La hormona del valor agregado
Por Nicolás Márquez
En esta etapa de incipiente pero acelerada transición del kirchnerismo
hacia nuevas formas políticas, tres son los personajes que antes de las
PASO estuvieron amagando y/o amenazando con dar el gran salto para
liquidar al kirchnerismo y seguidamente sucederlo en el poder. Estos han
sido Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa.
Los tres tienen en común, entre otras cosas, ofrecer el perfil del
hombre exitoso e innovador, con sentido práctico e impronta empresarial,
que nos ofrece “buena onda”, no responde agravios, destila optimismo y
en una de esas, hasta se anima a sugerir o insinuar un poquitito de
libre mercado.
En efecto, ninguno de estos tres referentes posee ni por asomo un
Physique du role asimilable al del insurgente latinoamericanista que
agita su soflama antiimperialista en las aldeas proletarias al compás de
las inconformistas canciones de César Isella. Al contrario, el trío de
marras se acerca mucho mas al estilo del político “moderno”, siempre
bien acicalado, con porte deportivo, siempre acompañado de una esposa
bonita y que intenta amalgamar cierto touch farandulero con barniz
“eficientista”. Justamente, ninguno de los nombrados se interesa por
interpretar las elucubraciones académicas del divagador Ricardo Forster,
nadie se preocupa por saber cuál es la última obra de Eduardo Galeano y
probablemente, ninguno oyó tampoco hablar jamás acerca de un pedagogo
gramsciano llamado Pablo Freire.
Tanto Massa como Scioli ostentan en su currículum el negrísimo manchón
de haber participado en calidad de oficialistas en diferentes cargos
públicos de alto rango en la actual administración nacional (Scioli
conserva esa indecorosa pertenencia) y en cuanto a Macri, si bien a éste
debe reconocérsele el haber sido relativamente opositor desde el
comienzo mismo del kirchnerismo, su conocida pusilanimidad ideológica y
su espíritu concesivo lo fue relegando poco a poco al desteñido papel
de un inocuo opositor de plastilina, pero de plastilina color gris.
Las decisiones que no fueron
Scioli tuvo no pocas chances, ocasiones y justificaciones como para al
fin “cortarse solo”, destetarse del poder central (que tanto lo ha
basureado) y definitivamente perfilarse como un candidato
“diferenciador” o superador del kirchnerismo. Pero para eso, Scioli
tenía que abandonar su consabida militancia felpudista y bancarse las
consecuencias y ataques naturales que le caerían en plañidero desde el
seno del cristinismo. Pero el condescendiente motonauta nunca se animó a
dar ese paso. Incluso, en las horas previas al cierre de listas para
las primarias, es sabido que el Gobernador apagó su celular huyendo de
toda negociación que lo tentara a dar el salto que algunos esperaban. En
suma, una vez más, Scioli se resignó a obrar como una marioneta
digitada por un gobierno que no se cansa de destratarlo no sin el
consentimiento del propio destratado.
Respecto a Macri, un año atrás un Diputado del PRO con agallas (toda una
rareza en ese partido) me confió que se reunió con Mauricio junto con
otros colaboradores y hombres de confianza del Intendente porteño, a fin
de convencerlo de la idea de que éste debía renunciar a la alcaldía
delegando dicha Jefatura en María Eugenia Vidal, y de esta manera
lanzarse como primer candidato a Diputado Nacional del PRO por la
provincia de Buenos Aires. Se trataba de una apuesta arriesgada en la
que Macri debía apostar el todo por el todo, recorrer la extensa
jurisdicción bonaerense de par en par, mojarle la oreja al kirchnerismo
en su propio terreno y jugarse a suerte y verdad. Luego, si Macri ganaba
esta partida, tamaño galardón lo habría consagrado como el heredero
natural del Sillón de Rivadavia de cara al 2015. Pero el hijo de Franco
tampoco tuvo coraje. Se quedó en el amague. No jugó a nada en el
distrito electoral que por antonomasia hay que
ganar para pretender ocupar la Casa Rosada. Pero la reticencia a tomar
decisiones arrojadas ya es costumbre en Macri. En las elecciones del año
2007 no sólo tampoco se animó a ser candidato a Presidente sino que en
aquella ocasión traicionó y desamparó en plena campaña presidencial a su
ex socio Ricardo López Murphy (hombre intachable). En el 2011, tras
candidatearse a Presidente y ufanarse en su lenguaje académico que “no
se bajaba ni en pedo” de esa postulación, tres días después de su
compadreada renunció por orden de Durán Barba. Vale destacar que el PRO
lleva 10 años de existencia y nunca presentó un candidato presidencial. Y
en el fondo tienen razón en no haber incurrido en esa pérdida de
tiempo: no se necesita Presidente para tapar baches, regentear
bicicletas y organizar la recolección de la basura urbana.
