Desde que falleciera
el máximo líder de la revolución bolivariana, Hugo Chávez, Venezuela se halla sumida en una profunda crisis de
liderazgo que se proyecta sobre la economía, la vida política e incluso sobre
un cuerpo social cada vez más dividido y polarizado. La falta de carisma del presidente venezolano, Nicolás Maduro,
junto con un sinfín de errores cometidos por el sucesor que darían para un
ensayo más prolijo, ha sido suplido por un permanente estado de guerra. El
lenguaje utilizado por Maduro en sus
discursos es absolutamente belicoso y agresivo, habiendo creado un clima en el
país nada proclive al diálogo y a la resolución de los problemas y conflictos
por la vía pacífica.
En
la permanente búsqueda de un enemigo exterior, supuestamente aliado de la
"burguesía parásita" del interior, el régimen tan solo trata de
legitimar sus torpes acciones y ocultar una realidad social y económica que
cada día que pasa es más calamitosa. El descontento se
hace creciente en la ciudadanía, hastiada del desabastecimiento alimenticio, el
alza de la inflación -con la consiguiente caída en el poder adquisitivo-, el
azote de la criminalidad y la inseguridad, los cortes en los servicios básicos
y el creciente caos económico. La inflación ya llega al 50% este año, los
precios de los productos alimenticios están por las nubes y el dólar en el
mercado negro se paga seis veces más que en la cotización oficial, fijada a
6,30 bolívares por cada unidad de divisa norteamericana.
Como señala la
analista Marianella Salazar en su
blog: "Se siente en el ambiente, en los mercados, en las colas para
agarrar un carrito o pagar en un supermercado... en cualquier medio de
transporte masivo, todo el mundo habla de lo mismo: de la incompetencia, del
caos, del desastre de la economía, de la inflación, del colapso en el país. La
gente tiene la convicción de que esta situación es insostenible y no puede
continuar como está, que algo va a pasar y es inminente".
El clima político
tampoco está mejor. Maduro incluso
estudia aprobar una Ley Habilitante que le daría plenos poderes y evitaría que
el país cayese en manos de los "enemigos de la patria" y el
"imperio", en una clara referencia a los Estados Unidos. Fruto de
esta estrategia delirante y del ambiente de confabulación que vive (padece) el
país, tres diplomáticos norteamericanos fueron expulsados recientemente de
Venezuela y el régimen volvió a acusar a los "gringos" de estar
detrás de la "guerra económica" (¿?) que vive la nación.
Desde hace unos días
varios programas de Telesur acusan a los Estados Unidos, con la ayuda de la
oposición local, claro, de tratar de hacer con Venezuela lo mismo que hizo,
supuestamente, la CIA con el Chile de Allende,
es decir, socavar su economía para provocar la inestabilidad política y social
y el consiguiente golpe de Estado. La tesis, demasiado manida y caduca tras el
fin de la Guerra Fría, sigue sirviendo al régimen poschavista para amordazar a
la oposición, perseguir a la prensa libre, endurecer el acoso a toda forma de
disidencia y señalar como "apátridas" y "traidores" a todos
aquellos que no comulgan con los ideales del sainete bolivariano. Por lo
pronto, el canal de televisión independiente Globovisión ya ha caído en manos chavistas
y ha dado un giro radical en favor de las proclamas oficialistas.
CLIMA
DE POLARIZACIÓN POLÍTICA CRECIENTE
Como en la Alemania
de Hitler, Maduro parece repetir el mismo esquema político y el mundo se
divide entre "amigos" y "enemigos", no hay tierra de nadie
ni posiciones neutrales. Quien no está
con el régimen está contra el poder instituido y oficialmente reconocido.
No hay otra posibilidad, fuera del sistema no hay vida y solo la condena al
ostracismo a quien disiente de la verdad inspirada por el poder. De esta forma,
el mismo ejército ha sido forzado a tener que elegir y abandonar el papel de
árbitro ajeno a los devaneos político, tal como ocurre en cualquier país del
mundo democrático.
A este clima de
creciente polarización política e incluso tensión, todo ello fomentado desde el
gobierno y más concretamente por el máximo líder, se le viene a unir la
permanente señalización desde el poder a los dirigentes de la oposición, que
son presentados como unos meros traidores y agentes al servicio del
"imperio". Cuando quedan apenas dos meses para que se celebren las
elecciones locales, en las que la sombra del fraude electoral y el claro
ventajismo del régimen en los medios gravitan sobre el proceso, el poder se
prepara para "machacar" a la oposición y consolidar su poder omnímodo
en todo el país.
La opositora Mesa de
la Unidad Democrática (MUD) ya está en plena campaña y espera obtener unos
buenos resultados. Los sondeos por ahora les sonríen, pero al igual que ocurrió
en las elecciones presidenciales celebradas tras la muerte de Chávez, se cree que el régimen puede
alterar los resultados a su favor y que finalmente se produzca el mismo
escenario que en esos comicios, donde supuestamente le fue arrebatada la
victoria al líder opositor Henrique
Capriles.
No olvidemos que en
Venezuela ha desaparecido cualquier rastro de la institucionalidad democrática
y que ya no existe, ni siquiera formalmente, la separación de poderes. La
democracia venezolana ha muerto. Los chavistas copan todas las instituciones y
ni siquiera el poder electoral, cuyo máxima autoridad es el Consejo Nacional
Electoral, es independiente y no aceptó un recuento con plenas garantías en las
últimas elecciones presidenciales, tal como demandaba la oposición.
RUMORES
DE GOLPE DE ESTADO
A este clima de
incertidumbre y crispación política, se le han venido a unir los rumores de un
posible golpe de Estado auspiciado por círculos militares descontentos con la
actual situación que pasa el país, sobre todo debido a la entrega a los
servicios secretos cubanos de parcelas de poder en el área de inteligencia.
Según informaba la revista colombiana Semana, en una edición reciente, el presidente del legislativo venezolano,
Diosdado Cabello, sería el líder de la supuesta conspiración, y la reciente
cancelación del viaje de Maduro a la
Asamblea General de las Naciones Unidas tendría mucho que ver con la
desconfianza que le profesa el máximo líder. La amenaza del golpe de Estado
estaría supuestamente detrás de esa precipitada y nunca explicada cancelación
de la visita a Nueva York.
"Diosdado Cabello puede sacar a Maduro prácticamente cuando quiera, él
tiene el poder militar y económico y tiene ganas. Por alguna razón que todavía
no hemos logrado definir él también está esperando el momento para dar el
golpe. Hay un sector de la oposición que le tiene más miedo a Cabello que a Maduro", señalaba el general
venezolano en retiro Carlos Peñaloza a la revista Semana en el reportaje ya
citado.
Como guinda final
para completar este cuadro complejo e incluso crítico, se le viene a unir el
clima de inseguridad y criminalidad. Caracas se ha convertido, junto con Kabul,
Bagdad y San Pedro de Sula, en una de las ciudades más peligrosas del mundo.
Más de 20.000 personas son asesinadas al año en el país y se calcula que en los
catorce largos años del chavismo han muerto más de 200.000 personas debido a la criminalidad. Los fines
de semana las morgues de este país rebosan de cadáveres sin identificar, la
cruda realidad de un país que se desangra sin que nadie ni nada ponga coto a
esta sangría. Venezuela sigue a la
espera de la aurora que devora a los monstruos del pasado.











