Retrato íntimo del diplomático que paró los pies a Washington, Serguéi Lavrov
Martes 08 de Octubre de 2013 00:00
“La
diplomacia no solo se mide por los logros alcanzados, sino también por
los problemas que se consiguen evitar a través de ella”, declaró en su
día el que fue ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Abba Eban,
convertido en leyenda de la diplomacia mundial.
De todos
es sabido que cualquier resultado obtenido suele ser objeto de
diferentes valoraciones —a menudo radicalmente opuestas— de los colegas,
socios, rivales y, finalmente, de los sucesores.
¿Qué le
queda entonces a un diplomático de profesión? Una de las respuestas
posibles a esta pregunta la he encontrado, por extraño que pueda
parecer, en los versos del propio Lavrov: “Caminar con tesón hacia la
meta”.
En 1992,
nombran a Lavrov viceministro de Asuntos Exteriores (entonces el cargo
de ministro lo ostentaba Andréi Koziriov) y, dos años después, es
enviado a Nueva York en calidad de embajador de la Federación de Rusia
ante la ONU. En ese momento comienza un importante periodo de su
carrera.
La poesía
es una de las aficiones del ministro, que comenzó a escribir poemas
cuando aún era estudiante. Entre los libros preferidos de Lavrov se
encuentran la novela del escritor norteamericano J. D. Salinger, El guardián entre el centeno, y la novela rusa El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov.
Sus
amigos lo consideran el alma de la fiesta: le gusta cantar, tocar la
guitarra y bebe whisky. A diferencia de muchos representantes de la
élite rusa, Lavrov no pasa sus vacaciones en países exóticos, sino que
descansa en los impetuosos ríos del país eslavo.
Le gusta el rafting,
el fútbol, el ski alpino y la pesca submarina; se dice también que
colecciona armas blancas. Además ostenta el cargo de presidente de la
Federación rusa de piragüismo en eslalon.
“Serguéi
Víctorovich es un verdadero deportista y, aunque no se puede decir que
sufra de falta de apetito, siempre está en forma, siempre elegante.
Probablemente su pasatiempo favorito —cortar leña— tenga algo que ver en
esto. Incluso en Nueva York, en la residencia del embajador, los
jardineros dejaron a petición suya varios leños sin cortar”, asegura en
una entrevista su compañero, el periodista y exagente de los servicios
de inteligencia, Yuri Kobaladze.
Lavrov no
solo ha cortado leña en los Estados Unidos, sino que también ha tenido
que romper alguna que otra lanza en el Consejo de Seguridad de la ONU,
donde ha ejercido como representante permanente tantos años como de
ministro.
¿Presentía Lavrov su larga presencia en la escena diplomática internacional?
Es poco
probable, pues en el gobierno ruso, hasta ahora, las decisiones sobre el
personal solo han podido ser anticipadas por quienes las toman. En
2006, fui testigo de una conversación sobre los acontecimientos del año
venidero; Lavrov comentó entonces con ironía: “Si aún sigo aquí…”.
¿Cuál ha sido su recorrido?
En la
biografía oficial de Lavrov consta que nació en 1950 y es de
nacionalidad rusa. El mismo Lavrov, cuyo padre era un armenio de
Tbilisi, se sinceró en un encuentro celebrado con estudiantes armenios
en 2005: “En realidad tengo raíces georgianas, pues mi padre era de
Tbilisi, pero mi sangre es armenia”.
Después
de la escuela secundaria, Lavrov se matriculó en la MGIMO (Instituto
Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú), donde estudió en el
departamento de estudios orientales de esta facultad de Relaciones
Internacionales. Además de la lengua cingalesa, que adquirió gracias a
su área de especialización, Lavrov aprendió también inglés y francés.
Después de su graduación en 1972, pasó un periodo de prácticas en la
embajada de la URSS en Sri Lanka.
A partir
de aquí, siguió la carrera diplomática habitual: de 1976 a 1981 trabajó
en el Directorado de Organizaciones Internacionales del Ministerio de
Asuntos Exteriores de la URSS; entre 1981 y 1988, ejerció como primer
secretario, asesor y asesor principal en la Representación permanente de
la URSS en la ONU; de 1988 a 1990, fue vicedirector del Directorado de
Relaciones Económicas Internacionales del Ministerio de Asuntos
Exteriores de Rusia; entre 1990 y 1992, fue director del Departamento de
Organizaciones Internacionales y Problemas Globales del MAE ruso.
