Santa Teresa de Avila
Una anécdota:
A los siete años, tenía una gran predilección por leer la vida de los
santos con su hermano Rodrigo, que era casi de su misma edad. Las dos
tiernas mentes, impresionadas por las cosas que leían, repetían
incansablemente:
Un
día, Teresa y su hermano llegan a la conclusión que los mártires habían
obtenido la gloria a un precio demasiado bajo y deciden escapar de casa
con el objetivo de ser asesinados por los moros y así morir por la fe.
La aventura duró poco pues, en Ardaja, se toparon con un tío que los devolvió a su familia.
Una de las características de esta gran mística fue su gran determinación, que trasparece en los versos que trascribimos
“Todos los que militáis debajo desta bandera, ya no durmáis, ya no durmáis, pues que no hay paz en la tierra.
“Con grande contentamiento se ofrece a morir en cruz, por darnos a
todos luz con su grande sufrimiento. ¡Oh glorioso vencimiento! ¡Oh
dichosa aquesta guerra! Ya no durmáis, ya no durmáis, pues Dios falta de
la tierra.
“No haya ningún cobarde, aventuremos la vida, que no hay quien mejor
la guarde que el que la da por perdida. Pues Jesús es nuestra guía, y el
premio de aquesta guerra; ya no durmáis, ya no durmáis, porque no hay
paz en la tierra.
“Ofrezcámonos de veras a morir por Cristo todas. Y en las celestiales
bodas estaremos placenteras; sigamos estas banderas, pues Cristo va en
delantera, no hay que temer, no durmáis, porque no hay paz en la
tierra”.
