etc. Se trata de hombres que han aceptado un plan luciférico sobre el relanzamiento de la Creación, en oposición a la del Dios Todopoderoso. En consecuencia, alaban a Lucifer y a su mandatario Weishaupt. No reconocen otra autoridad mortal salvo la de su jefe.
Sólo después de esto llevarán a cabo el final planificado de todos sus propósitos: alzar y coronar a su líder, el rey-déspota de todo el mundo, e imponer la dictadura luciferiana mediante el despotismo satánico.
Con el nombre de “Iluminismo” se contemplan los ritos especiales descritos por el profesor Adam Weishaupt, de Francfort (Alemania), inspirado por aquéllos que en 1773 se constituyeron como los Altos Sacerdotes del Satanismo. El “rito” de los Iluminados fue introducido en la Gran Logia de Baviera tres años más tarde, en 1776, como un paso preliminar a la infiltración de las logias del Gran Oriente de la masonería francesa con motivo de facilitar los planes favorables al desencadenamiento de la Revolución Francesa, que finalmente terminaría estallando en el año 1789. Asimismo, una versión moderna de Misa Negra fue introducida por el general Albert Pike en 1871 entre los Iluminados.
Aparte de sus indagaciones, Carr cita otro libro famosísimo de este género, concretamente el de Nesta Webster sobre “Secret Societies and Subversive Movements” (“Sociedades Secretas y Movimientos Subversivos”).
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Además del profesor Adam Weishaupt, Carr cita como iluministas al general Pike, al fundador del psicoanálisis Freud, al físico y matemático Einstein y a docenas de otros personajes. Todos ellos, siempre según Carr, han llegado a afirmar en algún momento que fueron “inspirados satánicamente”, si bien algunos emplean el eufemismo “demónico” por el de “satánico”, que para Carr es lo mismo.
Mucha es la tinta vertida sobre esta oscura página de la historia de la “guerra oculta”, y sobre todo después de que el gobierno de Baviera diera a conocer “Los escritos originales (protocolos) de la Orden y Secta de los Illuminati”, editado en 1786.
Pero sepamos algo más de la vida del enigmático Weishaupt. Se ha dicho de él que fue sacerdote, concretamente jesuita y que fue expulsado por sus actividades heterodoxas y encubiertas. Era un hombre de una capacidad intelectual extraordinaria. Obtuvo el doctorado en ley canónica; enseñaba en la Universidad de lngolstadt en la segunda mitad del siglo XVIII. Los Rothschild poseían una gran influencia sobre Weishaupt, a quienes éste les estaba sometido. Con el tiempo, no sólo dejó el sacerdocio, sino que abandonó su propia religión cristiana, convencido como estaba de que el plan de Dios para la creación era tan débil como impracticable. De ahí que cambiara de bando. Aceptó el plan luciferino, el cual se basaba en el establecimiento de un nuevo tipo de dictadura totalitaria luciférica, que había tomado o que tomaría la forma de un Despotismo Satánico.
Desde este punto de vista, el concepto moderno de Iluminismo todopoderoso representa, como es lógico, una versión actual de la reacción herética en el seno de toda una cadena de movimientos heterodoxos desafiantes del orden establecido. Así, en este orden de ideas, no es extraño ver cómo muchos autores establecen una relación de semejanza y herencia entre el Gnosticismo y el Catarismo, los franciscanos radicales, las sectas protestantes más puras y duras de la época de Lutero, los francmasones, los revolucionarios burgueses clásicos y los movimientos revolucionarios del siglo XX.
Una relación así puede parecer exagerada; sin embargo, sus variadas corrientes poseen algunos puntos en común, como la predicción de cambios apocalípticos en la sociedad, una voluntad de rechazo del mundo existente y la liberación humana por “vías místicas”. Tanto el pensamiento hegeliano como el marxismo compartían muchos aspectos de estos movimientos. Por ejemplo, en ese sentido se podría argüir que de Joaquín de Fiore, filósofo franciscano radical del siglo XII, Hegel se había apropiado del concepto “fin de la historia” (de la “Edad del Espíritu Santo”).