Durante
los años que trabaja en el Consejo de Seguridad de la ONU, Lavrov conoce
al detalle los principales problemas de la arena internacional:
participa en reuniones sobre los conflictos de Yugoslavia, Irak, Oriente
Próximo o Afganistán, así como sobre la lucha contra el terrorismo. En
diciembre de 1995 —tras la retirada de Koziriov—, se habla por primera
vez de la posibilidad de nombrar ministro a Lavrov. Pero el cargo lo
ocupó entonces Yevgueni Primakov, quien en 1998 fue sustituido por Ígor
Ivanov. El turno de Lavrov no llega hasta 2004.
Durante
todos esos años, Lavrov participó en la resolución de numerosos
problemas. Tuvo que lidiar con los norteamericanos en cuestiones
relativas a la defensa antimisiles y a la democracia en Rusia; firmar
acuerdos adicionales sobre la frontera más extensa del mundo, entre
China y Rusia; discutir con Japón la firma de un acuerdo de paz en un
intento de poner fin a la disputa territorial entre ambos países;
encargarse del ‘dosier nuclear’ iraní; justificar ante el mundo la
operación militar rusa contra Georgia, que amenazaba con convertirse en
un verdadero conflicto con los Estados Unidos; y negociar el proceso de
regularización del Cáucaso. Por otro lado, naturalmente, ha tratado de
fortalecer la posición de Rusia en Oriente Próximo, misión que se ha
complicado a causa de las revoluciones árabes y de los conflictos
armados en Libia y Siria.
Lavrov es conocido por su carácter decidido. Así, por ejemplo, en 2008 el periódico The Daily Telegraph
afirmó que el diplomático se había enfadado durante una conversación
telefónica que mantuvo con su colega británico, David Miliband. Al
parecer, entre las frases pronunciadas por el diplomático ruso costó
encontrar una susceptible de ser publicada.
Algunas
personalidades llaman Lavrov el ‘ministro No’, y las anteriores
secretarias de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton y
Condoleezza Rice, han reconocido que, en más de una ocasión, el ministro
ruso las ha sacado de sus casillas.
No cuesta
adivinar que las discrepancias con EE UU ocupan el primer puesto entre
las reflexiones del ministro, igual que lo ocupan en los documentos de
política exterior rusa. Por cierto, en una ocasión, Lavrov comparó con
el baile las relaciones con Estados Unidos: “El vals, por definición,
consiste en caminar en círculos, así que no describe la situación
actual. El tango... bueno, el tango también implica hay algún que otro
movimiento brusco. […] El twist ya lo hemos bailado. […] Y así vamos...
dos pasos adelante y uno hacia atrás. La tendencia es absolutamente
positiva”. Qué decir, diplomático y con sentido del humor.
Lavrov
nunca va a contradecir la política oficial de Rusia. “Por muy admirable
que sea el ministro Lavrov, no deja de ser un ministro, es decir, una
persona que se expresa en la línea general del gobierno; y esta línea no
es posible sin la aprobación del jefe del Estado. Lavrov es un hombre
de equipo, representa el enfoque general”, aclara en una conversación
conmigo el investigador invitado del Centro de Estudios Estratégicos e
Internacionales de Washington, Serguéi Markedónov.
“Rusia se
sostiene sobre lo que queda del sistema Yalta-Potsdam de relaciones
internacionales y apoya exactamente esta vertiente del derecho
internacional porque, como sucesora de la URSS, ha heredado ese sistema.
Rusia percibe la soberanía nacional como la base de este derecho y sus
intereses comienzan por evitar que se efectúen intervenciones
unilaterales sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, donde
Moscú tiene derecho a veto. Y Lavrov persigue esta línea política de
una manera consecuente y rigurosa”, señala el experto. En su opinión,
independientemente de las relaciones que mantengan con Rusia unos u
otros círculos, en la arena internacional a Lavrov se le considera un
profesional.