Lo dijo hace 500 años
Aunque esa extraordinaria obra titulada El Príncipe estuviera dedicada a
Lorenzo de Medicis (1492-1519), el brillante pensador florentino
Nicolás Maquiavelo (1469- 1527) quiso presentar en ese texto el
arquetipo de cualquier político, señalando las características que según
él debe poseer todo aquel que pretenda llegar al poder y mantenerse en
él, resumiéndolo en 4 atributos delimitados:
1) Capacidad de manipular situaciones sin importar los medios
mientras se consiga sus fines.
2) El gobernante debe poseer destreza, intuición, arrojo y cierta
temeridad.
3) Debe ser hábil para el ardid: no es necesario que tenga virtudes
pero sí que las aparente.
4) Finalmente, Maquiavelo sostuvo que el político debe ser un sujeto
amoral, esto implica que el bien y el mal le sean conceptos
indiferentes.
El valor agregado
Lo expuesto no implica en absoluto adherir a los polémicos ítems que
Maquiavelo oportunamente escribió. Simplemente los citamos a modo de
referencia, para advertir que el “animal político” tiene que tener
rasgos, impulsos y apetitos de poder que debe llevar en su esencia, en
su psicología y en sus entrañas.
Luego, si damos por válido y aceptamos entonces que el perfil
marketinero de Massa es similar al de Scioli y al de Macri: ¿qué es lo
qué hizo entonces el tigrense de diferenciador como para cosechar el
éxito y la proyección política de la que actualmente goza?
Creemos que el valor agregado de Massa respecto de sus dos competidores
ha sido no otra cosa que el portar consigo la producción de una hormona
esteroide de un grupo andrógeno, la cual es encontrada en los mamíferos y
otros vertebrados. Dicha sustancia es la hormona sexual principal
masculina y constituye además un esteroide anabólico que es producido en
los testículos y se conoce con el nombre de testosterona. Traducido al
lenguaje del barrio, queremos decir que Massa sí ha tenido los huevos
suficientes como para despuntar, jugársela, arriesgarse a que le tiren
carpetazos u operaciones varias y apostar a todo o nada. Riesgo que ni
Daniel ni Mauricio se animaron a correr ni por asomo.
Lo dicho no lo hace a Massa respecto de sus pares ni más ni menos
honesto, ni mejor ni peor persona, ni tampoco lo hace más ni menos
eficiente. No queremos en esta nota emitir juicio de valor ni poner a
nadie en el podio de los cruzados, porque desde estas líneas partimos de
la base de que ninguno de los tres lo es (¡vaya novedad!).
Sí queremos señalar que mientras Scioli y Macri jugaban a la
indefinición perpetua, Massa se mandó al ruedo intrépidamente, y con ese
sólo gesto, un intendente de un pequeño municipio bonaerense descolocó a
los Gobernadores de los dos principales distritos electorales del país
sacándoles millas de ventaja.
¿Podrá Massa mantener y conservar este furor y este arrastre con el
correr del tiempo? Ello ya es harina de otro costal y el tiempo hablará
por sí. ¿Será más de lo mismo o representará un cambio algo más profundo
respecto del ominoso régimen vigente al que él perteneció? Tampoco
podemos contestar esto hoy.
Por lo pronto, es dable concluir que con el uso conveniente de la citada
hormona como valor agregado, supo ser el sepulturero del kirchnerismo y
estar en la vidriera política del año 2013, para desdicha y lamento de
sus irresolutos competidores.
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