En cuanto a Marx, que define la estructura triple de la historia (feudalismo/capitalismo/socialismo), podría decirse igualmente que en sus líneas maestras, en el marxismo clásico, en su aspecto más “alemán”, en los libros de Federico Engels, Carlos Kautsky o Francisco Mehring, se encuentran las huellas del protestantismo ligado al espíritu de su reforma, a la rebelión campesina y la revolución burguesa.
El análisis abiertamente “místico” de la política moderna que visualiza una conspiración internacional revolucionaria de francmasones, judíos e iluminados, entra en vigor histórico en el período inmediatamente después de la Revolución Francesa. Los poderes católicos –Roma, la restauración monárquica, los Borbones españoles y los Habsburgos– han visto en esa revolución un desastre sin par, en el que sin duda se martirizaba a la Iglesia, a través del asesinato de sus miembros, mediante la expropiación de sus propiedades, y por el combate directo de sus dogmas y doctrinas. Y era natural que estos poderes afectados acabaran buscando una explicación más allá, en la propia “obra de Lucifer”.
En cuanto a los movimientos revolucionarios –burgueses primero, y después socialistas– estaba claro que éstos apoyaban tales conceptos debido a sus acciones, no cesando, en lo ideológico, y sobre todo antes del fin del siglo, de adoptar las tradiciones heréticas y secretas. La burguesía inglesa impulsaba la masonería con deseo específico de emular a las sectas puritanas radicales del período clásico del protestantismo, y antes de ellos, a los movimientos puramente “místicos”. Luego, la burguesía radical del continente europeo tomó prestada esta actitud. Con el inicio en la década de los años 1820-1830, el nacionalismo italiano radical, el Carbonarismo, mostraba matices masónicos en su organización, que luchaba igualmente contra el Vaticano y contra las élites aristócratas católicas.
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Los miembros de su organización comenzaron a llamarse “Perfectibilistas” y acabaron estructurándose como una sociedad “contrajesuítica”. Como ya hemos repetido, fue a partir del 1778 que se pusieron en contacto con las logias masónicas clásicas. Sus activos nunca pasaron de los dos mil miembros. Ejercían influencia sobre escritores alemanes como Goethe, Herder o Freiherr Adolf F. F. Knigge (1752-1796), autor de doce tomos de Escritos, y uno de sus acólitos de mayor fama. La “Enciclopedia Británica” comenta que representaba un “despotismo benevolente como vehículo de iluminación, como demuestra Goethe en Wilhelm Meister”. La Sociedad fue prohibida por las autoridades católicas de Baviera en 1785. La figura de Weishaupt aparece también citada en el transcurso de una comunicación “descubierta” entre el general rebelde confederado norteamericano (pero asimismo anti-esclavista curiosamente) llamado Albert S. Pike, autor del manual constitucional Moral y Dogma, y reformulador de la masonería en
Ataques al Iluminismo se difundieron a mediados del siglo pasado; una tendencia que luego resucitaría durante los años 1900-1907, después de que el caso del judío Dreyfuss convulsionara a Francia entera con un escandaloso caso de espionaje. De nuevo, los círculos católicos se sintieron tocados y se movilizaron en contra del “poder judío” en Francia, y, sobre todo, reaccionando frente a la nueva expulsión de los jesuitas en Francia, en 1905.
En aquella segunda mitad del siglo XIX –y es cosa que nadie en el mundo puede negar– la masonería ganó una posición todopoderosa en los círculos laicos radicales socialistas franceses. El año de la acción francesa en contra de la Compañía de Jesús (1905) “coincidió”, por otra parte, con el de la Primera Revolución rusa, en que los poderes tradicionalistas de la ortodoxia se enfrentaban a una alianza de burgueses reformistas, revolucionarios proletarios y judíos perseguidos.
Huellas de los Iluminados se han descubierto también en la gestación de la independencia norteamericana y en muchos otros movimientos de la era contemporánea… En conclusión, hay que enfatizar sobre la fuerza de atracción que todavía hoy generan los Iluminados de Baviera. Pero su verdadera historia está todavía por escribirse…